El autor condena los recientes ataques de Israel a Gaza aunque se opone a la forma en que su país (Venezuela) ha encarado las relaciones con el Estado Hebreo que ha dado como resultados ataques a sinagogas.
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Martes, 11 de agosto 2026

El autor condena los recientes ataques de Israel a Gaza aunque se opone a la forma en que su país (Venezuela) ha encarado las relaciones con el Estado Hebreo que ha dado como resultados ataques a sinagogas.
Yon Goicoechea
Las paredes de la Sinagoga de Maripérez dicen “Fuera Judíos”, lo cual es terrible. Pero estas palabras significan “fuera venezolanos que, además, son judíos”, lo cual es todavía peor.
Los venezolanos nos estamos acostumbrando a que se nos diga “FUERA” todos los días. De hecho, todo el que piense distinto es susceptible de que lo echen, al menos y, por ahora, de las mentes de fundamentalistas chavistas que reclaman a Venezuela para sí y sólo para sí.
Hay venezolanos que se creen dueños de la verdad absoluta y que se sienten con derecho a perseguir a quienes pensamos distinto. Por esto, lo que pasó en la Sinagoga no es ajeno a nuestra verdad, es la expresión viva de un odio que se ha venido gestando y que nadie sabe dónde parará. El presidente Chávez es un gran maestro del odio.
La conformación de grupos fundamentalistas, paramilitares y parapoliciales, que atacan a la disidencia, son la culminación de un proceso de represión muy sofisticado. Ya no es la fuerza pública regular la que amedrenta a la oposición, a la iglesia católica, a los judíos, a los europeos, a los americanos, etc.; es mucho más elegante hacerlo a través de grupos irregularmente armados, que son más intocables que el Papa.
Sin duda que estos “panas” están locos. Cierta ala del chavismo ha caído en un fanatismo enfermizo que nunca habíamos visto en Venezuela. Y no estoy de acuerdo con lo que sucede en Gaza, el mundo debió exigir un cese al fuego mucho más contundente, duélale a Israel o no. Sin embargo, como venezolano, creo que es inaceptable venir a traer ese conflicto a Venezuela, un país muy grande, en donde siempre ha habido espacio para todos, incluso para que convivan en paz judíos con musulmanes. Ambos tan venezolanos como el que más.
Por eso, no me calo que nos sigan botando a patadas o a amenazas de nuestro propio país. Ayer en la Nunciatura Apostólica, hoy en la Sinagoga. ¿Qué sigue? ¿Qué más hay que calarse? ¡Vayan a construir fundamentalismo a Cuba!
Fuente: Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE)
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