Han observado las profundas similaridades entre el Presidente y su predecesor Woodrow Wilson.
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Lunes, 16 de febrero 2026

Han observado las profundas similaridades entre el Presidente y su predecesor Woodrow Wilson.
Caroline B. Glick
En 1917, el vigésimo octavo presidente metía a las fuerzas norteamericanas en la Primera Guerra Mundial con la promesa de que una victoria aliada contra Alemania y sus aliados haría al mundo “seguro para la democracia”. La visión de Wilson de un mundo de posguerra estaba algo fuera de lugar en el contexto de la guerra que se estaba librando en los campos de muerte de Bélgica y Francia. Ni los Aliados ni las Potencias Centrales estaban librando la guerra por fines ideológicos. La guerra se estaba librando en su lugar para restaurar o desequilibrar de manera determinante el equilibrio de poderes entre los imperios europeos en Europa y más allá.
Pero Wilson tenía su visión. Mientras enviaba a 1.200.000 efectivos americanos a la guerra, nombraba un comité de 150 académicos para preparar la paz. En 1918 anunciaba su plan de 14 puntos para la era de posguerra. El último punto, que convocaba al establecimiento de un gobierno internacional con poderes para garantizar la soberanía y la independencia de cada nación, fue el único que Wilson sostuvo hasta sus últimas consecuencias. Cómo observaba el historiador Paul Johnson en su Historia del pueblo americano, Wilson “se obsesionó con convertir en realidad [su visión de la Liga de Naciones] como fórmula para un eventual sistema de gobierno democrático mundial, con América a la cabeza”. Era a través de la Liga de Naciones, creía Wilson, que la guerra se podía convertir realmente en la guerra para poner fin a todas las guerras.
LA MESIÁNICA VISIÓN DE WILSON fue duramente criticada por británicos y franceses, por sus detractores políticos nacionales que controlaban el Congreso, y por los miembros de su propia administración. Los franceses y los británicos, junto con el Senador Henry Cabot Lodge, que presidía el Comité de Relaciones Exteriores del Senado responsable de ratificar el Tratado de Versalles, todos pidieron una versión rebajada del plan. No podían ver ninguna ventaja en una organización que colocaría a Estados Unidos y sus aliados a la misma altura que Alemania. Tampoco podían entender el motivo de que una nación fuera a una guerra para proteger la integridad territorial de países sin influencia en sus intereses nacionales. Cabot Lodge tuvo objeciones específicamente a la disminución de la soberanía nacional norteamericana inherente a la noción de transferir del Congreso de los Estados Unidos a una entidad internacional el poder para comprometer fuerzas norteamericanas a una guerra.
Cabot Lodge y el Presidente francés George Clemenceau sugirieron que Estados Unidos limitase sus objetivos de garantizar la paz en Europa. Sugirieron la formación de una organización bastante al estilo de la Organización del Tratado Atlántico Norte, que desde su establecimiento en 1949 mantuvo la paz de Europa a lo largo de la duración de la Guerra Fría. Pero Wilson rechazó ceder y, como resultado, su visión salió derrotada. El Senado rechazaba el Tratado de Versalles y por tanto los Estados Unidos nunca ingresaron en la Liga de Naciones de Wilson. Por su parte, la Liga demostró ser incapaz de preservar, bien la paz o bien a sí misma.
En las elecciones presidenciales de 1920, Warren Harding ganaba holgadamente prometiendo apartar a América de los grandes designios de Wilson y devolverla a “su estado normal”. El “estado normal” de Harding se tradujo rápidamente en una política de aislacionismo. Los Estados Unidos cerraron sus puertas y aseguraron sus ventanas, bloquearon la inmigración e ignoraron al mundo mientras Alemania caía en la locura del fascismo y se ponía a las órdenes de un tirano entusiasmado con el dominio global.
Hoy, como entonces, la agenda de la libertad de Bush para el mundo musulmán se encuentra bajo ataque desde todos los sectores mientras los Estados Unidos pasan llamativamente a un estado aislacionista comparable. Conservadores preocupados por preservar la identidad cultural de América presionan para poner fin a la inmigración ilegal procedente de México. Los Demócratas, en concierto con el considerable grupo de seguidores del ex secretario de estado James Baker en el Partido Republicano y el Departamento de Estado, están defendiendo el final del apoyo norteamericano a sus aliados y partidarios en Irak, Israel y el Líbano, en favor del apoyo a los enemigos de Estados Unidos, Irán y Siria.
EXISTEN MUCHAS DIFERENCIAS entre las administraciones Bush y Wilson, pero tres destacan en particular. En primer lugar, al ignorar los verdaderos intereses de los Estados Unidos y sus aliados en favor de una paz utópica, la visión de paz de posguerra de Wilson era una ensoñación predicada desde el rechazo de la realidad. En contraste, al reconocer la amenaza que constituye la Jihad global para el Mundo Libre, Bush buscó sacar a Estados Unidos y sus aliados de su ensoñación colectiva de la realidad en los años 90 y obligarlos a tratar con el mundo tal como es. Pero mientras que la visión de Wilson no era realista, se le debe dar el crédito de su incesante devoción a ella. En contraste, Bush nunca estuvo completamente a la altura de su retórica visionaria con respecto a sus políticas reales. Y hoy, abandonado cada vez más por sus partidarios y minado por sus propios consejeros que rechazan su visión e insisten en volver al mundo de la fantasía, Bush ha abandonado aparentemente su propia doctrina de guerra y paz.
