George Kennan ha muerto a los 101 años tras una controvertida carrera política y diplomática que, entre otras cosas, le llevó a diseñar la estrategia de Estados Unidos respecto a la Unión Soviética en los tensos años de la Guerra Fría. Kennan era una personalidad lúcida y un diplomático aristocrático de la vieja escuela.
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George Kennan ha muerto a los 101 años tras una controvertida carrera política y
diplomática que, entre otras cosas, le llevó a diseñar la estrategia de Estados
Unidos respecto a la Unión Soviética en los tensos años de la Guerra Fría.
Kennan era una personalidad lúcida, un diplomático aristocrático de la vieja
tradición, un hombre que había frecuentado las escuelas, universidades y clubes
adecuados para los tenían que llevar la carga de conducir un gran país. Era un
gran conservador de la época eduardiana.
Algo de Rudyard Kipling, la
“carga del hombre blanco”, tenía este diplomático que conocía la historia
soviética y la desolada situación europea después de las destrucciones en dos
guerras mundiales. Los que hemos escrito tanto sobre Estados Unidos y la Unión
Soviética veíamos en este personaje una de las mentes más enigmáticas de la
diplomacia americana.
No tuvo mucho poder. Ni tampoco sus ideas se
aplicaron del todo. Pero por los pasillos del poder de Washington sus tesis las
hacían circular incluso sus adversarios. Siendo ministro consejero en la
embajada americana en Moscú, el embajador Averell Arriman llegó a decir que
Kennan “era un hombre que entendía Rusia pero no entendía Estados Unidos”.
Fue uno de los autores intelectuales del Plan Marshall enviando cientos
de miles de millones a la devastada Europa en contra de los que en Washington
pensaban que los vencidos tenían que ser dominados por los vencedores. Kennan
decía que no había que adoptar políticas punitivas contra los derrotados y que
era mejor ayudar a los vencidos para que pudieran rehacer la democracia.
Pero la fama de Kennan empezó con un mensaje conocido como el Telegrama
Largo que envió en 1946 siendo funcionario en la embajada en Moscú en el que
proponía cómo detener el poder de la Unión Soviética. La famosa frase de que
“Rusia es insensible a la lógica de la razón pero es altamente sensible a la
lógica de la fuerza.” No invocaba la guerra sino la contención.
Esta
idea fue expuesta en un largo artículo publicado en la revista Foreign Affairs
en 1947 bajo el título de “Las fuentes de la conducta soviética” y que iba
firmado por una enigmática X que muy pronto se identificó con George Kennan.
Básicamente decía que la extensión del comunismo en el mundo había que
neutralizarla con diplomacia, política y con acciones encubiertas que no tenían
que llegar a la guerra.
Su pasó como embajador en Moscú duró sólo cinco
meses. Eran los últimos tiempos de Stalin que lo llegó a declarar persona non
grata después de que Kennan describiera la vida en la Unión Soviética como la
que él mismo experimentó en los campos nazis, “con la excepción de que en Moscú
puedo andar por la calle bajo una fuerte vigilancia”.
Kennan fue una
figura importante pero incómoda. No era partidario de que Estados Unidos se
sentara en el tribunal de Nuremberg junto a los soviéticos, un país en el que
muchos rusos han sido eliminados por su propio gobierno.
Cuando cayó el
muro de Berlín el presidente Bush, padre, le otrogó la medalla de la libertad,
el honor más distinguido de Estados Unidos. Henry Kissinger dijo de él que era
el autor de la doctrina diplomática que había conformado toda una época.
Kennan no aceptaba la doctrina política del actual presidente Bush
porque tenía la convicción de que Estados Unidos no puede forzar a otros países
a que sean una repetición de la democracia americana. Con algunas excepciones,
decía, los esfuerzos para ser policía del mundo no va a favor de los intereses
americanos que tampoco tienen recursos para llevar a cabo esa política.
En sus memorias expresa un punto de vista pesimista sobre Estados Unidos
y sobre la humanidad en general. Había vivido demasiado. Conoció las dos guerras
mundiales y fue el autor intelectual de una doctrina que llevó a Estados Unidos
a involucrarse más allá de lo conveniente en todos los rincones del planeta.
Fuente: http://foixblog.blogspot.com
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