Política

La última risa de Habash

¿De dónde viene el fanatismo árabe? ¿Viene de la mezquita? ¿O viene del rechazo por parte de sus objetivos declarados a clausurar la mezquita? La muerte por causas naturales de George Habash el 26 de enero indica claramente que este último es el caso.

Caroline Glick

¿De dónde viene el fanatismo árabe? ¿Viene de la mezquita? ¿O viene del rechazo por parte de sus objetivos declarados a clausurar la mezquita? La muerte por causas naturales de George Habash el 26 de enero indica claramente que este último es el caso.




Habash, fundador y comandante del Frente Popular para la Liberación de Palestina fue un asesino de masas repugnante y fanático. Las especialidades terroristas de Habash incluyeron el secuestro de aviones comerciales, el secuestro de rehenes, masacres, asesinatos y atentados suicida. Lejos de ser un supremacista islámico, Habash era cristiano.




Una de las tácticas características de Habash fue el uso por su parte de “selecciones” de estilo Nazi. Después de que sus hombres secuestrasen un avión de pasajeros, caminaban entre los rehenes separando a judíos de no judíos, o en ocasiones a los judíos y a los americanos de los no judíos y no americanos. En ocasiones permitían ir a los no judíos y no americanos y se quedaban como rehenes a los judíos y los americanos.




Habash no fue simplemente un enemigo jurado del pueblo judío, de Israel y Estados Unidos. También era el enemigo de los hachemitas de Jordania. En agosto y septiembre de 1970 Habash protagonizó cinco sensacionales secuestros de aviones comerciales. La aviación secuestrada y sus rehenes judíos fueron enviados a Jordania. Los secuestros de Habash fueron un pilar central de la campaña de la OLP — respaldada por Irak y Siria — encaminada a derrocar a la dinastía hachemita en el poder y reemplazarla por un estado palestino comunista satélite de los soviéticos. Los objetivos de la OLP solamente se vieron frustrados porque Israel respondió a las peticiones de ayuda del Rey Hussein e impidió que sirios e iraquíes invadieran Jordania.




En lugar de ahorcar a Habash, Jordania le concedió asilo. Habash no fue enterrado en una tumba anónima. Miles asistieron a su funeral y le elogiaron como héroe por su masacre de israelíes y judíos. Y esto 13 años después de que Jordania firmase el acuerdo de paz con Israel.




LA EVASIÓN DE
LA JUSTICIA POR PARTE DE HABASH a causa de sus crímenes es típica. En su primer mandato en el cargo, el Presidente George W. Bush se manifestaba contra esta dura realidad de no rendir cuentas al aludir a ello como “el fanatismo blando de las bajas expectativas“. Bush prometía trabajar para reemplazar el fanatismo y la tiranía árabe, que alimentan el fanatismo y apoyar al terror, con la tolerancia y la libertad.




Seis años más tarde, Bush no solamente ignora sus propias palabras, sino que las socava recompensando a regímenes y sociedades que le mienten y sistemáticamente rompen sus propias promesas.



El ejemplo prototípico es el rais de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbás. En su discurso del Estado de la Nación la semana pasada, Bush elogiaba a Abbás como “un líder que reconoce que hacer frente al terror es esencial para lograr un estado en el que su pueblo pueda vivir con dignidad y en paz con Israel“.




Pero dos días antes de que Bush pronunciase esas alabanzas, Abbás declaraba tres días de luto por la muerte de Habash en la Autoridad Palestina y ordenaba que las banderas fueran izadas a media asta durante todo el período de luto. Abbás se refería a Habash como “un líder histórico” y declaraba su muerte “una gran pérdida para la causa de los palestinos y para el pueblo palestino por el que luchó durante 60 años“.




En lugar de pedir cuentas a Abbás y sus colegas por enarbolar como héroes a asesinos de masas, Bush insiste en que se les debe conceder un estado antes de que abandone el cargo. Y el mes pasado la Secretario de Estado Condolizza Rice ponía los medios para la conferencia internacional de donantes de París en la que la comunidad internacional prometía 7.400.000.000 dólares en asistencia financiera a Abbás y su gobierno adorador de Habash y de Arafat.




LA POLÍTICA NORTEAMERICANA
DE IGNORAR LA CULPABILIDAD ÁRABE se extiende mucho más allá de Jordania y la Autoridad Palestina. Las políticas norteamericanas hacia Siria y Arabia Saudí ilustran la extensión del problema. Siria apoya y se involucra en el terror, fabrica armas de destrucción masiva, permite que los terroristas y las armas del terror transiten por su territorio de camino a Irak y el Líbano y se ha permitido convertirse en un protectorado iraní. Pero Estados Unidos invitaba a Siria a la conferencia de Annapolis y está planeando vender a Siria ordenadores de doble uso.




Arabia Saudí apoya a Hamas y a al-Qaida. Está fomentando sus vínculos con Irán. Financia el adoctrinamiento jihadista por todo el mundo. Rechaza incrementar su producción petrolera para estabilizar la economía mundial. Y no tiene ningún derecho humano del que presumir. Pero la administración elogia a los saudíes como moderados y el Congreso está dispuesto a aprobar la venta de armamento avanzado por valor de 20 mil millones de dólares, incluyendo bombas dirigidas, a Arabia Saudí.




DE VUELTA EN LOS TIEMPOS EN LOS QUE Habash estaba secuestrando aviones, había una jerarquía que no cedía a su extorsión. A la cola se encontraban los británicos, que insistían en ceder. Después estaban los americanos, que pensaban que los británicos no debían rendirse a menos que fuera absolutamente necesario. Finalmente estaban los israelíes, que decían que nunca se debía negociar con terroristas. Punto.




