Al alcanzar un histórico acuerdo para frenar el programa nuclear de Irán, el presidente Barack Obama ha roto con el manual de política exterior que Estados Unidos siguió durante tres décadas.
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Sábado, 13 de junio 2026

Al alcanzar un histórico acuerdo para frenar el programa nuclear de Irán, el presidente Barack Obama ha roto con el manual de política exterior que Estados Unidos siguió durante tres décadas.
Obama ha llegado a un entendimiento con la nación que ha sido probablemente el adversario más problemático de Washington desde 1979, a tal punto que hasta unos pocos años los funcionarios estadounidenses ni siquiera se encontraban con sus pares iraníes. Ahora Obama buscará capitalizar el capital personal ganado en esta transformación al pivotear el acuerdo nuclear del martes para tratar de resolver otros problemas regionales.
Es una apuesta significativa.
Con este acuerdo, Obama podría alterar décadas de precedentes de política exterior, como hizo el presidente Richard Nixon al reflotar las relaciones de EE.UU. con China hace más de 40 años. Obama también podría haber creado un Medio Oriente más inestable, y en el proceso, desgarrado lazos de mucho tiempo de Washington con aliados tradicionales como Israel y Arabia Saudita.
El futuro depende en gran medida de la actitud y el comportamiento de Irán, por lo que las perspectivas son aún más difíciles de predecir. El resultado puede ser imposible de medir hasta mucho después de que Obama haya dejado la Casa Blanca.
Obama espera específicamente que el acuerdo nuclear allane el camino para trabajar al menos indirectamente con Irán en la búsqueda de una solución a la guerra civil en Siria, incluyendo la destitución del presidente Bashar al-Assad,, un estrecho aliado de Teherán, y la construcción de una alineación internacional más fuerte en la lucha contra los militantes de Estado Islámico, dijeron funcionarios sénior de la administración Obama.
La guerra civil en Siria y el ascenso de EI se encuentran en el corazón de los problemas regionales de hoy, e Irán podría desempeñar un papel importante en ambos frentes.
“Una y otra vez, he dejado en claro al pueblo iraní que siempre estaremos abiertos al compromiso sobre la base de los intereses mutuos y el respeto mutuo”, dijo Obama el martes desde la Casa Blanca. “Nuestras diferencias son reales y la difícil historia entre nuestras naciones no puede ser ignorada. Pero es posible cambiar”.
Sin embargo, los obstáculos para profundizar la relación son grandes. “Es muy probable que el récord sea mixto y que el presidente tenga que defenderlo”, dijo Jon Alterman, ex funcionario del Departamento de Estado, ahora analista de Medio Oriente en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “El número de cosas que Irán hace [con las que] antagoniza a Estados Unidos y sus aliados es una lista muy, muy larga”.
De hecho Irán es uno de los tres países, junto con Siria y Sudán, que EE.UU. mantiene en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, y Teherán, contra las objeciones de Washington, sigue teniendo detenidos estadounidenses.
Algunos funcionarios iraníes han expresado la apertura a cooperar con EE.UU. en otras cuestiones luego del acuerdo nuclear. EE.UU. e Irán ya tienen una cooperación tácita en la lucha contra los militantes de EI en Irak. Funcionarios de la Casa Blanca también han sugerido que los aliados más cercanos de Assad, Rusia e Irán, podrían estar haciéndose a la idea de su salida del poder.
Pero cualquier acercamiento mayor entre EE.UU. e Irán pone en riesgo alianzas que han definido la participación de EE.UU. en la región durante la mayor parte del siglo pasado. Israel y Arabia Saudita están consternados por la posibilidad de envalentonar a Irán. Riad se ha metido en un conflicto vicario con Teherán en Yemen, y los líderes iraníes continuarán condenando públicamente la existencia del Estado judío.
“Muchos de nuestros aliados temen que el foco en la proliferación es una gran distracción de lo que realmente importa, que es el comportamiento regional de Irán”, dijo Alterman. “La apuesta del presidente es que puede enlazar los dos una vez que haya un acuerdo nuclear. Pero es una apuesta, no es una cosa segura”.
La cantidad de fondos que Irán recibiría en los próximos meses bajo los términos de este acuerdo es otro motivo de preocupación para los aliados de EE.UU., que temen que Teherán utilice el dinero para financiar a sus representantes en la región.
Para mitigar estas preocupaciones y reducir la posibilidad de una carrera armamentista en el Medio Oriente, la administración Obama prometió en mayo una serie de nuevas garantías de seguridad y militares a las seis naciones miembro del Consejo de Cooperación del Golfo.
El martes, Obama ofreció garantías al primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu de que un acuerdo con Irán no pondrá en peligro la seguridad de su país.
Los críticos del acuerdo nuclear iraní son tal vez más escépticos sobre las sugerencias de la Casa Blanca de que esas acciones conducirán a un ablandamiento en el liderazgo de esos países.
Es una estimación que funcionarios de máximo nivel de la administración solían hacer sólo en privado, pero que cada vez más expresan en público.
“En un mundo de un acuerdo, hay una mayor posibilidad de que usted vea que Irán evolucione en la dirección en la que estén más comprometidos con la comunidad internacional y menos dependiente de los tipos de actividades en las que han estado participando”, dijo recientemente Ben Rhodes, asesor adjunto de seguridad nacional, en el Festival de Ideas Aspen.
Obama subrayó este punto en su declaración de 15 minutos el martes.
“Creo que debemos proceder a comprobar si esta región, que ha conocido tanto sufrimiento, tanta sangre, puede moverse en una dirección diferente”, dijo.
Este artículo está en The Wall Street Journal LatAm.
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