Política

Más democracia por favor

Soy una elitista. El 80% de las decisiones críticas que afectan a Israel son tomadas por tal vez 100 o 200 personas, 300. Son mis clientes. Así se despachaba el profesor Yehezkel Dror, en su entrevista la semana pasada con el Jerusalem Post.

Caroline B. Glick

Así se despachaba el profesor Yehezkel Dror, el bocazas residente de la Comisión Winograd al que designó el Primer Ministro Ehud Olmert a dedo como consecuencia de la guerra de 2006 contra Hezbolá. Dror realizaba esta declaración en su entrevista la semana pasada con el Jerusalem Post.


 


En un artículo distinto en el Haaretz, Dror se explayaba en su temática. Explicaba que de estos 300 legisladores que toman decisiones a vida o muerte en Israel, “menos de una treintena” son funcionarios elegidos democráticamente. De manera que tal como lo ve Dror, menos del 10% de las personas que determinan el rumbo del país en los temas cruciales del momento son responsables ante el público. Y por él esto es aceptable.


 


En su entrevista con el Post, Dror explicaba que mientras que no le importa si la nación en conjunto lee todo el informe Winograd, los 300, legisladores no electos en su mayoría, “son las personas que quiero que lean el informe y lo debatan. El resto de la gente también quiero que lo lea, pero estoy más interesado en esos pocos cientos. Porque unos cuantos pueden marcar la diferencia“.


 


Teniendo en cuenta los prejuicios obvios de Dror, está claro que cuando decía al Ma´ariv que en su opinión impulsar el proceso democrático con los palestinos es más importante que expulsar a Olmert y sus colegas del poder a causa de su incompetencia, no se estaba dirigiendo a la opinión pública en general, la cual se opone a las políticas del gobierno Olmert-Livni-Barak hacia los palestinos. Se dirigía a sus correligionarios elitistas no electos que dirigen el país y apoyan sus políticas.


 


Dror decía, “Tenemos que pensar en las consecuencias [de expulsar del poder a Olmert]. ¿Qué prefiere usted? ¿Un gobierno encabezado por Olmert y [el Ministro de Defensa Ehud] Barak, o elecciones anticipadas que darán lugar a un gobierno encabezado por [el líder de la oposición y secretario general del Likud Binyamin] Netanyahu?


 


El “nosotros” al que se refería no era “nosotros, el pueblo del estado de Israel“. Era un “Nosotros, los izquierdistas no electos que gobernamos el país“.


 


El informe Winograd hace dibujos animados retóricos y lógicos por defender la gestión de Olmert de las últimas etapas de la guerra. Su afirmación central es la dudosa y pobremente argumentada afirmación de que la decisión de Olmert de lanzar una ofensiva de 60 horas sobre el terreno en el Líbano después de que el Consejo de Seguridad de la ONU hubiera aprobado unánimemente la resolución 1701 que fija los términos del alto el fuego no solamente fue razonable, sino inevitable. 33 soldados perdieron la vida en esa ofensiva, la cual la Comisión reconoce que no obedecía a ningún fin militar. La conclusión del informe no menciona por ninguna parte a los reservistas y a las afectadas familias que exigen la dimisión del gobierno y elecciones anticipadas.


 


TENIENDO EN CUENTA LA CONVICCIÓN DE DROR de que él, al igual que los demás miembros de la Comisión Winograd, forma parte de la élite gobernante en Israel, es importante discutir la inteligencia de las opiniones y percepciones de la realidad por parte de sus miembros, dado que se forman a partir de sus prejuicios políticos izquierdistas. Dror afirmaba que el apoyo de Olmert al llamado proceso de paz es una consideración seria” a la hora de determinar si se debe permitir a Olmert o no conservar el cargo a pesar de su fracaso obvio a la hora de dirigir el país en la guerra de 2006. Afirma además que su rica experiencia profesional, más que sus prejuicios ideológicos, le llevan a esta conclusión. ¿Pero respaldan los hechos su afirmación? ¿Y qué nos dicen los hechos de la sensatez de ser dirigidos por “profesionales” en lugar de por “políticos“? Hoy, Olmert y la Ministro de Exteriores Tzipi Livni llevan a cabo negociaciones “secretas” con los líderes de Fatah de cara a la creación de un estado palestino. En el curso de sus negociaciones están debatiendo la transferencia de la aplastante mayoría de Judea y Samaria, así como los vecindarios del norte, el sur y el este de Jerusalén, al control de Fatah. Los líderes de Fatah, incluyendo al rais de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbás, son apoyados por Olmert, Livni y sus colegas como socios de paz que han tomado la decisión de trabajar para vivir en paz con Israel.


