Economía y Sociedad, Europa

El infierno mediterráneo

La piratería humana ha convertido el Mediterráneo en un gran infierno. Ya sé que no caben todos en Europa. Pero los europeos no les podemos tratar como si fueran ganados humanos.

No hay datos sobre el trasiego de cientos de miles de hombres y mujeres que intentan cruzar el Mediterráneo. Muchos llegan. Otros tantos quedan sepultados en el fondo del mar, en lo que el Papa Francisco ha denominado un gran cementerio.
El mar de la cultura y de la civilización, el de tantas guerras y expediciones bélicas, vuelve a ser escenario de la barbarie. Eusebio Val describe hoy en una dramática crónica la situación que se vive en la isla de Lampedusa. Llegan a miles. No caben. Y tienen que ser reenviados a otros puntos de Italia. Hay regiones que no los quieren, especialmente en las regiones del Veneto y la Lombardia, donde los inmigrantes llegan “como paquetes postales”.

Son gentes que huyen del hambre, de la guerra y de la inseguridad. Buscan horizontes de dignidad y de esperanza. Arriesgan sus vidas. Hasta llegar a las costas de Libia tienen que pagar sumas que están fuera de su alcance. Atraviesan el desierto, se entregan en manos de mafias y de aventureros que les humillan y maltratan. Suben en embarcaciones viejas, inseguras, abarrotadas de gentes más allá de sus capacidades.

Cuando se acercan a tierra suelen abandonar los barcos a la deriva. Si alguien cae al agua no es posible salvarlo porque en la embarcación no cabe ni una aguja. Si son avistados por barcos italianos pueden ser rescatados. De lo contrario, navegan a merced de los vientos. La llegada a Lampedusa no es el fin del drama.

Europa no quiere recibirles. Si lo hace es por la presión social y porque no se puede abandonar a la muerte a tanta gente. La devolución en caliente practicada legalmente por las autoridades españolas me parece una indecencia. Ya sé que no caben todos en Europa. Pero los europeos no les podemos tratar como si fueran ganados humanos. Hay grupos de voluntarios que tratan de suavizar el sufrimiento. Pero los gobiernos están más preocupados por las elecciones que en buscar soluciones a un drama que afecta a tantos miles de personas.

No hay soluciones fáciles. Pero los cientos de miles de sirios que han abandonado su tierra per persecuciones, por miedo y por la violencia sectaria, no pueden quedar abandonados. Lo mismo ocurre con los que son empujados por el hambre hacia una cierta esperanza de vida digna.
 

Europa se ha beneficiado de las materias primas, de la esclavitud de muchos africanos, del dominio de sus tierras. El colonialismo fue una expansión arbitraria de las metrópolis europeas en varios continentes. Ahora que llegan las personas, se les barra el paso y se les confina en zonas de internamiento. Hay que encontrar una solución política y humana.

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