30 años más tarde, los británicos están concediendo cheques de la seguridad social extra a los polígamos por cada esposa nueva. Los americanos están defendiendo a estados terroristas, e Israel es demasiado tibio para implementar sus propias leyes hacia la minoría árabe.



El gobierno Olmert no solamente no consideró nunca exigir a Abbás disculpas por conmemorar a Habash. El gobierno de Olmert ni siquiera supo considerar la necesidad de condenar la decisión de tres diputados árabes israelíes, Ahmed Tibi, Jamal Zahalka y Wasal Taha, de viajar a Ammán a participar en el entierro de Habash. Allí rindieron honores al hombre que secuestró el avión de pasajeros de Air France con destino a Entebbe en 1976.



Esta no es la primera vez que los tres han actuado de una manera obviamente traidora. En septiembre de 2006, apenas un mes después de la guerra de Israel con Hezbolá, Zahalka y Taha viajaban a Beirut con el ex diputado Azmi Bishara, que lleva suspendido desde el pasado abril tras haber sido procesado por espionaje para Hezbolá durante la guerra. Tibi por su parte ha servido abiertamente como agente de la organización terrorista Fatah desde 1994.



Los legisladores israelíes acompañaron su viaje a Ammán de un servicio en recuerdo de Habash en Lod, su ciudad natal, donde exigieron que fuera vuelto a enterrar. El significado de Lod en la vida de Habash no se limita al hecho de que naciera allí. En 1972, Habash ordenaba la masacre del aeropuerto de Lod, que finalizaba con 27 israelíes muertos.



El apoyo de los legisladores árabes a un enemigo jurado del país cuyas leyes prometieron defender llegaba justo antes de su llamamiento esta semana a una huelga árabe a escala nacional. La nueva excusa de los líderes árabes de Israel es la decisión del fiscal general Menachem Mazuz de no procesar a la policía por sus acciones en la contención de los disturbios árabes de octubre de 2000 durante los que 13 alborotadores perdieron la vida.



Mazuz, que normalmente se queda completamente satisfecho de apaciguar a los líderes árabes de Israel, tiene obstáculos en este caso a causa de la ausencia de cualquier prueba física para procesar a los funcionarios de la policía en concepto de utilizar demasiada fuerza para contener a los alborotadores, que les estaban lanzando bombas incendiarias y provocaron daños masivos a la propiedad al tiempo que ponían las miras de su ataque en los israelíes judíos.



EL MOTIVO DE QUE NI SIQUIERA Mazuz pueda procesar a nadie en la instrucción de los diputados árabes es que las familias de los 13 rechazan cooperar con los investigadores del gobierno. Se niegan a permitir las autopsias de los fallecidos. Se niegan a responder al interrogatorio de las autoridades israelíes. Como declaraba a Ynet el Ministro de Justicia, “En un estado respetuoso con la ley, uno no extiende órdenes de procesamiento basándose en especulaciones e intuición. Hay un Derecho criminal, que estipula claramente las condiciones estrictas del procesamiento, que se aplican a todo el mundo en todos los casos“.



EL OBJETIVO DE LOS LÍDERES ÁRABES ISRAELÍES aquí está claro. Al actuar de manera despreciativa hacia las leyes israelíes y los funcionarios de las fuerzas del orden al tiempo que fomentan el odio y la inquietud social, los líderes árabes israelíes pretenden alcanzar el punto en el que cualquier tentativa por parte de las autoridades israelíes de aplicar las leyes institucionales a los judíos israelíes y los árabes israelíes por igual sea percibida como violación de los derechos humanos de los israelíes árabes. La noción misma de que los judíos tienen el derecho a hacer valer sus derechos como los árabes es el principal objetivo de sus acciones. Y, al igual que Habash con las autoridades jordanas y Abbás, Siria y Arabia Saudí con todo el mundo, a los líderes árabes de Israel no se les está pidiendo cuentas por sus acciones.



El único sitio en el que vemos a líderes árabes actuar con algo parecido a la transparencia es Irak. Allí, con vistas a la ofensiva anticipada norteamericana e iraquí en Mosul, los líderes iraquíes se unían a los mandos militares americanos en la ciudad y prometieron purgarla de terroristas. Cada día las fuerzas militares iraquíes allí están combatiendo a al-Qaida y las demás fuerzas terroristas con una perspicacia y un compromiso que solamente crece a lo largo del tiempo.




El motivo de la disparidad es que Irak es hasta ahora la única sociedad árabe a la que se le ha concedido una oportunidad real de libertad. Y con la posibilidad viene la responsabilidad.




Ese es el truco. En el nombre de los derechos árabes, los tiranos árabes, ya sean terroristas como Habash o Abbás o sátrapas como Bashar Assad o el Rey Abdaláh o Saddam Hussein, se borra la noción de derechos individuales y con ella, las responsabilidades individuales. Y en nombre de la tolerancia, los valores progresistas y la paz, israelíes y americanos simulan que a los árabes no se les puede responsabilizar de sus acciones, porque hacerlo solamente les enfurece y les envía a los brazos de los fanáticos.




Pero es la falta de responsabilización lo que hace eso. Es el doble rasero, que el “fanatismo blando de las expectativas bajas” argumenta en contra de la aplicación de las leyes y normas internacionales por igual a los árabes, lo que inculca en ellos el desprecio a Israel y Occidente. Y es ese desprecio lo que cultiva el fanatismo. Ya maten en nombre del comunismo soviético como hacía Habash o en nombre de Alá como hacen sus amigos de Hamas, Fatah, Hezbolá o al-Qaida, a los terroristas se les debe detener por lo que hacen. Es nuestra disposición a ver a personas como Habash fallecer de viejos en sus casas lo que transmite a la gente que matar es aceptable.

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