 


Pero Fatah se encuentra entre los grupos que reivindicaron el atentado suicida de Dimona la semana pasada. Los medios dirigidos por Fatah elogian a los terroristas de Dimona como mártires. Las fuerzas de Fatah en Gaza se han integrado en gran número a las filas terroristas de Hamas. Las fuerzas de Fatah son responsables de una gran cantidad de los cohetes, los misiles y los ataques con morteros contra el Negev occidental. La mayor parte de las operaciones del ejército en Judea y Samaria ponen sus miras en células terroristas de Fatah, muchas de las cuales están dirigidas por Irán a través de Hezbolá. Hasta Estados Unidos, que pretende reconstruir las fuerzas de Fatah en una especie de gendarmería del contraterrorismo, está seguro de que reconstruirlas en forma de fuerzas contraterroristas costará entre 4.200 a 7.000 millones de dólares a lo largo de cinco años.


 


¿Es razonable apoyar un proceso diplomático con Fatah que transfiere el control de grandes porciones de Jerusalén y la mayor parte de Judea y Samaria a terroristas implicados públicamente en actos de guerra contra Israel y en concordato público con enemigos jurados de Israel? Olmert muestra la misma incompetencia que mostró hacia Hezbolá en el 2006 en su trato al bombardeo del sur de Israel desde Gaza hoy. ¿Le hace competente para seguir dirigiendo el país el hecho de que apoya este proceso diplomático con Fatah?


 


DESPUÉS ESTÁ la interpretación por parte de la élite israelí de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU. En calidad de representante de esa élite, la Comisión Winograd se deshacía en elogios al gobierno por la resolución que fija los términos del alto el fuego. Pero está lejos de estar claro porqué la 1701 es loable.


 


Bajo la 1701, Hezbolá ha reafirmado su control sobre el sur del Líbano. Bajo las narices de las fuerzas de UNIFIL a las que presuntamente la 1701 presta mandato, Hezbolá ha desplegado un completo arsenal de proyectiles antitanque en el sur para contrarrestar cualquier ofensiva del ejército sobre el terreno. También ha desplegado misiles y plataformas de lanzamiento de misiles en el sur. Haciéndose pasar por periodistas, los operativos de Hezbolá realizan misiones diarias de reconocimiento a lo largo de la frontera para evaluar los niveles de efectivos del ejército, las posiciones y las fortificaciones. Y bajo la 1701, Israel tiene prohibido tomar cualquier acción para mitigar esta creciente amenaza. Todo lo que puede hacer es quejarse a UNIFIL, que a su vez no hace nada.


 


¿Es por tanto razonable aplaudir al gobierno Olmert-Livni-Barak que ahora pretende negociar un acuerdo similar para el despliegue de fuerzas exteriores en Gaza? ¿Es “profesional” apoyar al gobierno en su pretensión de tener a Fatah extendiendo su control sobre la frontera de Gaza con Egipto? ¿Tiene sentido “profesional” impedir las elecciones anticipadas para proteger a un gobierno que pretende reforzar los niveles de tropas egipcias a lo largo de la frontera cuando el ejército egipcio — al igual que el ejército libanés desplegado en el sur del Líbano cerca de Hezbolá — en el mejor de los casos no hace nada y en el peor colabora con Hamas y sus correligionarios terroristas mientras se infiltran en Gaza con armamento avanzado suministrado por Irán?


