Ha fracasado, de momento, la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio. Tras cinco años de intensas reuniones y miles de optimistas titulares de prensa se han suspendido las negociaciones por tiempo indefinido
Las principales potencias comerciales no han podido superar sus divergencias en temas cruciales.
Países ricos no son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos para establecer un recorte multilateral a los subsidios agrícolas. Ponen condiciones para que se eliminen situaciones de ventaja competitiva entre unos y otros. Los países pobres tampoco se ponen de acuerdo entre ellos y menos con los ricos para suprimir los aranceles agrícolas o las trabas fitosanitarias. Los pretendidamente pobres tampoco quieren permitir el libre acceso de bienes industriales y servicios.
Así las cosas el llamado grupo G-6 que parece representar a todos (ricos y pobres) e integrado por Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil, Australia, Japón e India, dieron carpetazo a la Ronda. Se culpan unos a otros y todos parecen tener razón.
No es un galimatías complicado o difícil de entender. Realmente todos tienen razones y sobre todo, los burócratas que representan a los gobiernos de los países han interpretado a la perfección la defensa de los que llaman legítimos intereses nacionales acuciados por los corporativismos de siempre y animados en sus planteamientos por los diferentes sectores de las llamadas sociedades civiles.
Es ciertamente peregrino escuchar a ciertas multinacionales de la solidaridad rasgarse las vestiduras y poner el acento en la responsabilidad de los Ricos por no abrir sus mercados a la agricultura o eliminar los subsidios a la producción y defender que los países pobres hagan eso mismo en sus economías, además de protegerse ferozmente de la “colonización” tecnológica y la importación de bienes industriales o los servicios.
Es todo un disparate. Y parece un disparate organizado por quienes no creen en la libertad de comercio, que son, por cierto, muchos. Y es que la pobreza está resultando ser un buen negocio en los países ricos y en los países pobres. Pero no pasa nada. Todo lo arreglará el asunto ese del 0,7 y la tasa Tobin y esas cosas…. y las Naciones Unidas.
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