Política

El escándalo alemán del velo

Pero al contrario de la controversia del velo en Inglaterra, donde el Líder de la Cámara de los Comunes Jack Straw quería que las musulmanas fueran por la calle con la cara descubierta, Deligoz, miembro del izquierdista Partido Verde del Bundestag, ha recibido numerosas amenazas de muerte como resultado de sus comentarios. El 90% de las amenazas, afirma la representante de los verdes, proceden de varones.

Stephen Brown
Lo que lleva una mujer sobre su cabeza puede costarle su cabeza literalmente en Alemania.

Eso es lo que descubría la político alemana Ekin Deligoz recientemente al pedir a las mujeres musulmanas de Alemania que abandonasen sus velos. Deligoz, turca de nacimiento, viene expresando desde hace tiempo su oposición a vestir el velo y quiere que las musulmanas de su país de adopción lo dejen a un lado, segura de que es un símbolo de opresión y patriarcado. Hay más de 3 millones de musulmanes en Alemania y alrededor de 2 millones son turcos o de ascendencia turca.

“Vives aquí, así que quítate el velo”, decía Deligoz en un periódico alemán.

Pero al contrario de la controversia del velo en Inglaterra, donde el Líder de la Cámara de los Comunes Jack Straw quería que las musulmanas fueran por la calle con la cara descubierta, Deligoz, miembro del izquierdista Partido Verde del Bundestag, ha recibido numerosas amenazas de muerte como resultado de sus comentarios. El 90% de las amenazas, afirma la representante de los verdes, proceden de varones. También al contrario que Straw, Deligoz ha engrosado ya la creciente lista de escritores, editores y políticos europeos entre otros que han tenido que aceptar protección policial en sus propios países debido a las amenazas de muerte de fundamentalistas musulmanes.

Algunas feministas musulmanas alemanas ven en la vestimenta del velo un peligro para el orden social y legal de Alemania, viéndolo como parte de la tétrica islamización de la sociedad alemana. La autora Serap Cileli, defensora de los derechos de la mujer musulmana en Alemania, concibe el velo como representación retrógrada del orden legal fundamentalista de la sharia, más que como símbolo de fe. La sharia, dice a su vez, exige la subordinación de la mujer al hombre. De modo que el pañuelo, según Cileli, realmente es un símbolo de opresión.

También otras feministas musulmanas sostienen que el pañuelo, al igual que el velo, es una autosegregación consciente de la sociedad y los valores occidentales por parte de sus portadoras musulmanas. Y mientras la controversia del velo se inflama en Alemania, no son únicamente los fundamentalistas los que airean su veneno contra Deligoz y otras feministas alemanas que se oponen a llevarlo. En Turquía, el diario Yeni Mesaj afirmaba que la representante del Bundestag y otra política defensora, Lale Akgún, mujer también de ascendencia turca, han sido “convertidas en alemanas en Alemania”. Las dos mujeres se han distanciado de su identidad islámica y turca, afirma la noticia, permaneciendo turcas únicamente de nombre. El diario también dice que Deligoz y Argun están utilizando lógica de Nazis al pedir la desaparición del pañuelo. En realidad, los únicos que utilizan lógica de Nazis aquí son los editores del periódico, especialmente con sus referencias a la raza con la deducción de la superioridad de una sobre las demás. Además, sus comentarios llenos de odio hacen obvio el motivo por el que la integración de los inmigrantes musulmanes ha fracasado en tantos países europeos. Como era de esperar, no sale demasiado apoyo a Deligoz de las asociaciones musulmanas de Alemania. Mientras que condenaron las amenazas de muerte, según una información de prensa, las asociaciones criticaron con ahínco a sus correligionarias. El presidente de una organización musulmana decía que los comentarios de Deligoz son tonterías. Lo delicado para él, continuaba, es “que tiene permiso para extender su estupidez”. Todo lo cual, de nuevo, demuestra claramente la preocupante posición de algunos líderes musulmanes residentes en sociedades europeas hacia la tradición occidental de libertad de expresión. Además, algunas profesoras musulmanas en escuelas alemanas, donde la vestimenta del pañuelo por parte de los profesores está prohibida, ofrecen resistencia a esta regulación del código del vestir. En el estado del Norte del Rhin-Westphalia, donde la prohibición entraba en vigor el pasado mayo, varias profesoras musulmanas continuaron presentándose en clase con la cabeza cubierta. Lo último que se difundió es que se celebraban conversaciones con las detractoras antes de implementar cualquier medida disciplinaria, incluyendo el despido. En otro caso célebre, una profesora musulmana de un estado alemán distinto intentó incluso invertir la regulación del pañuelo ante los tribunales, pero fracasó. Las profesoras musulmanas también intentaron saltarse la prohibición del velo en las aulas decorando sus pañuelos y presentándolos simplemente como accesorio de moda y no como “símbolo político-religioso”. Esto, según un funcionario de la escuela, ha creado “una zona neutra”. Pero otro funcionario escolar alemán, ejerciendo más firmeza y sentido común, decía que adornar los pañuelos viola la ley, y no se tolerará. Pero no todas las noticias son malas. Emal Algan, la hija del fundador en Alemania de Milli Gorus (Visión Nacional), una enorme organización musulmana turca radical, renunciaba al pañuelo el año pasado. Hasta entonces, Algan, de 40 años de edad, había llevado la vida típica de la mujer turca. Prometida en matrimonio a los 16 años, casada a los 19 y madre de seis hijos, ha llevado una existencia en las sombras. Llevar el famoso nombre de su padre, sin embargo, le había granjeado su posición en la enorme comunidad turca de Alemania, donde la ahora divorciada musulmana-alemana era presidenta de honor desde hacía años de la asociación de mujeres de Milli Gorus.

En una entrevista en la prensa del año pasado, Algen decía que sin el pañuelo identificador, era simplemente “una de tantas”, y buscaba llevar una vida sin velos. “Casi todas las puertas están abiertas para mí ahora, y las atravieso sin vacilaciones”, decía.

Y aunque muchas de sus ex amigas musulmanas le han hecho el vacío desde su decisión, Algen no lamentaba quitarse el pañuelo, dando como su motivo la que debería ser la última palabra para cualquier mujer musulmana que considere el mismo paso: “Mi cabeza me pertenece”.

Stephen Brown es periodista de la revista Frontpage.

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