Política

¿Es Livni la respuesta?

La toma del control de la frontera el miércoles por parte de Hamas no fue sino la más reciente escalada de la campaña de los palestinos por tener el control de la frontera internacional.

Caroline B. Glick
El Presidente egipcio Hosni Mubarak celebraba el martes su primera conversación telefónica de la que se tiene constancia con su homólogo iraní, el Presidente Mahmoud Ahmadinejad. Su conversación fue una señal de la creciente intimidad en las relaciones egipcio-iraníes después del National Intelligence Estimate norteamericano de noviembre acerca del programa de armamento nuclear de Irán. Según las informaciones de los medios, los dos discutieron la situación en Gaza.

Su conversación tuvo resultados inmediatos. El miércoles Mubarak permitía a Hamas tomar el control de la frontera internacional entre Egipto y Gaza. Centenares de miles de habitantes de Gaza atravesaban en tropel la frontera. Mubarak mantenía su fe en Ahmadinejad incluso después de que Estados Unidos empezase a exigir la tarde del miércoles que recuperase el control egipcio sobre la frontera. La noche del miércoles Mubarak decía que la frontera permanecería abierta.

La toma del control de la frontera el miércoles por parte de Hamas no fue sino la más reciente escalada de la campaña de los palestinos por tener el control de la frontera internacional. Esta campaña lleva en marcha desde que Israel se retirase en el 2005 y escalaba marcadamente después de que Hamas tomase el control de Gaza el pasado junio.

Muchos afirman que el objetivo de Hamas de unir Gaza con el resto del mundo árabe abriendo su frontera con Egipto es bueno para Israel porque permite a Israel desentenderse por completo de Gaza. Y hay cierta verdad en esta afirmación. Con una frontera abierta con Egipto, los habitantes de Gaza serán mucho menos dependientes de Israel. En cierta medida esto podría ayudar a Israel a liberar de presión internacional por continuar apoyando a Gaza proporcionando a su población partidaria de Hamas electricidad, combustibles, comida y oportunidades de trabajo.

Pero ese no es el principal significado de la maniobra. Financiado y dirigido por Irán y Siria, Hamas no está interesado en tener vínculos con Israel. Los objetivos a corto plazo son poner fin a su aislamiento diplomático en Occidente y obligar a Fatah a aceptar su control sobre Gaza y reinstaurar negociaciones abiertas hacia el restablecimiento de un gobierno de unidad entre Hamas y Fatah. Sus objetivos a medio plazo implican extender su control sobre Gaza hasta Judea y Samaria y después unificar las orillas oriental y occidental del río Jordán desbordando la frontera con Jordania de la misma manera que asumió el control de la frontera de Gaza.

Por su parte, en vísperas de la toma del control fronterizo de Hamas el miércoles y sus consecuencias, Fatah ha demostrado ser completamente incapaz de influenciar los acontecimientos, ya sea en Gaza o en Judea y Samaria. A pesar de sus masivos recursos financieros, ha sido incapaz en cualquier sentido de rebajar la popularidad de Hamas en Gaza. Ha sido incapaz de impedir que sus propias fuerzas en Gaza se integren con Hamas. Ha sido completamente incapaz de reducir drásticamente la creciente popularidad de Hamas en Judea y Samaria.

La toma de control fronterizo de Hamas estaba sincronizada para tener lugar al mismo tiempo que los líderes de Hamas se reunían con sus homólogos jihadistas palestinos libaneses en la conferencia anti-paz de Damasco. La conferencia, celebrada bajo auspicios sirios e iraníes, iba a celebrarse al mismo tiempo que la conferencia de paz de la Secretario de Estado norteamericana Condolizza Rice en Annapolis. Pero puesto que el Departamento de Estado decidía invitar a Siria a esa conferencia, Damasco decidía retrasar su conferencia anti-paz hasta esta semana. El líder de Fatah Mahmoud Abbás acudía a Siria en las últimas semanas para suplicar al Presidente sirio Bashar Assad que cancelase el cónclave, organizado para evidenciar la debilidad de Fatah y su impopularidad, pero su apelación fracasó.

A estos efectos, también vale la pena notar que la respuesta de Fatah a la erosión de su poder ha sido intensificar su apoyo a la jihad. Sus emisiones en televisión y radio son indistinguibles de las de Hamas. Sus fuerzas de seguridad en Judea y Samaria toman parte activamente en el terrorismo contra Israel. Sus fuerzas residuales en Gaza son integrantes en toda regla de los ataques con morteros y misiles contra el Negev occidental.

