Esta es la segunda edición del Campus FAES. Hoy inauguramos un foro en el que, durante quince días, se va a hablar de ideas y se van a formular opiniones, análisis y razonamientos sobre algunos asuntos que están en la realidad profunda de nuestro tiempo. La realidad de España, inseparable de la realidad de Europa y del mundo. Una realidad española que podría estar llena de esperanzas y de oportunidades pero que, desgraciadamente, está siendo colocada en una posición de incertidumbres, enfrentamientos y renuncias injustificadas.
La Fuerza de la Libertad
La idea central del Campus es la idea de la fuerza de la Libertad. La libertad es poderosa. La libertad es contagiosa. La libertad es creativa y multiplicadora. Pero la libertad también es frágil. La libertad necesita instituciones estables que la protejan. La libertad merece la pena ser sostenida frente a las agresiones abiertas y también frente a los juegos políticos oportunistas que, por ganar el titular de un día, dejan lesionados los ámbitos de convivencia propios de una sociedad cohesionada.
Esta fundación desarrolla siempre ideas de libertad. Libertad política, libertad económica, libertad individual. Libertad en España, en Europa y en el mundo. Ideas moderadas, reformistas y liberales que nutren e impulsan un proyecto político concreto de centro reformista que demostró que se puede gobernar durante ocho años ampliando el espacio de oportunidades y de libertad personal, sin lesionar los derechos ni los espacios de desenvolvimiento de la oposición parlamentaria, y sin poner a unos españoles en la tesitura de tener que renunciar a sus convicciones so pena de ser tildados de antidemócratas.
Esa opción política de centro, el Partido Popular, ha acreditado que, por debajo del vendaval de la propaganda sectaria, hay una fuerte corriente social que sigue deseando una España normal, democráticamente normal, libre y constitucionalmente normal. La fuerza de esa opción del centro político es muy grande. Mucho más de lo que sus rivales desearían. Y su capacidad para articular una mayoría en los próximos años depende, como ha sucedido ya en anteriores ocasiones, del mantenimiento de una voluntad constante de ser la referencia política de todos aquellos que desean políticas distintas y comportamientos diferentes a los que exhibe el partido que ahora gobierna.
En el Campus vamos a hablar de la libertad en la realidad internacional del presente. Vamos a partir de la premisa de que todo ser humano tiene derecho a la libertad protegida por un régimen democrático. No pensamos que ningún ser humano, sea cual sea su religión o su etnia, desee vivir sojuzgado bajo una dictadura. Durante muchos años las democracias occidentales han trabajado con la hipótesis de que no importaba que regiones enteras del planeta estuvieran oprimidas por tiranías teocráticas o por simples regímenes apoyados en el miedo, la violencia y la corrupción. Obras como las de Natan Sharansky –a quien mañana recibiremos en esta sala- demuestran que la aspiración a la democracia no sólo es un derecho legítimo de todas las personas, sino también una garantía para la paz y la seguridad en el mundo.
Iberoamérica
Iberoamérica ha sido la demostración de que la democracia puede funcionar, pero sólo si se apoya en un Estado de Derecho sólido que sea incompatible con la corrupción y la arbitrariedad. Si la vida pública no es limpia pronto aparece un fantasma indeseable: el del populismo y el supuesto indigenismo que hoy vemos con alarma extenderse por el continente. No hay esperanza en esas falsas alternativas. No van a liberar a nadie, ni van a mejorar la condición de nadie. Van a ser una vez más excusa y cobertura para el abuso, la tiranía y el empobrecimiento.
Europa
Europa fue la cuna de unos valores que no son exclusivos, sino universales. Europa está en una crisis evidente, o mejor dicho, padece al mismo tiempo varias crisis simultáneas.
