Europa, Política

España: Intransigencias y libertades

Todos los tiempos se desarrollan con grandes dosis de cambios. Incluso en los días más tenebrosos de las dictaduras del siglo pasado se preparaban salidas hacia la libertad.

El hombre fue creado libre, es libre, aunque hubiera nacido en cadenas, afirmaba el poeta Schiller en sus debates con Goethe en la ciudad de Weimar. Eran días de despotismo ilustrado, de admiración a Napoleón y de complicidad entre los poetas y escritores con los príncipes que favorecían la cultura.

Los gestos inesperados de alcaldes o alcaldesas, de presidentes de comunidades autónomas, sobre la simbología que ha adornado edificios institucionales durante generaciones tienen un cierto punto de inmadurez política. Los cambios apresurados del callejero, la colocación de bustos reales en cajas de cartón o la supresión de actos que se han celebrado a lo largo de los siglos es, cuando menos, precipitado.

La ideología es un ingrediente de la política diversa de las sociedades democráticas. Tiene que ser compatible con la libertad de los otros y con el respeto a las minorías que deben ser protegidas en sus rasgos culturales, sus creencias y sus costumbres.

En su biografía sobre Montaigne, Stefan Zweig asegura que el único error, el único crimen, es querer encerrar la diversidad del mundo en doctrinas y sistemas, apartar a otros hombres de su libre albedrío, de lo que ­realmente quieren, y obligarles a querer algo que no está en ellos.

Así actúan los que no respetan la libertad, y Montaigne nada aborreció tanto como el frenesí de los dictadores del espíritu que, con arrogancia y vanidad, querían imponer al mundo sus novedades y para quienes la sangre de cientos de miles de hombres nada importaba, con tal de salir victoriosos. Las épocas y las circunstancias no son las mismas pero el talante autoritario ha perdurado y es preciso denunciarlo siempre y ahuyentar a aquellos ingenieros de almas que Gorki reclutaba en los peores momentos de Stalin.

Criticar que Guardiola no puede apuntarse a una lista política es tan intransigente como querer cambiar las tradiciones y viejas costumbres sin un debate previo, abierto, en el que puedan participar todos los actores a través de los medios públicos y privados. La historia demuestra, apunta Hannah Arendt, que en el permanente conflicto europeo entre el Estado y el individuo, a menudo se ha resuelto a costa de la libertad personal.

Es evidente que vivimos en una sociedad libre. Pero tenemos un problema con la libertad cuando pisamos los jardines ajenos pensando que tenemos derecho a ello porque somos más fuertes o más inteligentes.

Muchos de los nuevos ediles de las grandes ciudades fueron elegidos para promover una sociedad más justa, con menos pobres y con menos jóvenes con educación deficiente. Totalmente de acuerdo. No pierdan el tiempo con ocurrencias populistas.

Publicado en La Vanguardia el 30 de julio de 2015.

Este artículo está en Foix Blog.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú