América, Economía y Sociedad

La papa caliente de la inmigración

No es ningún secreto. En materia de inmigración, los republicanos necesitan desesperadamente presentar algunas buenas ideas, si todavía quieren seguir siendo “el partido de las ideas”.


Sin embargo, el hecho es que si los republicanos se encuentran en esta situación en materia de inmigración es precisamente porque se han esforzado en evitar presentar un plan sobre qué hacer con los 12 millones de extranjeros que viven ilegalmente en el país. No es suficiente estar de acuerdo en “asegurar la frontera” o en ampliar el número de visas para trabajadores altamente calificados. A fin de cuentas, el principal escollo es qué hacer con la gente que vino sin papeles y se quedó en este país. Hasta que los republicanos no tengan un plan, seguirán estando merecidamente a la defensiva.

Claro que los congresistas republicanos tienen todo el derecho de hacer que el presidente explique por qué le pareció bien sortearse al Congreso en un tema de seguridad tanto nacional como económica. Pero más allá de eso, ¿es realista pensar que el presidente vaya a ratificar con su firma una legislación que revierta su propia orden ejecutiva tan crucial para asegurar su legado político?
Un mejor enfoque sería que el Partido Republicano finalmente entre en razón y haga algo que ha dejado de hacer por miedo a la venganza política: Dar a conocer un plan de inmigración viable que incluya, entre otras cosas, una forma práctica y realista para hacer frente al problema legal de los millones de inmigrantes que ya están aquí. Para lograr eso, el partido tendrá que pasar por encima de las voces que gritan amnistía a cada paso sin importar las circunstancias, porque, de todos modos, esas voces prefieren menos inmigración, no más. Tramitar los casos de millones de trabajadores indocumentados será difícil, pero no imposible.
Un partido político que ignora las necesidades laborales del país inconscientemente se está labrando su propia ruina. Al mismo tiempo está demostrando que no comprende las exigencias que marca el mundo globalizado en el que vivimos.
Por tanto, no sólo tenemos el asunto de regularizar la situación de los que ya están aquí. También está el talento calificado que nos hace falta para hacerle frente a las exigencias que nos pone un mundo tan competitivo. Hay una serie de buenas ideas pero en su mayoría se centran en soluciones que involucran la pesada mano del gobierno, tan célebre por su ineficiencia. Pero hay otras alternativas como por ejemplo la Solución de la Tarjeta Roja (Red Card Solution). No es una idea nueva, pero si alguna vez hubo un clima propicio para que esta propuesta tenga su oportunidad, no hay mejor momento que ahora.
Su premisa es simple. En lugar de que el gobierno determine las necesidades laborales de nuestra economía, la Solución de la Tarjeta Roja permite al sector privado tomar esa decisión. Según los diseñadores de este plan, su solución:

“…permite a las agencias de empleo privadas, con autorización del gobierno de Estados Unidos, a abrir oficinas en el extranjero y dar permisos de trabajo a extranjeros tras una detallada revisión de sus antecedentes. Este programa se financia con las cuotas que pagan los solicitantes de empleo y las empresas que  deseen contratar trabajadores legales, no con el dinero del contribuyente”.
Este último punto también es atractivo ya que en la Cámara y en el Senado los republicanos han prometido frenar el gasto del gobierno y ven con escepticismo que el gobierno pueda asumir más responsabilidades después de la vergüenza por elescándalo con los veteranos el año pasado, la masiva llegada de los niños centroamericanos en la frontera sur y la crisis del ébola, por nombrar sólo unos cuantos casos de mala administración pública.
También hay otras ideas dignas de consideración y otras facetas en el asunto de la inmigración. Pero en realidad, el gran punto de conflicto es qué hacer con los indocumentados que actualmente viven aquí. ¿Será que simplemente quieren trabajar en Estados Unidos o aspiran a obtener la ciudadanía?
Más a menudo de lo que pensamos, la respuesta es que simplemente quieren trabajar. Entre tanto grito y tantas salidas de tono se pierde en el debate el hecho de que la mayoría de inmigrantes ilegales simplemente está buscando trabajo y una oportunidad de vivir mejor que en sus países de origen, como lo demuestran numerosas encuestas.
El proceso para resolver el asunto de los millones de inmigrantes ilegales será complicado e imperfecto. Pero el partido político que evite tocar el espinoso tema por temor a represalias políticas o que se aproveche del mismo en busca de recompensa política no está haciendo la labor para la que fue elegido en las urnas.
Una propuesta bien elaborada de política pública en lo referente a la inmigración no tiene que ser necesariamente integral. Es difícil encontrar una solución integral a un problema tan complejo como nuestra maltrecha política migratoria. No obstante, tenemos que ofrecer propuestas reales en beneficio del país. Es urgente que lo hagamos.
 

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