Fomentar el odio contra el otro, contra un colectivo, un país, una raza o una religión tiene que ser expulsado de las redes sociales a través de leyes adecuadas. No hay que poner puertas a la globalización. Es imposible e inútil.
El despliegue informativo sobre la tragedia del avión estrellado en los Alpes franceses fue espectacular. El vuelo de la compañía Germanwings salió de Barcelona con destino a Dusseldorf y se precipitó incomprensiblemente sobre una ladera de los picos provenzales a una altura de más de 2.000 metros. Los restos de los pasajeros y del avión quedaron desmenuzados, irreconocibles, dispersos por un espacio de varias hectáreas alpinas.
La reacción de los gobiernos de los países afectados fue inmediata. Se interrumpieron las actividades. Hollande, Merkel, Rajoy, Mas y ministros y altos cargos de los tres países directamente afectados dieron la cara sin disponer de mucha información.
Las radios, las televisiones y las ediciones digitales de los diarios daban cuenta al momento de la desgracia, que afectaba a los familiares de las 150víctimas. La masa crítica informativa cruzaba fronteras y se expresaba en todos los idiomas. Los diarios on line de todo el mundo abrían con la tragedia. El presidente Obama enviaba sus condolencias a los familiares de las víctimas de dos países amigos de Estados Unidos.
La catástrofe fue trending topic a lo largo del día en las redes sociales. La penetración de Twitter en la conciencia global es irreversible y muy positiva, un escalón más en la socialización de la información y el conocimiento. Pero es también un arma que puede fomentar el odio, la xenofobia, el racismo y la falta de respeto a la dignidad de los demás.
No son muchos los que recurren al insulto aprovechando cualquier circunstancia. Pero son suficientes para que esos mensajes sean tratados como delitos y perseguibles de oficio. No voy a transcribirles los tuits que alimentaron el odio y la catalanofobia a raíz del trágico accidente del avión siniestrado. El Govern catalán los ha recogido y los va a presentar a la Fiscalía para que actúe en consecuencia. Es una actitud indecente que muestra la cara más fea y más perversa de la condición humana.
Fomentar el odio contra el otro, contra un colectivo, un país, una raza o una religión tiene que ser expulsado de las redes sociales a través de leyes adecuadas. No hay que poner puertas a la globalización. Es imposible e inútil. Lo que sí que conviene promover es una regulación para proteger la dignidad de todas las personas en las pequeñas comunidades y en el espacio global.
Mientras estas imbecilidades catalanofóbicas circulaban por las redes, estábamos presentando un libro de Vladimir de Semir sobre la difusión del saber y el progreso. Decir la ciencia es una obra de referencia sobre el papel del periodismo en la nueva época de las comunicaciones escritas, radiadas, televisivas y digitales. No podemos caer en la indiferencia a la verdad que se observa en tantas partes y que confunde a la opinión pública indefensa.
Publicado originalmente en Foix Blog
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