El libre mercado, con un sistema capitalista, de libre intercambio, político y económico es mucho más compañero del medioambiente que cualquier sistema estatista, incluyendo al estado de bienestar, el socialismo (ya sea democrático o de planificación central), y al fascismo. Para demostrar esto, me gustaría que hagamos un poco de historia conjetural, esto es, imaginar cómo sería de diferente el mundo si tuviera un gobierno que nunca hubiese intervenido para proteger el medioambiente sino que hubiese dejado que todos los problemas los resuelvan los propietarios privados. Cuando examinamos la historia, parte de esto implica imaginar cuidadosamente cómo podrían haber sido las cosas de otra forma. Resulta claro, por ejemplo, que sin la Revolución Americana, sin esclavitud, sin la Revolución Rusa, sin el Holocausto de Hitler, y así sucesivamente, el mundo sería mejor o peor de lo que actualmente es.
También en nuestras historias personales podemos imaginar, con un poco de disciplina y entendimiento de nosotros mismos, de la psicología humana y de la ética, cómo nuestras vidas y aquellas vidas sobre las que tuvimos un impacto, serían mejores o peores si hubiéramos tomado diferentes decisiones, diferentes acciones de aquéllas que realmente tomamos.
De hecho, el estudio de la historia tiene como uno de sus propósitos aprender cómo podemos hacer las cosas mejor en similares circunstancias. Y a veces hacerlo mejor significa asegurarnos que deberíamos haber escogido diferentes leyes y políticas públicas, de las que realmente fueron parte de nuestra historia.
Esto debe recordarse cuando consideramos problemas actuales como aquellos que involucran lo que comúnmente es conocido como medioambiente. ¿Qué podría haber prevenido la lamentable contaminación que ahora experimentamos? No, no todo era posible. Algunos problemas ambientales son inherentes a la ecología del globo – por ejemplo, la base de Los Angeles ha estado sujeta a cambios en la atmósfera durante el pasado, lo cual terminó dejándola en lo que ahora llamamos smog, pero era la combinación de neblina, polvo, humo de fuegos salvajes, etc., etc.
Otros supuestos problemas ambientales, como la extinción de la fauna, también ocurrieron debido a acontecimientos naturales y no debido a la acción humana. Sólo cuando la acción humana está implicada -de modo que nosotros podamos considerar las diferentes opciones que podríamos haber tomado- podemos considerar la posibilidad de haber hecho las cosas mejor. De hecho, un punto raras veces advertido en estos días, la idea misma de evaluar críticamente las políticas pasadas y las conductas, implica el supuesto de que los seres humanos pueden elegir opciones y que podrían haber elegido otras diferentes.
Reconsiderando enfoques a los problemas ambientales
Consideremos la propuesta que a menudo hacen los actuales líderes de la ciencia del medio ambiente pro-libre mercado, una propuesta a la cual los defensores de la politización de los problemas ambientales se oponen casi automáticamente.
Esta propuesta se reduce al principio general basado en que es mejor para la tierra y las propiedades ser poseídas en forma privada que en forma pública. La titularidad estatal o común resulta, en otras palabras, en lo que ha sido denominado como la tragedia de los comunes. Esto ocurre cuando cada individuo de una sociedad dada es convencido de que el reino les pertenece a todos, de modo que todos tienen el derecho de aprovecharlo a su gusto. Esto conduce al agotamiento de los recursos.
El ofrecimiento de los defensores de la politización del ambientalismo, o sea, que el racionamiento gubernamental de los recursos públicos o comunes, no funcionará. Los ecologistas pueden ganar ventajas temporales de los gobiernos, pero pronto otros intereses los dejan de lado.
Imagine cómo podría haber sido tener la idea del libre mercado como parte de una ley básica: toda la tierra pertenecería a individuos y cualquier empleo de la misma requeriría el acuerdo de los dueños. Esto habría hecho casi imposible implementar proyectos tecnológicos masivos como la construcción de ferrocarriles, autopistas, aeropuertos, centros deportivos y recreacionales, a no ser que los dueños de las propiedades sobre las cuales estos proyectos se construyeron, hubiesen dado su consentimiento
La Quinta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos sugiere este enfoque, declarando que la propiedad privada puede ser confiscada sólo para uso público. La política pública debe proteger los derechos individuales. Por lo tanto, de la totalidad de las propiedades muy poco debe pertenecer a lo público. El resto debe permanecer en posesión de dueños privados.
