Política

La soberanía del consumidor

“Estoy diciendo que hubo tiempos en los que usted y yo – gente corriente sin poder o contactos – no importaba a aquellos que producían los bienes. Recorriendo el largo camino de la historia, nos encontramos con que el período en el que los fabricantes trabajaban para satisfacer no a una élite, sino a gente corriente, ha sido increíblemente corto.”

Sheldon Richman
El periódico de la mañana trae dos noticias acerca de Wal-Mart. La primera
relata un esfuerzo de políticos y presuntos grupos de acción para presionar a la
cadena de tiendas a elevar los sueldos. La segunda describe los planes de
Wal-Mart para competir con Target y otras tiendas, incluyendo productos que
atraigan más a los compradores de ingresos medios.

Los detalles de ambas
noticias son interesantes. Pero el contexto más amplio se pierde en los
detalles. Los americanos, y los occidentales en general, no pueden contar con la
historia económica entre sus puntos fuertes. Se toman a la ligera la
compensatoria escapada a la tienda, como si fuera una solución natural.
¿Necesitas algo?. No hay problema. Sube al coche; conduce hasta la tienda;
cógelo de la estantería; paga el precio inferior; y vuelve a casa. Como la
seda.

Comprar no siempre fue tan fácil. De hecho, no siempre fue posible.
No es sólo que hubiera tiempos en los que la variedad de productos fuera más
reducida, la calidad inferior, y el precio real más alto (medido según lo mucho
que tuviera que trabajar uno para ganar el dinero). Estoy diciendo que hubo
tiempos en los que usted y yo – gente corriente sin poder o contactos – no
importaba a aquellos que producían los bienes. Recorriendo el largo camino de la
historia, nos encontramos con que el período en el que los fabricantes
trabajaban para satisfacer no a una élite, sino a gente corriente, ha sido
increíblemente corto. Pero dado que ese período incluye la vida de cada persona
que camina hoy [por la calle], este hecho es terriblemente ignorado, por no
decir también desconocido.

Es fácil sacar faltas al modo en el que
algunas personas hacen negocios, y los daños legítimos (como el fraude) deben
ser reembolsados. Pero perdemos de vista la imagen general a nuestra costa. El
elemento clave de esta imagen es que hasta la aún difamada Revolución Industrial
y la llegada de la sociedad orientada al mercado, virtualmente toda la
producción se dedicaba al poderoso. La gente corriente pasaba su vida con poco,
en el sentido de ropa y objetos domésticos. Durante la edad media, las ropas
arrancadas a la víctima de una plaga tenían un precio – la gente estaba así de
desesperada por la ropa. La higiene no existía. No se conocía la higiene
personal. El hambre era la amenaza siempre pendiente. Olvídese del cuidado
médico.

La Revolución Industrial, estimulada por la libertad personal,
los derechos de propiedad, la especialización del trabajo, y la inversión, fue
un cambio abismal. Por primera vez, la producción en masa a precios reducidos
era el camino a los altos ingresos. La gente corriente se podía permitir más de
un juego de ropa y comodidades domésticas. La higiene personal estaba al alcance
[de la mano]. Aparecían dispositivos que ahorraban trabajo.

Siguieron
los avances en salubridad y medicina. Con poco esfuerzo, los vendedores
presentaban un abanico de objetos cada vez más accesibles a las masas. Fue
verdaderamente, como dice la portada de un libro, el nacimiento de una sociedad
de consumo. El progreso continúa virtualmente sin descanso, interrumpido
solamente por los productos únicos del gobierno: los impuestos, las
regulaciones, la inflación, la depresión y la guerra. Los autores elitistas que
ya tienen lo suyo, reniegan del consumismo en expansión y el incremento de la
variedad, pero nadie es forzado a tomar parte en del abanico. El consumismo y la
libertad van de la mano.

Esta perspectiva arroja luz en la controversia
de sueldos de Wal-Mart y en otros temas similares. Los profanos en economía se
preguntan por qué Wal-Mart no paga más a su mano de obra. No se dan cuenta de
que los jefes reales en una sociedad de consumo no son los empleados en nómina,
sino los consumidores. Legal y moralmente, los capitalistas controlan sus
negocios por derecho. Pero existencialmente, sólo los tienen por el placer del
consumidor. Cuando dejan de hacer un trabajo mejor que sus competidores, pierden
ventas y, si no se ponen en forma, pierden sus negocios. El consumidor coloca
hasta a Donald Trump. El consumidor determina el tamaño de los sueldos.
Desafíele y dirá, “Estás despedido”. En un mercado libre, ningún empresario, ni
Bill Gates, ni el CEO de Wal-Mart, duerme plácidamente.

Aunque pueda
parecer humanitario, forzar a Wal-Mart a incrementar sus costes perjudica a los
consumidores y es contraproducente, porque los trabajadores también son
consumidores. En el mercado, cada uno de nosotros crea demanda de productores y
cada uno de nosotros demanda de ellos. El resultado es una sociedad no
planificada, pero ordenada, próspera y libre. El reto es evitar que el
económicamente ignorante gane poder y la eche a perder.


Fuente: The Future of Freedom
Foundation

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