Política

Las vacaciones africanas de Condi

La Secretario de Estado norteamericana Condolizza Rice introducía una nueva variante en su administración superficial y destructiva de la política exterior norteamericana durante su visita relámpago al Cuerno de África el pasado miércoles.

Caroline B. Glick
El Cuerno de África es un lugar peligroso y estratégicamente vital. Los conflictos pequeños, que se suceden de continuo, pueden escalar con facilidad en grandes guerras. Los conflictos locales tienen aspectos regionales y globales. Todos los conflictos en este pequeño espacio que controla las rutas comerciales del Océano Índico al Mar Rojo pueden dar lugar potencialmente a conflagraciones regionales y en la práctica globales entre actores regionales enfrentados y potencias globales.

Emplazados en, y alrededor de, el Cuerno de África se encuentran los estados de Eritrea, Etiopía, Djibouti, Somalia, Sudán y Kenia. Eritrea, que logró la independencia de Etiopía en 1993 tras una guerra civil de 30 años, es una fuente importante de conflictos regionales. Eritrea tiene un importante conflicto fronterizo latente con Etiopía que podría encenderse con facilidad. Los dos países libraron una sangrienta guerra fronteriza de 1998 al 2000 por el control de la ciudad de Badme. Aunque una entidad asignada por la ONU determinó en el 2002 que la ciudad en disputa pertenece a Eritrea, Etiopía ha rechazado la conclusión y en consecuencia el conflicto campa a sus anchas.

Eritrea también libra una guerra a distancia contra Etiopía en Somalia en la región rebelde de Ogaden, en Etiopía. En Somalia, Eritrea es el principal patrocinador de la Unión de Tribunales Islámicos, vinculada a Al-Qaida, que en junio de 2006 tomaba el control de Somalia. En noviembre de 2006, el gobierno de la Unión anunciaba una jihad contra Etiopía y Kenia. Respaldada por Estados Unidos, Etiopía invadía Somalia el pasado diciembre para restaurar en el poder al Gobierno Federal de Transición reconocido que la Unión de Tribunales Islámicos había derrocado.

Aunque el ejército etíope depuso con éxito a la Unión en menos de una semana, respaldada por la masiva asistencia militar y financiera procedente de Eritrea así como por Egipto y Libia, la Unión ha emprendido una brutal insurgencia contra el gobierno legítimo y el ejército etíope a lo largo del último año.

LA VETERANA DIRECCIÓN DE LA UNIÓN, incluyendo a los jeques Hassán Dahir Aweys y Sharif Ahmed, ha recibido asilo en Eritrea. En septiembre, la exiliada directiva de la Unión celebraba una conferencia de 9 días en Asmara, capital de Eritrea, donde constituían la Alianza para la Reliberación de Somalia, encabezada por Ahmed.

El Presidente vitalicio de Eritrea, Isaias Afwerki, anunciaba el apoyo de su país a los insurgentes afirmando que, “El apoyo del pueblo de Eritrea al pueblo somalí es consistente e histórico, así como una obligación legal y moral”.

Aunque calificado de moderado en Occidente, Ahmed ha apoyado abiertamente la jihad y el terrorismo contra Etiopía, Kenia y Occidente. Aweys, por su parte, está en busca y captura por el FBI en relación con su papel en el atentado de las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania en 1998.

Después está el apoyo de Eritrea a los separatistas de Ogaden, en Etiopía. Los rebeldes de Ogaden son somalíes étnicos que viven en la región fronteriza entre Somalia y Kenia. La rebelión está encabezada por el Frente Nacional de Liberación Ogaden, que utiliza el terror y el sabotaje como métodos predilectos de conflicto. No solamente pone sus miras en las fuerzas etíopes y las instalaciones del ejército, sino en los locales que quieren conservar su alianza con Etiopía o alcanzar una resolución negociada al conflicto. En su ataque más sensacionalista hasta la fecha, en abril, las fuerzas del terror del Frente atacaban unas instalaciones petroleras de administración china, matando a 9 chinos y 65 etíopes.

Etiopía, por su parte, ha librado una brutal contrainsurgencia para restaurar su control sobre la región. Las organizaciones de derechos humanos acusan a Etiopía de violaciones masivas de los derechos humanos de civiles en Ogaden.

DESPUÉS ESTÁ SUDÁN. Como escribía Eric Reeves en el Boston Globe el sábado, “El brutal régimen de Jartoum, capital de Sudán, lleva 5 años orquestando un conflicto genocida de contrainsurgencia en Darfur, y ahora está en posición de reclamar la victoria en su horroroso asalto contra las poblaciones africanas de la región”.

El gobierno islamista de Omar Hasan Ahmed al-Bashir se niega a aceptar a estados no africanos como miembros de la misión híbrida de pacificación de la Unión Africana-ONU a Darfur que está previsto que reemplace a la fuerza de pacificación desmoralizada y sin rumbo de la Unión Africana, cuyo mandato expira el 31 de diciembre. Sin su componente de estados no africanos de la ONU, la fuerza asignada por mandato del Consejo de Seguridad de la ONU será incapaz de operar con eficacia. El veto de Jartoum llevaba a Jean-Marie Guehenno, subsecretario de pacificación de la ONU, a advertir el mes pasado que toda la misión de pacificación podría tener que ser abortada.