Este enfoque general sobre la propiedad privada de la tierra, por ejemplo, no habría hecho posible la implementación de proyectos masivos en nombre del público y esto habría diversificado el empleo de los recursos por todo el país. La construcción de ferrocarriles, autopistas y muchos otros proyectos pseudo-públicos no habrían ocurrido con la agresividad con la que en realidad ocurrieron en la historia de este país.
Conocimiento Contra-fáctico
Desde luego, no puede ser posible saber exactamente qué podría haber pasado en lugar de lo que en realidad sucedió. Pero tal como es posible saber que liberar a aquellos que están bajo la esclavitud es mejor que mantenerlos esclavizados, que no cometer el Holocausto es mejor que hacerlo, en asuntos menos dramáticos, también es posible saber que ciertas políticas son mejores que a otras. Es el punto de quienes defienden una sociedad libre que implemente los principios del derecho a la propiedad privada con el alcance más amplio posible, habría resultado mejor de lo que temen nuestros ambientalistas.
Y como con aquellos males más draconianos, también con éste, ¡más vale tarde que nunca! Así el mejor enfoque a cuestiones ambientales es privatizar – de esa forma se incentiva la dirección ambiental responsable (aunque nunca garantizada, como seguramente no lo es cuando el gobierno toma la tarea a su cargo).
Los méritos de la Infraestructura Liberal Clásica
Las sociedades en las cuales se sostiene el principio de libertad de asociación y en la cual la propiedad privada hace posible disfrutar de una medida significativa de soberanía, son seguramente mejores que aquellas que crecen en niveles de servidumbre involuntaria, aún cuando ésta tenga los objetivos más altos y nobles que uno pueda imaginarse, incluyendo rectitud ambiental. Esto es verdad, más allá de cualquier duda razonable.
Sí, lamentablemente, las soluciones políticas más comunes para los problemas que del medioambiente apoyan la reglamentación estatal como la falta de solución de cualquier problema que ellos perciben.
Michael Kelly, pensador-escritor muy bueno en muchos aspectos, realiza una crítica a la tesis radical de libre mercado, la cual en alguna medida vale la pena citar y escudriñar. Kelly argumenta que si usted sostiene que son los individuos privados, trabajando en cooperación voluntaria, quienes hacen que las cosas buenas ocurran, debería repensarlo.
Esto es sobre todo un mito. Si miramos los grandes momentos de la innovación, los acontecimientos que cambiaron todo, casi siempre encontramos que los genios privados hicieron su pequeño aporte, pero la gran mano torpe y pesada del gobierno es con frecuencia la que convirtió aquel aporte en un nuevo modo de vida.
Ford nos dio un auto barato, pero Eisenhower nos dio la autopista interestatal. Edison nos dio la lamparita, pero TVA electrificó las granjas. La mayor parte de los grandes avances en el vuelo, y todos los avances en el vuelo espacial, tienen sus orígenes en el gobierno – específicamente, militar. También, Internet surgió del sistema del gobierno ARPANET. Fue el gobierno el que unió mediante ferrocarriles las costas de América, el que construyó el Canal de Panamá, el que construyó todo lo que es realmente grande. La revolución en el vuelo… ocurrió no sólo debido al trabajo de genios privados, sino también porque lo impulsó un manojo de burócratas de la NASA, y porque aquellos burócratas tuvieron la suerte de haber tenido desde 1992 como jefe a un ingeniero llamado Daniel Goldin…
Ahora considere algunas dudas sobre los comentarios provocativos de Kelly. Comencemos con el argumento de Frederic Bastiat en el cual el economista político francés muestra que aunque los gobiernos a menudo toman el centro de la escena histórica y periodística, es una locura olvidar que tales actividades desplazan mucho de lo que podría haber pasado si el gobierno no hubiese sustituido con su juicio de una talla para todos y su acción compulsiva la de los individuos que actúan mediante una gran variedad de esfuerzos voluntarios cooperativos. Este argumento es especialmente relevante en la lista de Kelly.
