Elías Pino Iturrieta denuncia la evidente existencia de una postración frente al régimen de La Habana, el crecimiento de una manumisión parecida a la esclavitud, sin que las presiones económicas ni la existencia de temibles milicias puedan atribuirse la coyunda. Es una prosternación espontánea, una gleba deseada y aplaudida, no en balde el país dominador carece de un desarrollo material.
Política Públicas
CON EL CASO de la dependencia de la política venezolana en relación con la
influencia del régimen de Cuba sucede un episodio excepcional. Generalmente la
determinación de la administración doméstica por intereses foráneos obedece a
una imposición, es decir, a una pujanza torrencial que viene del extranjero para
determinar los fundamentos de la conducta oficial porque la expansión de una
economía vigorosa y la amenaza de unos ejércitos capaces de provocar temor,
dictaminan cuál debe ser el rumbo de la sociedad más débil y empobrecida.
Tal ha sido la característica usual de este tipo de nexos en la historia
universal, con variantes de superficie que no trastocan la esencia del fenómeno
debido al cual se impone una potencia sobre una colectividad marginal por
motivos de fuerza. Aun en los casos en los que media un resorte ideológico se
pasa por el colador de las presiones. El comunismo no se estableció de grado en
Europa Oriental, por ejemplo. Los tanques soviéticos siempre estuvieron
pendientes de apuntalar el templo del socialismo real cuando sus altares se
ponían a tambalear más allá de sus fronteras.
PERO EN LA VENEZUELA de
nuestros días no se ha pasado por procesos semejantes. Es evidente la existencia
de una postración frente al régimen de La Habana, el crecimiento de una
manumisión parecida a la esclavitud, sin que las presiones económicas ni la
existencia de temibles milicias puedan atribuirse la coyunda. Es una
prosternación espontánea, una gleba deseada y aplaudida, no en balde el país
dominador carece de un desarrollo material urgido de dilatación y de una
capacidad militar que pueda provocar preocupaciones fundadas.
En Cuba
apenas se fabrica hambre desde 1960 y se forman milicianos que alardean de su
coraje frente a Estados Unidos, pero que existen con el objeto de someter a un
pueblo escarnecido. ¿Acaso tiene factorías repletas de excedentes que pugnan por
los mercados de extramuros y armas capaces de poner a temblar a los vecindarios?
Sin una prosperidad exportable y sin argumentos de naturaleza militar, Cuba
enseñorea a Venezuela.
Desde la penetración de los monopolios
estadounidenses en la primera década del siglo XX, no se había experimentado
aquí nada semejante. Sin embargo, los intereses de las compañías petroleras y el
garrote alzado en el brazo de Teodoro Rooselvet estaban en capacidad de imponer
entonces las reglas del juego de manera unilateral. Ahora, sin consorcios
opulentos ni mandobles amenazantes, los mandones del Caribe han encontrado una
colonia que les cayó del cielo.
DESPUES de un estruendoso fracaso en su
plan de extender la revolución por el continente, luego de matar y de hacerse
matar en guerrillas infructuosas, los marxistas cubanos encontraron por fin el
paraíso perdido. Pero es sólo un decir esto de que lo hayan encontrado. En
realidad se los ofreció un Chávez feliz de toparse con el patronazgo de sus
sueños.
Fidel Castro no salió a buscar el enclave que anhelaba desde sus
años juveniles. Ya gastado y anciano, le apareció un párvulo del aula que
parecía clausurada y le vino a decir que aún tenía sentido su magisterio, que
todavía se podían refrescar los laureles marchitos por los naufragios del
pasado. En un régimen personalista como el que impera en Venezuela siempre
conviene detenerse en la voluntad del hombre que tiene la sartén por el mango.
De allí ha salido la decisión sobre una dependencia indigna. Sólo el comandante
venezolano se ha ocupado de establecer las normas del trato con el comandante
cubano, para el fortalecimiento de un colonialismo que de tan insólito parece
inexplicable.
SI NO PUEDE obtener beneficios materiales, como debe ser
la obligación de un administrador juicioso, ni debe preocuparse por amenazas
armadas, ¿qué motivos han provocado esta perruna admiración por un dictador
valetudinario y por un sistema que el mundo ha rechazado en la mayoría de sus
latitudes? La justificación de la dependencia en las bondades de la educación y
de la medicina cubanas se puede rebatir con facilidad. La servidumbre no puede
encontrar pretextos en una enseñanza que sirve para leer un solo tipo de libros
y para repetir un solo tipo de pensamientos, ni en la buena salud de los
habitantes de un campo de concentración disimulado en el trópico.
Se
debe hurgar en las entrañas de Hugo Chávez para descifrar la clave de la entrega
de un pueblo capacitado para labrar con autonomía su destino. Tal vez no
pretenda que lleguemos a los extremos de miseria y tristeza predominantes en
Cuba, pero desea gobernar como Fidel Castro, hasta el fin de sus días. En esas
anda desde hace seis años.
Fuente: El
Universal (Venezuela)
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