Política

El talón de Aquiles del mundo libre

Tony Blair es el mejor amigo de Israel en Europa. Es el mejor amigo de Israel en Europa porque, en contraste con todos sus demás colegas en Gran Bretaña y la UE, Blair reconoce por lo menos que la jihad global es una amenaza para el mundo libre y que el precio de no luchar contra las fuerzas de la jihad es la pérdida de nuestras libertades.

Caroline Glick
El Primer Ministro de Gran Bretaña Tony Blair es el mejor amigo de Israel en Europa. Y no es mucho decir.

Inmediatamente después de los ataques del 11 de septiembre del 2001 contra Estados Unidos, Blair fue instrumental a la hora de convencer al Presidente norteamericano George W. Bush de ver la jihad de los palestinos contra Israel como un conflicto completamente desvinculado de la jihad global. Su éxito a la hora de convencer a Bush de esta distinción convirtió la opinión antisemita – por no decir estratégicamente desastrosa – de que los terroristas que matan israelíes deben ser tratados de modo distinto a los terroristas que matan a los demás en uno de los fundamentos cognitivos de la guerra norteamericana contra el terrorismo islámico. Este fundamento fue enunciado por primera vez en el discurso del 20 de septiembre de Bush ante una sesión conjunta del Congreso, donde identificó a “todo terrorista con alcance global” – es decir, todo terrorista que no forme parte de la Autoridad Palestina – como enemigo de los Estados Unidos.

Más tarde, Blair fue la principal fuerza tras la maniobra de Bush de abandonar las directrices para tratar con los palestinos enunciadas en su discurso del 24 de junio del 2002. En ese discurso, Bush estipulaba que los palestinos tienen que transformarse de sociedad que apoya el terror en sociedad que combate el terror, para poder recibir el apoyo norteamericano al estado palestino.

Poco después de que Bagdad cayera frente a las fuerzas de la coalición en abril del 2003, Blair convenció a Bush de aceptar el plan de hoja de ruta para el estado palestino. La hoja de ruta, que en la práctica fija el apoyo norteamericano al estado palestino al margen del terrorismo palestino y el fundamentalismo, representa el abandono total de las posturas que Bush fijaba en su discurso del 24 de junio del 2002.

Durante su visita a la región esta semana, manteniendo su estudiada costumbre, Blair ignoró el hecho de que el gobierno de Hamas que salió elegido para encabezar la Autoridad Palestina respaldada por Irán fue elegido por una gran mayoría de palestinos. Ignoró el hecho de que el rais de la AP Mahmoud Abbás ha pregonado el apoyo al secuestro y la prolongación del cautiverio de Gilad Shalit y la continuación de la guerra de terror contra Israel. Ignoró el hecho de que en lugar de trabajar para desbancar al gobierno de Hamas, Abbás ha pedido a Hamas que permita a Fatah ingresar en el gobierno.

Para este fin, Abbás ha aceptado las directrices políticas de Hamas rechazando la posibilidad de reconocer el derecho de Israel a existir y comprometiendo a todos los palestinos a unirse en la guerra contra Israel. Ignorando estos hechos inconvenientes, Blair pedía al gobierno Olmert-Livni-Peretz renovar las negociaciones con Abbás utilizando como base la hoja de ruta.

Y aún así, con todo esto, Tony Blair es el mejor amigo de Israel en Europa. Es el mejor amigo de Israel en Europa porque, en contraste con todos sus demás colegas en Gran Bretaña y la UE, Blair reconoce por lo menos que la jihad global es una amenaza para el mundo libre y que el precio de no luchar contra las fuerzas de la jihad es la pérdida de nuestras libertades.

Dentro de poco, el amigo europeo más próximo a Israel abandonará la escena mundial tras ser despedido en la práctica por su propio Partido Laborista la semana pasada. Los comentaristas políticos británicos afirman que las probabilidades de que Blair logre conservar los controles del poder como figura representativa durante los próximos 12 meses, según afirmaba él, son escasas. Más probablemente, abandonará el 10 de Downing Street en cuestión de meses.