EL SIGNIFICADO ESTRATÉGICO de la toma fronteriza de Hamas escapó claramente a la atención de la Ministro de Exteriores Tzipi Livni. En su discurso ante la Conferencia de Herzliya el martes, Livni hablaba como si Hamas simplemente se hubiera esfumado. La víspera de que Egipto rindiese el control de su frontera con Hamas, Livni afirmaba que “en el mundo árabe nadie quiere dar a Hamas tener éxito”.

Livni pasaba entonces a justificar las negociaciones que está llevando con Ahmed Qurei, de Fatah, de cara a una entrega israelí de Judea, Samaria y Jerusalén, afirmando que negociando regalos territoriales israelíes masivos, está evitando que el conflicto palestino con Israel se convierta en un conflicto religioso. Por separado también afirmaba que el conflicto de Israel con Irán no está relacionado con su conflicto con los palestinos.

Todas las declaraciones de Livni son falsas de manera patente. Discutir la rendición de Judea, Samaria y Jerusalén a Fatah no debilita a Hamas. Refuerza a Hamas. Tanto si las conversaciones tienen éxito, en cuyo caso Hamas se hará con el control de Judea, Samaria y Jerusalén antes que Fatah en el mismo momento en que Israel se retire, como si las conversaciones fracasan, en cuyo caso Hamas dirá que ello simplemente viene a demostrar que no hay nada de lo que hablar con Israel, a continuación reunificará sus fuerzas con Fatah e incrementará su subversión de los ciudadanos árabes de Israel. En cada uno de los casos, con su visión clara de reemplazar a Israel con un califato islámico, Hamas sale como claro ganador.

La aserción de Livni de que Irán no guarda relación con los palestinos es ridícula de la misma manera. Livni formaba parte del gobierno de Ariel Sharon en enero de 2002 cuando los mandos navales israelíes interceptaban el buque iraní Karine A en el Mar Rojo. Era un barco comprado por Fatah, llenado de armamento iraní rumbo a las fuerzas de Fatah. Estaba tripulado por oficiales de Fatah y conducido por marineros de Fatah. Livni estaba presente cuando se tomó la decisión de utilizar las claras relaciones de Fatah con Irán como motivo para no llevar a cabo negociaciones con el grupo.

Y por supuesto, Irán es hoy el principal patrocinador de Hamas. Y su patrocinio a Hamas está facilitando la apuesta de Irán por garantizar el apoyo árabe a su guerra contra Israel y Estados Unidos. De modo que la provisión de Livni de que Irán no guarda relación con los palestinos es tan ridícula como peligrosa.

La defensa de Fatah y de las continuas rendiciones territoriales israelíes a los palestinos por parte de Livni es idéntica a la de su jefe Ehud Olmert. También en ese caso, su despreciativo trato hacia la amenaza que procede del continuo control de Gaza por parte de Hamas, al igual que su despreciativo trato hacia el refuerzo de Hezbolá en el Líbano y la importancia de la retirada de los Estados Unidos del raciocinio estratégico de cara a Irán como consecuencia del NIE, no son en absoluto diferentes a los de Olmert.

ES IMPORTANTE OBSERVAR ESTE HECHO porque en víspera de la publicación del informe final del Comité Winograd sobre la segunda Guerra del Líbano, Olmert pende de un hilo. La publicación esta semana de una carta abierta de 50 mandos reservistas exigiendo esencialmente que Olmert dimita tras conocerse el informe es un aperitivo de los llamamientos públicos a su dimisión desde la oficina que van a recorrer el país empezando el 31 de enero.

Mientras que los líderes de la izquierda radical en Paz Ahora, el Meretz y el Haaretz vienen apuntalando la apuesta de Olmert por permanecer en el poder y lanzar campañas de difamación contra todas las fuerzas que se arremolinan en su contra, el hecho es que incluso sus más ardientes partidarios saben que será difícil proteger a Olmert del público una vez se difunda el Informe Winograd. En consecuencia, importantes figuras de la izquierda, en el Laborismo y el Kadima, están buscando desesperadamente formas de obligar a Olmert a abandonar el poder y reemplazarlo por Livni.

