“El objetivo de todos sus agravios ha pasado a ser ahora los hombres de las milicias palestinas – muchos de los cuales ostentan los cargos de coronel o general – que viven al lado, en Jerusalén, la capital eterna e indivisible de Israel a la que Sharon ha prometido su compromiso imperecedero.”
Caroline Glick
Celebramos ayer el Día de
Jerusalén, que conmemora la liberación del este y el sur de Jerusalén de la
ocupación jordana hace 38 años por Israel. Como de costumbre, nuestros líderes
políticos prometieron su compromiso sincero e imperecedero con la unidad
continuada de la ciudad como “la capital eterna e indivisible del Pueblo Judío”.
El Primer ministro Ariel Sharon, siempre preparado para alardear de su
compromiso con Jerusalén, prometió proteger la unidad de la ciudad transfiriendo
40 millones de NIS en fondos presupuestarios al presupuesto del municipio.
Pero hablar es gratis. En la
sección árabe de la ciudad, la gente cuenta una historia distinta. En los
últimos meses han pasado a vivir bajo la sombra del terror y la intimidación de
la Autoridad
Palestina. Tras una ausencia de cuatro años,
bajo la dirección del “democráticamente electo” Mahmoud Abbás,
la AP ha estado reafirmando su
presencia en la ciudad.
En el momento en que se les
convence de que no serán citados directamente y de que no se publicará
indicación alguna de su identidad, todos los residentes de barrios como
Silwán o Jeque Jarrah cuentan la misma historia: centenares de árabes de
Jerusalén que tienen carnés de identidad israelíes y disfrutan de la seguridad
social israelí, viajan a diario a Ramala y Jericó a entrenarse en los diversos
servicios de seguridad palestinos. Allí se ponen sus uniformes, cogen sus armas.
Al final del día, vuelven a Jerusalén e intimidan a sus vecinos.
Estos habitantes de Jerusalén que
cumplen la ley son amenazados con raptos, torturas, la pérdida de vidas y
cosas peores si recurren a las autoridades israelíes para algo más que la
seguridad social. Si se mudan intrusos a sus propiedades, no se les permite
quejarse. Si el marido pega a su mujer, ella no puede pedir ayuda a las
autoridades israelíes. El objetivo de todos sus agravios ha pasado a ser ahora
los hombres de las milicias palestinas – muchos de los cuales ostentan los
cargos de coronel o general – que viven al lado, en Jerusalén, la capital eterna
e indivisible de Israel a la que Sharon ha prometido su compromiso imperecedero.
La participación árabe en las
elecciones municipales de Jerusalén ha caído en picado desde el establecimiento
de la AP, hasta casi la insignificancia.
Esto también es el resultado directo de la intimidación. Desde 1996, el muftí
del Monte del Templo, nombrado por la
AP,
el jeque Ikrama Sabri – un residente de Jerusalén – ha ordenado a los
árabes de Jerusalén que boicoteen las elecciones.
Sabri ha hecho más que eso. Aparte
de predicar la destrucción genocida de Israel y la conquista de Estados Unidos
por fundamentalistas islámicos, ha decretado tres sentencias de muerte para tres
árabes que vendieron tierras a judíos. Recientemente, anunció su intención de
aprobar las penas de muerte de la AP para 15 personas acusadas de
ayudar a Israel en sus esfuerzos contraterroristas. Cualquier abogado que valga
un centavo diría que al hacerlo, Sabri es culpable de homicidio. Y aún así, no
se ha presentado ningún cargo contra él por la
Oficina del Fiscal General de Israel.
El tema de la venta de tierras a
judíos es una de las indicaciones más preocupantes de cuáles son los verdaderos
objetivos de la AP en sus negociaciones con Israel.
Cuando la AP se estableció en 1994, una de las
primeras leyes “promulgadas” por el entonces ministro de “justicia” Freih Abú
Meddin fue la de convertir la venta de tierra a judíos en una ofensa capital. Al
poco, los comerciantes árabes de tierra comenzaron a aparecer muertos en los
vertederos de Ramala y Jericó. Dos fueron asesinados en Jerusalén. Docenas de
habitantes de Jerusalén sufrieron torturas a manos de las milicias de
la
AP.
