No se trata de gente desalmada que se dedica a enriquecerse con el fruto del desfalco al Estado, sino de ciudadanos cuya indigencia económica los lleva a revender cualquier producto que llegue a sus manos.
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Lunes, 08 de junio 2026

No se trata de gente desalmada que se dedica a enriquecerse con el fruto del desfalco al Estado, sino de ciudadanos cuya indigencia económica los lleva a revender cualquier producto que llegue a sus manos.
Ella trabaja al sol, vendiendo jabitas de nylon para los clientes del mercado agrícola de la calle Tulipán. La inclemente claridad del mediodía le fastidió la vista, pero ese no es el peor de sus problemas. “Tenemos un mecanismo de alarma para saber cuando vienen los policías, aunque a veces llegan de civil y nos cogen desprevenidas”. El mes pasado pagó una multa de 1.500 pesos por dedicarse a la venta ilícita y esta semana le pusieron una carta de advertencia por reincidir en el mismo delito.
Llevarse los productos en las manos a falta de bolsas es algo que molesta a cualquier comprador. Pero comprobar que uno de los grandes voceros del actual sistema desconoce los dramas humanos que llevan al desvío de las jabas de nylon, irrita aún más. No se trata de gente desalmada que se dedica a enriquecerse con el fruto del desfalco al Estado, sino de ciudadanos cuya indigencia económica los lleva a revender cualquier producto que llegue a sus manos. Verónica está ahora mismo a las afueras de algún comercio, con las viejas gafas oscuras que le regalaron y musitando “tengo jabitas, tengo jabitas a un peso cada una”.
Yoani Sánchez
Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada día de ayudar a construir una Cuba plural, inclusiva donde quepamos todos los cubanos. En estos momento trabajo como periodista y directora de este diario digital 14ymedio.com
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