Livni escapó de la cólera del público con motivo de las consecuencias de la fracasada guerra de 2006 contra Hezbolá. Durante la guerra asumió un segundo plano con respecto a Olmert y después con respecto al ministro de defensa Amir Peretz, raramente compareciendo en público. Pero desde el inicio de la guerra, Livni encabezó la campaña diplomática por un alto el fuego. Y su campaña fue imperfecta y fracasó — en la misma medida, y en la práctica más que la campaña militar.

Livni inició sus maquinaciones diplomáticas con dos premisas incorrectas. En primer lugar, asumía que Israel no podía derrotar militarmente a Hezbolá. Como resultado, desde el inicio mismo se opuso a cualquier escalada de la campaña de Israel en el Líbano. El segundo, estaba segura de que la comunidad internacional accedería a combatir a Hezbolá en lugar de Israel. Como resultado trabajó a marchas forzadas por obtener una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU amparada en el Capítulo VII — es decir, legalmente vinculante — instituyendo una fuerza así.

La negativa del gobierno a autorizar un asalto puntual sobre el terreno en el Líbano garantizó que Israel no derrotaría a Hezbolá. La fe de Livni en que la comunidad internacional estaría interesada en combatir a Hezbolá condujo a Israel a convertirse en el principal defensor de UNIFIL, que tanto antes como después de la guerra ha servido de escudo para Hezbolá contra Israel.

Y aún así, las habilidades diplomáticas de Livni ni siquiera pudieron asegurar su limitado e incorrecto objetivo de asegurar una fuerza internacional fuerte y vinculante en el sur del Líbano. En su libro La rendición no es una opción, el ex embajador norteamericano ante la ONU John Bolton escribía que la víspera de la votación de la resolución 1701 en el Consejo de Seguridad, la cual fija los términos del alto el fuego, Livni se quejaba a Rice, “Has abandonado el alto el fuego, has abandonado el Capitulo VII, has abandonado las granjas de Shaba, ahora dinos porqué debemos suscribir la resolución”.

Pero por supuesto, cuando al día siguiente la resolución era aprobada de manera unánime en el Consejo de Seguridad, Livni se apresuraba a maquillarla de éxito estratégico. Y desde ese momento, a pesar del hecho de que bajo la 1701 Hezbolá se ha rearmado y reafirmado su control sobre el sur del Líbano; ha paralizado al gobierno libanés; y expandido su influencia sobre el ejército libanés e intimidado a UNIFIL, Livni sigue sosteniendo la resolución como prueba de su propia competencia. Y aún tiene que rendir cuentas en esto.

En su propio discurso el miércoles en Herzliya, Olmert intentaba silenciar a sus críticos de la incompetente respuesta de su gobierno a la toma de control de Gaza por parte de Hamas. Olmert argumentaba que “Si la tranquilidad imperante en el norte prevaleciese hoy en el sur del país, ¿estaríamos ocupados con un recuento diario de la cifra de proyectiles y misiles que seguirían amontonándose allí?” Es decir, en opinión de Olmert, la naturaleza tanto de Hezbolá como de Hamas, sus vínculos con Irán y Siria, y sus emergentes arsenales no son importantes. Lo único importante es si ahora mismo están disparando contra Israel. Y la opinión de Livni es igual de indignante.

En su discurso el jueves en Davos, Livni proclamaba que la amenaza que Irán plantea a la seguridad global no se deriva de su programa de armamento nuclear y su apoyo al terrorismo, sino de su oposición a las negociaciones de ella con Qurei. Livni era citada declarando, “Irán es una amenaza global que amenaza el proceso de paz”.

La incompetencia del gobierno Olmert-Livni ha acarreado una situación en la que Israel es amenazado por satélites iraníes desde tres flancos. Su vacilación diplomática en el programa nuclear de Irán ha conducido una situación en la que Israel se encuentra solo frente al Proyecto Manhattan de Irán. Su vacilación diplomática ante la toma de control de Gaza por parte de Hamas ha conducido a la disposición por parte de círculos cada vez mayores de diplomáticos y legisladores occidentales a reconocer al movimiento jihadista como jugador legítimo en la región. Sus fracasos diplomáticos durante la guerra contra Hezbolá permitieron que Hezbolá saliera de la guerra diplomáticamente reforzado y posicionado para volver a provocar la guerra cuando quiera que Irán le ordene hacerlo.

La publicación del informe del Comité Winograd tendrá potencial por fin pará poner fin a la presidencia de Olmert. Pero si la modificación política post-Winograd se limita a reemplazar a Olmert por Livni, Israel no saldrá mejor parado.

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