Los dos hombres con mayores probabilidades de suceder a Blair – el Canciller Gordon Brown y el líder Tory David Cameron – serán más parecidos al Presidente francés Jacques Chirac que a Blair en sus posturas hacia Estados Unidos e Israel. Éste es el caso primero y principalmente porque es lo que el pueblo británico espera de ellos.

La antipatía británica hacia Estados Unidos e Israel quedaba claramente en evidencia en una encuesta de opinión publicada el 6 de septiembre en el Times of London. La encuesta informaba de que el 73% de los británicos está seguro de que la política exterior de Blair y especialmente “su apoyo a la invasión de Irak y su rechazo a la exigencia de un alto el fuego inmediato por parte de Israel en la reciente guerra contra Hezbolá han incrementado significativamente el riesgo de ataque terrorista contra Gran Bretaña”.

Más del 62 % afirmaba que “para reducir el riesgo de ataque terrorista contra Gran Bretaña, el gobierno debe cambiar su política exterior, en particular distanciándose de América, siendo más crítico contra Israel, y anunciando un calendario de retirada de Irak”.

El día después de que la encuesta fuera publicada, Blair anunciaba que dejaría el cargo en el plazo de un año.

Asimismo, el 7 de septiembre, un comité de miembros del Parlamento difundía un informe sobre el antisemitismo en Gran Bretaña. El comité, compuesto de miembros de todos los partidos, concluye que desde que comenzase la jihad de los palestinos contra Israel en el 2000, el antisemitismo en Gran Bretaña se ha convertido en un fenómeno común. Los ataques contra judíos en Gran Bretaña alcanzaron el máximo a lo largo del verano.

En su antiamericanismo y antisemitismo, por supuesto, los británicos no son distintos de sus compañeros continentales. Y la situación en Europa es alarmante. Escribiendo en Frontpage esta semana, el experto en temas islámicos Andrew Bostom informaba de que en noviembre del 2005, Stephen Steinlight, exdirector de educación del US Holocaust Memorial Council, informaba en una conferencia en Washington de que como media, los musulmanes atacan a los judíos de París 12 veces al día. Según Steinlight, esto significa que la violencia antisemita francesa está alcanzando los niveles de Alemania durante los días de la República de Weimar.

Estos ataques contra judíos en Europa se acompañan de la siempre creciente hostilidad oficial contra Israel por parte de los gobiernos europeos. En el segundo día de la guerra contra Hezbolá, Chirac se sintió cómodo afirmando que “la ofensiva militar de Israel contra el Líbano es totalmente desproporcionada”. Chirac planteaba con acidez a continuación, “¿es destruir el Líbano el objetivo último?”.

Las declaraciones de Chirac abrieron las compuertas de la propaganda anti-Israel por toda Europa. Se acompañaron de la prohibición de aviones de cargamento de El Al que transporten armas desde Estados Unidos con escala en aeropuertos europeos. Esa prohibición aún permanece.

Desde el momento en que Chirac lanzó su injustificable asalto diplomático contra Israel, su gobierno empezó a actuar como agencia del gobierno libanés, actuando a lo largo de la guerra como portavoz de Hezbolá a su vez. Desde el segundo día de la guerra, el escenario para la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que trata a Israel y Hezbolá como iguales y exculpa tanto a Siria como a Irán de sus papeles centrales en la guerra ilegal de Hezbolá contra Israel quedaba fijado.

A TRAVÉS DE SU comportamiento tanto contra Israel como contra Estados Unidos, los líderes de Europa han dejado claro que van a hacer lo que sea con tal de complacer al mundo musulmán. Incluso si Irán ha dejado completamente claro que rehúsa poner fin a las actividades de enriquecimiento de uranio, o suspenderlas temporalmente siquiera, los europeos continúan insistiendo en negociar con los mulás, y rechazando hasta la más ligera medida concreta contra Irán en el Consejo de Seguridad.