Hay una crisis política derivada de la volubilidad bien poco responsable de unos dirigentes que cambian constantemente de dirección. Los discursos retóricamente europeístas han perdido su sentido político y se han convertido en un mantra para eludir hacer europeísmo del de verdad: europeísmo de los hechos, de las reformas y de los objetivos cumplidos. Sólo quienes siempre han creído en realidades posibles están pudiendo demostrar ahora que el liderazgo se demuestra andando. Quienes, en cambio, han olvidado la defensa de los intereses nacionales con tal de diferenciarse del gobierno anterior, han perdido el liderazgo, han perdido la capacidad de negociar y de construir coaliciones, y se han convertido en perfectamente irrelevantes
Por debajo de la crisis política del momento, Europa padece una crisis más profunda. Es una crisis de identidad. El anquilosamiento ha hecho que se pierda la noción de la genuina identidad de los europeos. Los europeos nunca hemos sido un continente resignado. Nunca hemos sido un continente que renuncia a crecer y a generar prosperidad. Europa nunca ha sentido dudas sobre si debía defenderse frente a las agresiones, ni sobre dónde estaban sus aliados. Ninguno de esos son rasgos de la identidad europea. Europa debe recuperar lo mejor de su identidad: la libertad para crear y emprender, la conciencia de la responsabilidad de cada uno sobre sí mismo, la capacidad para proteger su modo de vida y sus instituciones, la diferencia entre la ayuda a los que lo necesitan y la desaparición de los incentivos para trabajar y superarse. Reconsiderar la falsa identidad y fortalecer el verdadero europeísmo nos permitirá abandonar debates llenos de riesgos sobre contrapesos y volver a volcar nuestras energías en hacer de Europa el espacio más grande de libertad y de prosperidad en todo el mundo.
España
En este tipo de debates debería estar concentrada la España que ha llegado a estar entre las ocho potencias económicas más importantes del mundo. Sin embargo, y muy desgraciadamente, la sociedad española asiste boquiabierta a un debate sobre si existimos como Nación o no, con la inverosímil circunstancia agravante de que es el propio Presidente del Gobierno de la Nación el que muestra cada vez que puede que, en su opinión, hay varias naciones entre los Pirineos y el Estrecho, y España no está claro que sea una de ellas.
Al mismo tiempo ese mismo Presidente del Gobierno ha liquidado la política dirigida a derrotar a los terroristas, sustituyéndola por otra de negociación con ellos. Los terroristas no llevan treinta años matando porque sí. Llevan treinta años matando contra España, matando para disgregar España. Por eso quiero decir que, en mi opinión, el debate sobre la configuración territorial de España es inseparable del debate sobre el terrorismo contra España.
Hace falta recordar que no había ninguna necesidad de reconsiderar el modelo constitucional del Estado de las Autonomías cuando la inmensa mayoría de españoles se han mostrado plenamente satisfechos con él cada vez que han sido preguntados. Hace falta tener presente que si los terroristas están cercanos a su derrota es porque se ha puesto todos los mecanismos del Estado de Derecho a trabajar para esa derrota, dentro de la ley pero con todo el peso de todas las leyes. Y también es necesario darse cuenta de que cada paso que se da hacia el debilitamiento de la conciencia y de la realidad nacional es interpretado por los terroristas como una victoria personal y como un acicate para continuar hasta alcanzar sus objetivos independentistas.
De estas cuestiones se va a hablar aquí en los próximos días. También de la situación económica de España, de Europa y del mundo.
La economía
Nos hemos acostumbrado a que la situación económica marche razonablemente bien, pero conviene preguntarse a qué se debe ese impulso. Es un impulso derivado de las profundas reformas que lograron la creación de cinco millones de puestos de trabajo en ocho años. Con esas reformas se liberalizaron sectores, se devolvió dinero a los individuos, se flexibilizaron rigideces en el mercado de trabajo y se redujo el peso excesivo del Estado en la economía nacional.
Llevamos un año largo y no se recuerda ninguna reforma. Directamente se ha renunciado a hacer política económica. Se relativiza la importancia del equilibrio presupuestario y no se toman medidas para mejorar la posición de la economía española en el conjunto de la economía mundial.