Reconsiderando los Triunfos del Gobierno
Para comenzar, tomemos a Eisenhower y la autopista interestatal. Nadie puede discutir razonablemente que aquella política federal dio un empujón muy serio al automóvil y en el proceso suprimió, muy probablemente, el desarrollo de una forma alternativa de transporte, posiblemente mucho más ecológica. O tomemos a TVA, que no era en ningún caso un regalo del cielo, como algunos han sostenido. La mayor parte de la región ya tenía electricidad, pero TVA simplemente aglutinó muchas de las compañías energéticas existentes.
Con TVA, se inundaron todas las mejores tierras de cultivo en el Valle de Tennessee. Se echó a los agricultores de sus tierras, se los forzó a venderlas por debajo de los precios de mercado y muchos murieron antes de tiempo como consecuencia del stress. El fiasco de la Presa de Tellico se hizo famoso debido al snail darter* pero era un proyecto horrible inclusive sin la intervención de la fraudulenta ESA. En este caso, los terratenientes fueron expulsado de sus tierras aunque no hubiesen sido inundadas. En cambio, TVA vendió la tierra a desarrolladores y contó las ganancias potenciales como parte del análisis de costo-beneficio.
Desde luego, el impacto ambiental de TVA es ahora considerado devastador.
El sistema ARPANET realmente dio lugar a Internet pero, como tantos historiadores argumentan, era de importancia mínima. La ARPANET inicial era torpe y sólo después de una demanda del servicio desarrollado se hizo eficiente y útil. Kelly estaba en lo cierto – como también lo estaba el antiguo vicepresidente de los Estados Unidos Albert Gore –: las ideas iniciales que produjeron Internet vinieron de esfuerzos del Departamento de Defensa para reforzar la defensa del país. Sin embargo, estas ideas podrían haberse desarrollado independientemente y una vez que se divorciaron de asuntos estatales se hacen mucho más productivas que antes.
En cuanto a los ferrocarriles que el gobierno ha hecho posible de un extremo del continente al otro, esto ha producido monopolios masivos que más tarde fueron usados para justificar la legislación antimonopolio y esto funcionado despreciando la agricultura privada a través del país. En el caso del Ferrocarril Transcontinental, esto era un fiasco subvencionado. Una de las consecuencias de esta monstruosidad era el intento de eliminar a los indios. El ferrocarril seguramente apresuró su exterminio, sobre todo desde que se hizo tan rápido después de la Guerra Civil cuando gente como Sherman y Sheridan estaban aún al mando y tenían en mente la total eliminación de los indios. Tengo muy poco que decir sobre el fiasco que ha sido el Canal de Panamá, política y económicamente, considerando lo que se podría haber hecho. La historia es la misma en su totalidad, incluyendo la industria aérea donde los aeropuertos estatales han sido la fuente de mucha consternación tanto para los ecologistas como para aquellos con visiones diferentes en cuanto a cómo podría y debería haberse desarrollado la industria.
Donde la fuerza está fuera de orden
Lo esencial, sin embargo, es esto: los Gobiernos aplican la fuerza para lograr sus objetivos. La fuerza, a no ser que sea usada como defensa – como se supone que la usen los militares – deja estragos en su camino, incluso donde los resultados aparentes parecen ser magníficos. Cuando la ley y la política pública favorecen el sistema de dominio eminente y el empleo de tierras y aguas poseídas por el Estado para lo que resulta ser una demanda democrática, el resultado es semejante a un juego de suma cero: la política o ley favorecida gana y la desfavorecida pierde. Mientras que en el libre mercado hay muchas demandas que se satisfacen en mayor o menor grado.
Mi punto principal, entonces, es simple: si hubiera habido un sistema constante y firmemente implementado de derechos de la propiedad privada, no habría habido un mal manejo masivo en cuestión ambiental. Pero más vale tarde que nunca.
Traducción: Hernán Alberro