Política

Tapar la boca al Papa

Los observadores afirman que lo que realmente pretendía el Papa Benedicto con sus comentarios de Regensburg era invitar a los musulmanes a un diálogo de religiones, específicamente en materia de violencia, lo que es necesario en este momento.

Stephen Brown
De nuevo van detrás del líder del cristianismo.

Los fundamentalistas musulmanes intentaron asesinar al Papa Juan Pablo II en dos ocasiones, y ahora intentan silenciar a su sucesor, el Papa Benedicto XVI, esta vez con palabras en lugar de bombas o balas (hasta la fecha).

El Papa Benedicto desencadenó una tormenta de rabia en el mundo musulmán la semana pasada durante su visita de seis días a su Bavaria natal, al citar a un emperador bizantino medieval durante una conferencia en la Universidad de Regensburg. El pasaje presuntamente ofensivo que citó el Papa surgió del intercambio que tuvo lugar entre el emperador medieval cristiano Paleologus II y un académico persa, en el que llamaba a las enseñanzas de Mahoma con respecto a la Guerra Santa “perversas e inhumanas”. Benedicto XVI fue más allá incluso en su conferencia, diciendo que extender una religión a través de la violencia va contra la razón y por tanto contra Dios, puesto que Dios es un ser racional.

Al igual que con el escándalo de las viñetas danesas a principios de este año, el mundo musulmán estallaba en furia casi incontrolable contra el Papa alemán, acusándole de haber insultado al Islam. Además de numerosas manifestaciones acompañadas de exigencias de una disculpa, una monja italiana ha sido abatida a balazos en Somalia y tres iglesias han sido incendiadas en el West Bank y Gaza. Un importante representante del partido en el poder en Turquía, Salih Kapusuz, comparaba también al líder católico con Hitler o Mussolini.

“Tiene la misma mentalidad que se deriva de la oscuridad de la Edad Media”, decía Kapusz del Pontífice alemán, que es profesor de teología, ha escrito 85 monografías, y firma cientos de ensayos y artículos.

Funcionarios de seguridad del Vaticano y otros funcionarios europeos temen también que tenga lugar un atentado contra la vida del Papa. Un radical musulmán turco hería de gravedad al Papa Juan Pablo II en el intento de asesinato de 1981, mientras que un complot de al-Qaeda para matarlo con una bomba durante una visita a las Filipinas era desbaratado en 1995.

Los observadores afirman que lo que realmente pretendía el Papa Benedicto con sus comentarios de Regensburg era invitar a los musulmanes a un diálogo de religiones, específicamente en materia de violencia — lo que es necesario en este momento, considerando las células islamistas que son descubiertas constantemente en países occidentales, y la enorme cifra de musulmanes residentes en Occidente que quieren establecer la ley shari´a. La violencia a la que se refería, no obstante, no incluye solamente la Guerra Santa, sino que también concierne a temas tales como la lapidación de las parejas adulteras o la ejecución de aquellos que se convierten del Islam a otra religión. Benedicto siempre ha afirmado estar en contra del uso de la violencia en nombre de la religión.

Pero también al igual que en el escándalo de las viñetas danesas, el verdadero motivo de la presunta “furia” musulmana en todo el mundo no es la injuria percibida contra el Islam. En su lugar, los líderes musulmanes han distorsionado con saña las palabras y las intenciones de Benedicto XVI hablando de blasfemia y difamación, puesto que en los comentarios del Papa perciben la oportunidad de oro para someter al representante más alto e importante del Cristianismo a las exigencias musulmanas.

En otras palabras, quieren convertirlo en “dhimmi”, una persona de otra religión que en un país islámico ostenta una existencia de segunda clase. Tales líderes musulmanes celebraron una ronda de entrenamiento contra Dinamarca hace nueve meses, intimidando al pequeño país europeo y mostrando la precariedad de la libertad liberal de Europa, lo que probablemente les haya reforzado ahora para picar más alto.

Lo que plantea a gritos la pregunta: ¿después de Salman Rushdie, Dinamarca o el Papa Benedicto XVI, a quién le toca?

El Pontífice difundía ayer una declaración en la que, afortunadamente, no se disculpaba, sino que escribía que lamenta profundamente las reacciones al corto pasaje que citó en la Universidad de Regensburg. Éste, decía, “no representa mi opinión personal en ningún sentido”. También afortunadamente, la Canciller alemana Angela Merkel y el Ministro Presidente de Bavaria, Edmund Stoiber, ambos conservadores, apoyaban al hijo natural de Alemania.

“Quienquiera que critique al Papa, malinterpreta la intención de su discurso”, decía Merkel, al tiempo que Stoiber insistía en que “no hay motivos de crítica en absoluto”.

Con suerte, el Pontífice Romano también permanecerá en sus trece en el curso de la confrontación con los peligros gemelos que afronta Europa Occidental: el Islam militante y el secularismo agresivo e intolerante. En una columna previa, escribí que Benedicto XVI fue elegido Papa con el fin de salvar la fe de Europa Occidental, donde la asistencia a la iglesia ha caído por debajo del 10% en algunos países, de la misma manera que el Papa Juan Pablo II fue elegido para rescatar el Cristianismo en Europa Central y del Este del ateísmo militante del Comunismo. No es ninguna coincidencia que el antes Cardenal Ratzinger eligiera el nombre de Benedicto, puesto que el segundo tiene el mérito de salvar el cristianismo en Europa Occidental durante la Edad Antigua.

Pero lo que demuestran con claridad los últimos sucesos es que los puentes que el Papa Benedicto había esperado construir con el Islam desde su elección para el trono de San Pedro van a ser más difíciles de construir, por no decir imposibles. Es evidente que si uno desea debatir temas tan sensibles pero importantes como violencia e Islam, tiene que abandonar el derecho a la libertad de expresión, probablemente darse por vencido, y corear el mantra políticamente correcto de que el Islam es la religión de la paz. En otras palabras, el Islam tiene carta blanca. Los “imanes de la protesta”, como los llamaba un periodista, aquéllos que saben construir un frente sólido e inmediato en el mundo islámico, han captado eso perfectamente.

Es de esperar que algunos musulmanes actúen según las declaraciones de Regensburg del Papa e ingresen en el diálogo que quería iniciar Benedicto XVI. Pero si el mundo esperando aún manifestaciones masivas en países islámicos contra el sangriento terrorismo de Osama bin Laden, o por lo menos contra el genocidio de Darfur, espere sentado.

Stephen Brown es columnista de Frontpage Magazine y The Washington Times.

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