En cuanto a los palestinos, los europeos no han intentado esconder su ansiedad por renovar sus transferencias mensuales de decenas de millones de euros a la Autoridad Palestina como consecuencia del acuerdo de Hamas de dejar que Fatah ingrese en su gobierno jihadista.

Y en el Líbano, junto con la ONU, los europeos han definido las normas de implicación de UNIFIL de un modo de por una parte protegen a Hezbolá, y por la otra impiden que Israel se defienda. Por encima de todo lo demás, estas políticas manifiestan con claridad que los europeos definen como su principal interés geopolítico congraciarse con el mundo musulmán.

Aparentemente en la inopia ante la creciente hostilidad de Europa contra Israel, el gobierno Olmert-Livni-Peretz ha sucumbido a los encantos de los sucedáneos de Chirac, Romano Prodi o Javier Solana y está abandonando sistemáticamente las posturas de Israel en favor de las posiciones pro-árabes de Europa. Durante su conferencia de prensa con Blair, Olmert renunciaba a su requisito anunciado previamente a bombo y platillo de que Shalit fuera liberado antes de que pudiera tener lugar cualquier reunión con Abbás.

Durante su visita a Washington, la Ministro de Exteriores Tzipi Livni enfatizaba el deseo de Israel de renovar negociaciones con los palestinos según la hoja de ruta, y el presente apoyo al gobierno a Abbás. Esto a pesar del hecho de que el gobierno que Abbás está formando con Hamas no reconoce el derecho de Israel a existir y está comprometido a continuar su jihad contra Israel. Al hacerlo, Olmert y Livni prestan su aprobación informal a la renovación de la financiación europea de la Autoridad Palestina.

Aún más problemática es la falta de acción del gobierno, que roza el apoyo tácito, con respecto a la campaña de la extrema izquierda de transferir la responsabilidad de la seguridad de Israel del ejército a Europa. La campaña, que el columnista del New York Times Tom Friedman denomina con entusiasmo “Tierra por OTAN” en su columna del miércoles, implica la adopción del modelo de UNIFIL en Gaza y Judea y Samaria. La tendencia mesiánica más novedosa se basa en la creencia ciega en que Israel puede continuar entregando tierra a los palestinos a pesar del hecho de que los palestinos son la sociedad más fundamentalista y pro-jihad sobre la faz de la tierra, porque Europa va a proteger a Israel de ellos. Ya sea bajo bandera de la ONU o de la OTAN, el nuevo giro del credo izquierdista sostiene que Europa puede reemplazar al ejército a la hora de defender a los judíos.

El terco rechazo de Blair a la hora de reconocer el hecho simple de que exactamente igual que los iraníes no van a dejar de enriquecer uranio porque quieren construir bombas atómicas, los palestinos van a rechazar todas las ofertas de estado porque prefieren destruir al estado judío, es enfurecedor. Y aún así está el hecho de que él es el único líder europeo que cree verdaderamente que Israel tiene derecho inherente a existir y que basa sus políticas en esta creencia. Está absolutamente claro que en los próximos años, la hostilidad de Europa contra Israel y el pueblo judío en conjunto va a continuar creciendo.

¿CÓMO, PUES, va Israel a afrontar Europa? Como mayor socio comercial de Israel, las relaciones con Europa son vitales para el bienestar económico de Israel. De modo que está claro que Israel no puede simplemente dar la espalda al talón de Aquiles del mundo libre.

Al mismo tiempo, teniendo en cuenta la hostilidad de Europa, es igualmente obvio que la dirección de las políticas del gobierno Olmert-Livni-Peretz hacia Europa debe invertirse. En lugar de permitir que Europa incremente su influencia en la región, Israel tiene que tomar todas las medidas posibles para minimizar la presencia de Europa en sus aledaños.

Israel debería utilizar la salida de Blair de la escena mundial como oportunidad para blindar sus puertas y ventanas antes de que cualquier “amigo” europeo pueda entrar.

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