En febrero se cumplieron seis meses desde que el presidente Barack Obama inició de manera unilateral nuestra guerra más reciente en Oriente Medio.
Desde ese entonces hemos golpeado a los objetivos del
Estado Islámico (también conocido como
ISIS o ISIL) con más de
2.000 ataques aéreos y tenemos más de 3.000 soldados —o, como la administración prefiere llamarlos, “
asesores militares”— en el territorio.
A principios de febrero, tres semanas luego de que
el presidente había prometido “empezar a involucrar al Congreso respecto de una nueva
autorización para el uso de fuerza militar en contra de ISIL”, él finalmente
entregó los papeles, enviando al Congreso un borrador de Autorización para el Uso de Fuerza Militar (AUMF, por sus siglas en inglés) diseñado para proveer una cobertura legal para lo que él ha estado haciendo por más de medio año.
Si hemos aprendido algo de la historia de las anteriores AUMF’s (
una pregunta abierta), es que los presidentes expandirán esa autoridad que reciben tan lejos como el lenguaje se los permita —y posiblemente más allá de eso. El borrador presentado en febrero no es la excepción: los límites que pretende imponer son en gran medida ilusorios. Si el Congreso fuese a aprobarla tal como ha sido escrita, podría acabar cediéndole al presidente poderes de guerra todavía más amplios de los que ha utilizado hasta ahora.
El borrador del presidente para una nueva AUMF no limita las operaciones militares a
Irak y
Siria, y contiene una provisión amplia de “fuerzas asociadas” que podría abrir la puerta a ese tipo de proliferación sin fin de una lista de objetivos que hemos visto en virtud de la AUMF de 2001. La resolución de 2001, aprobada por el Congreso tres días después de los ataques del 9/11 y dirigida particularmente a Al-Qaeda y el Talibán, no menciona “fuerzas asociadas”, y aún sí dos presidentes han estirado su lenguaje para autorizar una guerra cuya envergadura no deja de crecer en contra de grupos que no existían en el 9/11 y cuyas conexiones con el “núcleo” de Al-Qaeda son
cada vez más dudosas. La AUMF de Obama, que autorizaría el uso de fuerza en contra de los aliados de las “entidades sucesoras” de ISIS que combatan con nuestros “socios de coalición”, podría demostrar ser incluso más maleable.
Considere este intercambio entre el Senador Udall y Secretario de Estado
John Kerry, durante
el testimonio de Kerry ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en diciembre de 2014:
UDALL: ¿Cómo debería la autorización de uso de fuerza tratar a grupos que han prometido su…lealtad al Estado Islámico, incluyendo, desde diciembre de 2014, a grupos en Argelia, Libia, Egipto, Yemen y Arabia Saudita?
KERRY: Deberían ser fuerzas asociadas. Ellos encajan dentro de esa categoría.
El peligro de un aumento imperceptible del alcance de una misión difícilmente podría ser más visible. Además, los “límites” que la AUMF de Obama contiene merecen completamente las comillas de cuestionamiento. La resolución específica que “no autoriza el uso de las Fuerzas Armadas de EE.UU. en operaciones en desarrollo de combate ofensivo en tierra”, pero qué podría significar “en desarrollo” (más breve que “
Operación Libertad Duradera”) es difícilmente claro como para saberlo.
Incluso si lo fuera, el presidente Obama continúa diciendo que “los estatutos existentes”, incluyendo
la AUMF de 2001, “me otorgan la autoridad que necesito” para librar una guerra. Como la AUMF de Obama no hace nada para controlar las autorizaciones que el presidente dice que tiene en virtud de la AUMF de 2001, él podría evadir cualquier restricción nueva diciendo que sus acciones están siendo realizadas en virtud de los poderes concedidos en una autorización anterior.
Utilizando una estrategia similar, el sucesor de Obama incluso podría evadir los nuevos límites de tiempo de la nueva AUMF, llevando la guerra más allá de su expiración de tres años.
No queda claro cuál es la estrategia del presidente en la lucha contra ISIS, o cómo se debería ver la victoria. Pero si el Congreso va a autorizar de manera retroactiva la última guerra del presidente, debería obtener algo a cambio.
No hay nada de novedoso en tales restricciones:
una reciente revisión de las anteriores autorizaciones del Congreso descubrió que 60% de ellas contenían límites geográficos y 37 por ciento de ellas “limitaban el tipo de operaciones o fuerzas militares autorizadas a ser empleadas”. Pero para que esos límites se respeten, cualquier AUMF nueva tendrá que repudiar claramente la sospechosa interpretación que el presidente hace de las autorizaciones anteriores.
En su testimonio de diciembre, el Secretario Kerry advirtió al Congreso en contra de un control excesivo sobre las opciones militares del presidente. El peligro mucho mayor, como lo evidencia el borrador de AUMF presentado por el presidente, es legislar todavía más nuestro desplazamiento hacia una perpetua guerra presidencial.
Elcato.org
Publicado originalmente en Newsweek (EE.UU.) el 16 de febrero de 2015.
Gene Healy es Vice Presidente de Cato Institute
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