Por eso están apareciendo desequilibrios importantes, como los que afectan al sector exterior. Por eso la amenaza del colapso en el suministro de energía o en el abastecimiento de agua ha pasado a ser un riesgo real.
Prolongar la prosperidad económica exige tomar iniciativas. Y para eso hace falta adelantarse a los problemas y hacer reformas. Eso siempre cuesta. Lo sé por experiencia. Pero también por experiencia sabemos todos que la pereza o la falta de pulso en política económica no hacen otra cosa que abocarnos a un escenario de declive.
Todo incide en la marcha económica del país: la estabilidad política, el prestigio exterior, la educación que estimule los conocimientos, el aprecio por la tarea bien hecha y el espíritu emprendedor. Por desgracia se toman decisiones en sentido contrario: inestabilidad, pérdida de prestigio y reducción de la calidad del sistema educativo.
La educación, el empuje económico y la creación de empleo son claves también para asimilar un incremento tan importante de la población inmigrante como el que se ha producido en España en los últimos años.
La inmigración
Vinieron a España centenares de miles de personas buscando una tierra de oportunidades y de libertad. Les hemos ofrecido oportunidades y libertad. Su esfuerzo individual, su deseo de vivir mejor, nos ha permitido progresar a todos.
Pero al mismo tiempo la realidad de la inmigración en España nos exige hacer un esfuerzo de sinceridad con nosotros mismos. Se ha hecho una política de “papeles para todos” y por ese camino no iremos bien.
Otros países europeos han vivido antes que nosotros las experiencias que ahora están presentes en nuestro país. Podemos aprender de sus aciertos y también de sus errores. El multiculturalismo ha fracasado. El camino correcto es el del pluralismo de la sociedad abierta, compuesta por individuos iguales ante la ley, sin que haya diferencias por sus orígenes étnicos o por la religión que profesen. Los valores de nuestra sociedad son comunes a todos, nacionales y extranjeros. Las creencias son libres, pero las normas de convivencia no pueden hacer distingos, ni permitir que aparezcan en nuestra sociedad comunidades que se apliquen a sí mismas normas distintas a las generales, cosa que ya ha sucedido desgraciadamente en otros países europeos. Sobre estas cuestiones reflexionaremos también en este Campus.
La responsabilidad de los gobiernos
Queridas amigas y amigos, termino ya. Y quiero hacerlo con una reflexión sobre la responsabilidad de un gobierno frente a la sociedad. El deber principal de un gobierno es no generar intencionadamente la división y el enfrentamiento. Se puede y se debe gobernar conforme a los principios y el programa mayoritariamente respaldado, pero lo que no es admisible es que el único criterio del Gobierno a la hora de configurar su agenda política sea colocar en los primeros renglones todos aquellos asuntos que sirvan para suscitar división.
Crear trincheras de enfrentamiento puede servir para colocar a la oposición fuera del circuito de la propaganda sectaria. Pero daña irreparablemente a la sociedad. No se amplían derechos, sino que se deterioran instituciones que están precisamente establecidas para garantizar derechos. Con tanto sectarismo y tanta agresividad muchos millones de españoles se sienten extraños en su propio país, colocados fuera de una normalidad que es la misma normalidad que ven en todos los demás países cercanos.
No se extrae nada bueno del afán de aplastar a la oposición. Aliarse con el populismo del otro lado del Atlántico ya es bastante equivocado, pero importarlo a nuestro país es excesivo.
Ofrecer ideas alternativas es decisivo en estos momentos. Ideas distintas para un país que puede y debe permanecer unido en torno a su vínculo nacional, y en torno a objetivos de prosperidad, extensión del bienestar e influencia en el mundo.
Vamos a seguir trabajando en ese empeño. En el centro político, con la idea de libertad, vamos a poner delante de los ciudadanos un conjunto de propuestas que atraigan el interés y la adhesión hacia una forma liberal de mejorar España.
Intervención de José María Aznar en la apertura del Campus de Verano de la Fundación FAES, Navacerrada, 4 de Julio de 2005