EN EL 2001, tras la masacre de 21
adolescentes en el exterior de la discoteca Dolfinarium de Tel Aviv por
terroristas palestinos, el gobierno, en su único movimiento político contra
la AP durante toda la guerra, anunció
el cierre de la
Casa
de Oriente de Jerusalén y la detención de todas las actividades políticas y
militares de la AP en la ciudad. Hasta esa fecha,
los jefes de estado en visitas oficiales a Israel tendrían intención también de
visitar el cuartel general de la
OLP
en la ciudad, rindiendo homenaje a su aspiración de hacerse con la capital
eterna e indivisible de Israel.
Desde entonces, y hasta Abbás, el
líder que tomó el poder el pasado noviembre, la
AP
se ha ocultado en Jerusalén, y sus residentes respiraron con alivio. Pero con la
nueva legitimidad concedida a Abbás por Estados Unidos e Israel,
la AP afirma de nuevo su autoridad
terrorista sobre los residentes de la ciudad.
La víctima más reciente de la toma
de poder de la AP no es árabe en absoluto, sino el
recientemente excomulgado Patriarca de la Iglesia
Ortodoxa griega, Irineous I.
Desde que se estableciera
la AP, ésta ha trabajado diligentemente
para colocar a las diversas formaciones cristianas bajo su control directo. En
los 90, esto implicó aterrorizar a los curas y a las monjas hasta su sumisión.
En Jericó y Hebrón, la AP tomó el control de los conventos
e iglesias de la White
Russian y los transfirió a la iglesia
roja rusa, pro-OLP. En el 2002, los terroristas de Fatah sitiaron
la
Iglesia de la
Natividad de Belén y mantuvieron rehenes a
los sacerdotes durante semanas, mientras profanaban ostentosamente el lugar
sagrado.
Hasta el despido de Irineous el
mes pasado, la iglesia ortodoxa griega era la única iglesia que funcionaba en
Israel y en la AP que había mantenido su
independencia de la AP.
Antes de Pascua, el Ma´ariv publicó una
información de que Irineous había cometido el “crimen” de alquilar propiedades
de la iglesia junto a la puerta de Jaffa de la Ciudad
Vieja a judíos. Viendo una oportunidad,
la AP atacó inmediatamente a Irineous.
Como informaba el columnista de Ma´ariv Nadav Haetzni el viernes, los ministros
de la AP y los comandantes de la milicia,
equipados con identificaciones israelíes VIP, cayeron sobre
la
Iglesia del Santo Sepulcro y orquestaron
ataques contra Irineous, que fue condenado inmediatamente como un “traidor” y un
“colaborador”.
Irineous fue convocado para un
interrogatorio por el primer ministro de la
AP,
Ahmed Qurei. Al abogado le rompieron el brazo y su consejero financiero fue
brutalmente apaleado. Con el arma de la intimidación de la
AP,
la iglesia del Santo Sínodo se reunió y excomulgó a Irineous el mes pasado.
La AP tomó el control de las finanzas
de la iglesia y promovió un escándalo internacional que trajo al ministro de
exteriores de Grecia a Ramala, donde se disculpó ante Qurei por el terrible
crimen de Irineous.
Mientras sucedía todo esto, el
gobierno de Israel se quedó mirando tranquilamente y no hizo nada. Los ataques
contra Irineous estaban orquestados por un sacerdote árabe israelí patrocinado
por la
OLP,
Theodosius Ataláh Hanna. Hanna glorificó repetidamente a los terroristas
suicida, y de hecho, hizo un llamamiento a los palestinos a convertirse en
terroristas suicida en una entrevista con la prensa árabe. Se está posicionando
para convertirse en el primer patriarca árabe de la Iglesia
Ortodoxa Griega desde el siglo
XVI.
Aparte del hecho de que la
presente arabización de la Iglesia
Ortodoxa Griega señalará la toma completa
de todas las iglesias cristianas por parte de la
AP,
también tiene un significado estratégico para la seguridad nacional de Israel.
La AP ha dejado claro ahora que la
prohibición de vender tierras a judíos se extiende a los extranjeros. Asimismo,
la Iglesia
Ortodoxa Griega posee amplios sectores de
terreno por todo Israel. Solamente en Jerusalén, la Knesset,
la
Casa
del Presidente y amplios sectores de Rehavia son propiedad de iglesia. Con la
iglesia bajo control de la
OLP,
¿qué pasará con estos terrenos cuando expiren sus contratos actuales?.
Jerusalén es la capital
indivisible y eterna del pueblo judío. Pero desde la pasividad del gobierno ante
el incremento de la usurpación de la ciudad por parte de la
AP,
parece que, retórica aparte, nuestros líderes están abandonando su deber de
defenderla.