A LO LARGO DEL FIN DE SEMANA la Secretario de Estado Condolizza Rice afirmaba que la administración permanece unida en torno a su política de apaciguar al régimen iraní, que está capitaneando las guerras del terror en Irak, Afganistán, Israel, el Líbano y más allá. En palabras de Rice, “El Presidente de los Estados Unidos ha dejado claro que nos encontramos en un curso que es un camino diplomático [con Irán]. Ésa política es apoyada por todos los miembros del gabinete y por el vicepresidente de los Estados Unidos”. Las declaraciones de Rice no se pueden alinear con las declaraciones de Bush de su Discurso del Estado de la Unión de 2002 y discursos posteriores, donde anunciaba que uno de los principales objetivos de la guerra de los Estados Unidos contra la Jihad global es negar la capacidad de adquirir armamentos de destrucción masiva a regímenes criminales, específicamente Irán, Irak y Corea del Norte.
En palabras del presidente entonces, “Seremos directos, pero el tiempo no está de nuestra parte. No esperaré los acontecimientos mientras los peligros se acrecientan. No me quedaré de brazos cruzados mientras el peligro se aproxima cada vez más. Los Estados Unidos de América no permitirán que los regímenes más peligrosos del mundo nos amenacen con las armas más destructivas del mundo”. Pero después, desde los ataques del 11 de Septiembre, por cada paso retórico que ha dado el Presidente hacia la realidad, ha dado dos pasos políticos de vuelta a las ilusiones.
MIENTRAS DEFENDÍA el islam como religión de paz, la administración cortejó a los predicadores islámicos de la guerra. Tanto fue así que en el servicio de recuerdo post-11 de Septiembre en la National Cathedral, la administración invitaba a Muzammil Siddiqi a hablar por los musulmanes. Siddiqi, que encabeza una de las mayores mezquitas de Norteamérica, era el hombre que convirtió a Adam Gadahn, el Talibán americano, al islam. Como gerente del Círculo Islámico de Norteamérica, wahabí, el 28 de octubre de 2000, Sidiqi participaba junto con Abdulrahmán Alamoudi – ahora en prisión bajo cargos de terrorismo – en una concentración en los exteriores de la embajada israelí. Allí proclamó, “América tiene que aprender. Si permanece del lado de la injusticia, vendrá la ira de Alá”. Hasta su detención, Alamoudi dirigió la formación de los religiosos musulmanes en el ejército de los Estados Unidos. En el 2004, el Congreso iniciaba una investigación de los presuntos vínculos de la Sociedad Islámica de Norteamérica con grupos terroristas. Diversos miembros de su junta de dirección fueron detenidos y condenados por implicación en células terroristas.
Al apoyar a los líderes musulmanes religiosos radicales y organizaciones pro-Jihad en Estados Unidos en lugar de apoyar y reforzar a líderes y activistas musulmanes anti-Jihad, la administración Bush seguía un patrón que ha permanecido constante en todo el mundo. En lugar de apoyar a los musulmanes liberales, pro-americanos y pro-democracia, la administración apoya a los enemigos de América. En Irak, líderes como Mithal al-Alousi o Ahmed Chalabi fueron apartados en favor de baazistas tales como el ex Primer Ministro AIyad Allawi o títeres iraníes como el actual Primer Ministro Nouri al-Maliki.
EN CUANTO A los palestinos, bus ha optado por ignorar la implicación de Fatah en el terrorismo, su adoctrinamiento de la sociedad palestina en la Jihad y su colaboración estratégica con Hamas, la Jihad Islámica, Hezbolá, Irán y Siria. Al apoyar a Fatah, Bush bloqueó la posibilidad de que una directiva alternativa, liberal y democrática palestina pudiera emerger. El mismo patrón se ha sostenido en Egipto.
Mientras que el compromiso de Bush con el impulso a su objetivo estratégico declarado ha sido mucho más débil que el de Wilson, el peligro de abandonar la lucha hoy en favor del aislacionismo y el apaciguamiento es mucho mayor del que lo fue en los años 20. Mientras que el apoyo de Gran Bretaña al apaciguamiento y el aislacionismo bajo los gobiernos Baldwin y Chamberlain resultó ser un desastre para los británicos, que se encontraban a la cabeza de la lista de objetivos de Alemania, es plausible argumentar que el aislacionismo era una política sensata para América. No había ninguna amenaza alemana contra Estados Unidos en los años 20 o 30. La situación ahora es distinta.
La semana pasada, el asistente del director del FBI John Miller decía que la mayor parte de las 2176 órdenes de busca y captura aprobadas en el 2006 bajo la Foreign Intelligence Surveillance Act se utilizaron contra sospechosos de terrorismo dentro de los Estados Unidos. Tres días más tarde, el FBI anunciaba la detención de los miembros de una célula terrorista americana y caribeña se estaba planeando volar por los aires el Aeropuerto Internacional JFK. El mes pasado, el FBI detenía a una célula terrorista que planeaba atacar Fort Dix. Después está la Encuesta Pew de Musulmanes Americanos por debajo de los 30 años del mes pasado. La encuesta descubre que el 26% de los jóvenes musulmanes en América está seguro de que en los atentados suicida están justificados. Solamente el 40% cree que fueron árabes los que perpetraron los ataques del 11 de Septiembre.
La perspectiva histórica ha declarado responsables de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial al apaciguamiento sin escrúpulos y el aislacionismo irresponsable de los años 20 y 30. Mientras que el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad proclama que la cuenta atrás para el próximo Holocausto ha comenzado mientras emprende activamente la guerra contra Estados Unidos y sus aliados en todos los frentes disponibles, la catástrofe que seguirá a una recidiva del aislacionismo y el apaciguamiento americanos es innegable.
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