 


Si la respuesta intuitiva estas preguntas es no, entonces esto nos dice algo profundamente preocupante acerca de la calaña de las elites de Israel, que al igual que los miembros de la Comisión Winograd, han cerrado filas en torno a Olmert porque está comprometido con entregar Judea, Samaria y Jerusalén a Fatah a cambio de una promesa vacía de paz en la que absolutamente nadie cree de verdad.


 


DROR OBSERVA acertadamente que muchos de los problemas de gobernación a los que Israel se enfrenta hoy son consecuencia de los jóvenes del país. Se necesitan más de 60 años para que una nación haga bien las cosas.


 


Pero el hecho es que la rendición de la autoridad por parte de Israel a elitistas imprudentes que no son elegidos democráticamente no es única. En Estados Unidos, la publicación del National Intelligence Estimate sobre Irán el pasado mes de diciembre ha sido caracterizada por el Wall Street Journal entre otros como un ataque a la autoridad presidencial por parte de funcionarios no electos del Departamento de Estado que no tienen que rendir cuentas al público a instancias de la oficina del Director de Inteligencia Nacional. Estos funcionarios – Thomas Fingar, Vann Van Diepen y Kenneth Brill – tienen reputación de ser profundamente partidistas y hostiles a los objetivos de la política exterior del Presidente George W. Bush, así como escépticos ante la amenaza planteada para la seguridad nacional norteamericana por parte del programa nuclear de Irán.


 


La semana pasada, el almirante Michael McConnell, Director de Inteligencia Nacional, intentaba controlar los daños que causó el NIE a los esfuerzos norteamericanos por evitar que Irán logre bombas reales. El párrafo de apertura de motivación abiertamente política del NIE, que afirma que Irán suspendió su programa de armamento nuclear en el 2003, dio poder a Irán y mandó al traste los esfuerzos norteamericanos por levantar una coalición internacional contra Irán, de lo cual no se ha recuperado.


 


Mientras emergen noticias acerca de la instalación de centrifugadoras avanzadas para enriquecer uranio en su planta nacional por parte de Irán, McConnell testificaba ante el Comité de Inteligencia del Senado y afirmaba que los iraníes podrían intentar hacerse con una bomba nuclear antes de 2009. Pero su testimonio no encajaba con la labor “profesional” realizada por sus colegas no electos. No recibió sino una fracción de la cobertura informativa de la que disfrutó el NIE. Y no está claro que sus declaraciones vayan a afectar a las probabilidades de ratificar una nueva resolución de sanciones rebajada contra Irán en el Consejo de Seguridad.


 


LO QUE LA EXPERIENCIA DE ISRAEL con la Comisión Winograd y sus élites no elegidas democráticamente, y lo que la experiencia norteamericana con el NIE y sus élites no elegidas democráticamente, demuestra con bastante claridad es que contrariamente a las afirmaciones de Dror y sus elitistas colegas, no es la presencia o la ausencia de “profesionales” en el nivel legislativo lo que determina si se adoptan o no políticas inteligentes. Lo que determina si se adoptan o no buenas políticas es si las ideologías sostenidas por los líderes concurren con la realidad o si se enfrentan con ella, y si los líderes son o no hombres y mujeres de integridad intelectual y personal.


 


Más allá de eso, la experiencia de ambos países demuestra que una y otra vez, la opinión pública abandona con mucha mayor rapidez las ideologías fracasadas que los elitistas que dirigen al tiempo que evitan rendir cuentas en nombre del profesionalismo.


 


Con el debido respeto a Dror y sus colegas en Israel y los homólogos de América, necesitamos muchos menos “profesionales” que nos imponen sus agendas ideológicas en nombre del “profesionalismo“. Necesitamos garantizar que aquellos que toman las decisiones que determinan asuntos cruciales son transparentes ante la opinión pública y no elitistas imprudentes en general a los que nadie ha elegido.

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