“¡Non!. Alrededor del 56% del electorado francés ha rechazado el Tratado Constitucional Europeo. Esto es quizá el fracaso más importante de Jacques Chirac, y seguramente la más desastrosa de sus consecuencias. Francia afronta hoy una crisis a dos niveles. La otra crisis concierne a la propia Francia. Nos encontramos en un discurso político serio.”
Relaciones Internacionales
Un nivel concierne a la propia Unión Europea. Que un país fundador se aleje tan dramáticamente del proceso europeo significa mucho más que si lo hace cualquier otro estado miembro. Europa podría haber excusado rechazos de “países pequeños”, pero no de Francia.
Inmediatamente después de la votación, el Presidente de la Comisión Europea, José Barroso, reconoció que esto era un problema serio para la Constitución. El Reino Unido se pregunta hoy si debería celebrar siquiera su propio referéndum. Holanda está atravesada por la intención de votar No.
Polonia está confundida por tal resultado, especialmente cuando los franceses vilificaron tanto al “fontanero polaco”, un personaje creado para asustar a los trabajadores franceses y hacerles creer que la Constitución abriría las puertas a los extranjeros que les quitarían sus empleos. La República Checa puede oponerse hoy más al tratado. E Italia se pregunta si fue demasiado precipitado ratificarlo.
Aparte de esta reacción inmediata, una tendencia política se ha reforzado. El referéndum francés no iba solo acerca del Tratado Constitucional Europeo, ni de la propia Europa. Fue sólo un pretexto para confirmar una impresión extendida entre la clase política francesa, para extender el miedo entre los trabajadores, para proporcionar una política de seguro a un estado del bienestar cercano a la bancarrota. Fue un referéndum acerca del tipo de sociedad que quiere Francia. Esto es por lo que el resultado era conocido ya por la mayor parte de nosotros: era un No al libre comercio, y Si a una sociedad colectivista.
Chirac, el presidente del Partido Socialista François Hollande, el presidente del UMP Nicolas Sarkozy, el ex primer ministro socialista Lionel Jospin, todos juran que la Constitución protegería a Europa del liberalismo económico. El ex primer ministro socialista Laurent Fabius, el representante de UMP Dupont-Aignan, el activista antiglobalización José Bové, el nacionalista de extrema derecha Philippe de Villiers, todos prometieron que votar al No protegería a Europa del liberalismo económico. Se opusieron unos a otros en una campaña hipócrita incluso aunque todos creían profundamente que el liberalismo económico no debía y no podía ser un valor central europeo. Todos están deacuerdo con la sorprendente declaración de Chirac de que el liberalismo económico sería tan desastroso como el comunismo.
Si y No: dos palabras distintas para el deseo de la misma sociedad proteccionista y colectivista. He aquí el ideal político victorioso del día después, y Francia solidificará su posición como fortaleza del colectivismo frente a las políticas de libre comercio e influencia en Europa.
La otra crisis concierne a la propia Francia. Nos encontramos en un discurso político serio. La incapacidad de Chirac para gobernar es más obvia que nunca. El presidente francés pidió a los votantes una y otra vez que votaran Sí. Se implicó tanto en la campaña del referéndum que la mayoría de los votantes del No, ya fueran de derechas o de izquierdas, votaron contra Chirac. El repudio no podría haber sido más duro: el 56% dijo No con una de las participaciones más altas en unas elecciones (participó más del 70% del electorado).
¿Qué clase de liderazgo puede ofrecer hoy tal presidente?. ¿Qué clase de legitimidad puede ostentar?. Pero Chirac no va a dimitir. Su reacción por supuesto será formar un nuevo gobierno que será probablemente de centroizquierda. El objetivo político será crear un programa social progresista para reforzar una economía social que encaje el mercado en los objetivos de la cohesión social. El modelo social francés estará más protegido que nunca.
El proteccionismo y el colectivismo son solamente los dos primeros pasos hacia el comunismo. Con la globalización económica tan demonizada, la única solución que queda se encuentra en el control del mercado y el monopolio del estado. ¿Será la Francia de hoy la Europa del futuro?. Tristemente, este futuro parece probable debido al apoyo popular que puede verse en Francia, abriendo el camino a un proceso que se opone a la construcción de sociedades libres y abiertas.
La clase política – y hasta sus líderes más económicamente liberales — pide ahora a gritos esta economía social para el mercado, el primer paso del colectivismo. Algunos realmente creen en ello, otros lo apoyan por oportunidades políticas, y todos se unen a la misma retórica. Extrañamente, podría referirse a una nueva película de Star Wars, en la que Padme, tras una votación, da poder ejecutivo al Canciller Palpatine: “Así que así es como muere la libertad — en el aplauso estruendoso”.
Sylvain Charat es director de estudios políticos de la institución francesa Eurolibnetwork.
Fuente: TechCentralStation
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