Un análisis histórico de por qué los intentos de resolver desde la I República el encaje constitucional de los nacionalismos vasco y catalán no han dado resultados.
¿Cómo hemos llegado a esto? Con esta pregunta inicial, Roberto L. Blanco Valdés, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela, comienza su sugerente, y muy documentado, análisis del problema territorial español.
La perentoriedad de las reivindicaciones del nacionalismo catalán y vasco, nos dice el autor, no pueden ser más sorprendentes cuando reparamos en los niveles de descentralización experimentados en España, hasta el punto de resultar extraordinariamente difícil encontrar en otras partes del mundo grados de autonomía equiparables a los del País Vasco y Cataluña.
Sin embargo, el desafío secesionista del nacionalismo vasco y catalán apenas ha podido ser más abrupto ni más contraproducente. No solo por lo que supone de cuestionamiento de la unidad de la nación española, sino principalmente –como, con razón, enfatiza Blanco Valdés– por sus actitudes de rechazo de las reglas del juego democrático.
Aunque, por su radicalidad y por sus maximalismos, quepa calificar la coyuntura creada por estos desafíos de inédita en el marco europeo actual, sin embargo hay precedentes en la historia de España. Lo paradójico, recuerda el autor, es que esos desafíos tuvieron lugar cuando la cuestión territorial se afrontó de manera abierta, al objeto de hacer compatible la visión de una España plural con el mantenimiento de su unidad.
Si la I República se decantó por una solución federal para España, la Constitución de 1931 prefiguró un Estado integral que, de no llegar a producirse la rebelión de 1936, pudo haberse consolidado. Al estudio pormenorizado de estas dos coyunturas se dedica la primera parte del libro. La segunda, más extensa, se centra en el período que dio inicio en 1978, el cual, según el autor, representó la ocasión, de la que se careció en los dos anteriores, de estabilizar con tiempo y sosiego un régimen constitucional perfectamente comparable y homologable al de las naciones europeas más democráticas.
Aunque el camino descentralizador recorrido desde 1978 fue mucho mayor del que entonces nadie se imaginaba, la satisfacción de los nacionalismos menguaba, en vez de aumentar. Este hecho, escribe Blanco, representó una de las entradas al laberinto territorial en el que llevamos perdidos desde hace casi un siglo y medio. La otra entrada sería la de la deslealtad constitucional, la de quienes se han propuesto recorrer el camino hacia la independencia al margen de la Constitución y de las leyes del sistema democrático.

Autor: Roberto L. Blanco Valdés
Alianza.
Madrid (2014).
471 págs.
19,50 € (papel) / 14,99 € (digital).
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