Y la región de Darfur no es la única en peligro. Debido al rechazo de Jartoum a cumplir los términos de su tratado de paz de 2005 con los sudaneses del sur, que puso fin a la guerra y el genocidio de 20 años de Jartoum contra las poblaciones cristianas y animistas de la región, la inestable paz se puede venir abajo. Teniendo en cuenta el evidente último esfuerzo de Jartoum hacia la victoria sobre la comunidad internacional con respecto a Darfur, hay pocos motivos para dudar de que una vez la victoria esté garantizada, renovará sus ataques contra el sur.

LOS CONFLICTOS EN EL CUERNO DE ÁFRICA tienen dimensiones regionales y globales. Regionalmente, Egipto ha jugado un papel central patrocinando y fomentando conflictos. La intervención de Egipto impulsa sus intereses evitando que las naciones africanas supongan un reto unificado a la herencia colonial de Egipto de derechos privilegiados al agua del río Nilo, que fluye a lo largo de todos los países de la región.

Globalmente, la región es un hervidero de actividad wahabí. Osama bin Laden estuvo afincado en Jartoum hasta 1995. La Unión de Tribunales Islámicos recibe apoyo no solamente de Eritrea, sino de la Liga Árabe y la Organización de la Conferencia Islámica. Así que las tentativas internacionales de poner fin al genocidio de Darfur también han sido desactivadas por la Liga Árabe y la Conferencia Islámica. Uno de los principales motivos de la reciente decisión norteamericana de destacar un mando militar en África es su estratégica importancia para las fuerzas de la jihad global. La mayor fuerza de los Estados Unidos en África se encuentra destacada en Djibouti.

Los esfuerzos internacionales por resolver los múltiples conflictos en la región no han tratado las raíces del conflicto y por tanto, hasta cuando tienen éxito, en general éste dura poco. Como demuestra la situación en el sur de Sudán y la frontera entre Eritrea y Etiopía, estos acuerdos solamente duran lo que alguna de las partes tarda en pensar que puede derrotar a la otra.

Más allá de eso, mientras los líderes norteamericanos y europeos han hablado con elocuencia de la necesidad de poner fin a la carnicería de Darfur y ayudar a los somalíes a establecer el orden, Washington y Bruselas han dejado claro que no tomarán ninguna acción efectiva para avalar sus declaraciones. En la práctica, incluso si Jartoum no estuviera trabajando activamente para socavar la misión de pacificación en Darfur, es difícil imaginar que la misión vaya a tener éxito realmente. Ningún miembro de la OTAN va a acceder a donar helicópteros a la misión de pacificación. Sin los helicópteros, las fuerzas de pacificación van a ser incapaces de cumplir su misión.

ESTE PANTANO REGIONAL DE GUERRAS y rivalidades constituía la semana pasada el escenario de la visita de un solo día de duración de la Secretario de Estado norteamericana Condolizza Rice a la sede de la Unión Africana en Etiopía. No está claro en absoluto qué es lo que esperaba lograr Rice visitando África. No trajo ningún plan para solucionar ninguno de los problemas de la región o sugerir nuevas maneras de enfocarlos siquiera. Aún más problemático es que Rice dedicase la mayor parte de su atención no a señalar a Eritrea y Sudán por su mal comportamiento, sino a atacar a Etiopía y presionar a los sudaneses del sur para que alcancen un acuerdo con Jartoum.

Parece bastante claro que las manos de Etiopía no están limpias en su gestión de la guerra separatista en Ogaden. Pero al mismo tiempo, está igualmente claro que Etiopía es el único estado entre las formaciones enfrentadas que ha intentado imponer algo parecido a un estado de derecho y alguna apertura en su sociedad fracturada y corroída por la guerra.

Más allá de eso, Etiopía es sin duda el aliado norteamericano más leal, estable, militarmente capaz y estratégicamente valioso de Estados Unidos en la región. Y aun así, en sus comentarios en público, Rice escogía a Etiopía para su censura exigiendo que restrinja sus operaciones a lo largo de su frontera con Eritrea. También pedía una retirada etíope de Somalia a pesar del hecho de que sabe que la Unión Africana no ha tenido éxito estableciendo una fuerza de pacificación a desplegar en el país que pudiera garantizar una paz. Rice se negaba a aceptar la posición de Etiopía de que el Frente Nacional de Liberación es una organización terrorista y se retractaba de las amenazas norteamericanas de septiembre de declarar a Eritrea estado patrocinador del terrorismo a pesar de su apoyo público a la Unión de Tribunales Islámicos, vinculada a Al-Qaida.

También entonces, aparte de declarar que no se debe despreciar el acuerdo de paz entre los sudaneses del sur y el gobierno de Jartoum, no ofrecía ningún consejo provechoso acerca de cómo evitar que eso no ocurra. Rice se abstenía de atacar a Jartoum por boicotear su visita, y al parecer bastaron unos cumplidos en su reunión con el líder de los meses del sur Pagan Amum.

LA AVENTURA DE RICE en el Cuerno de África dejó un gusto ácido. Su trato superficial de los profundos y peligrosos conflictos indica su falta de interés en una región estratégicamente vital. Aunque más problemático fue su abusivo trato hacia Etiopía. Al atacar al aliado norteamericano más firme al tiempo que trataba con guante de seda los conflictos reales que recorren la zona, Rice demostraba que en el Cuerno de África, su visión de su papel como principal diplomático norteamericano no es distinta a su percepción de su papel en Oriente Medio y Asia. Aparentemente, tal como Rice lo ve, el tiempo que le queda en el cargo está mejor empleado socavando a los aliados de América y dando carta blanca a sus enemigos.

El Primer Ministro etíope Meles Zenawi debería estar agradecido de que la atención de ella esté en otra parte.

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