“Los consumidores no son los únicos beneficiarios del libre comercio, no obstante. Cuando entra acero barato de países extranjeros, puede costar negocios a los fabricantes de acero norteamericanos, pero ayuda a los compradores americanos de acero, como los fabricantes de coches, a ser más competitivos”.
Sheldon Richman
“Por favor, derriben este muro”, dijo el presidente. No, no era el Presidente Reagan retando al presidente soviético Gorbachov por el Muro de Berlín de los 80. Era el presidente ucraniano, Viktor Yushchenko, dirigiéndose recientemente a una sesión conjunta del congreso norteamericano.
Yushchenko pedía a los senadores y representantes la eliminación de la barrera que evita que 49 millones de ucranianos vendan libremente sus metales, minerales, electrónica, productos químicos y vegetales a los americanos. Por supuesto, esta solicitud debería satisfacerse y tal vez será [satisfecha] – a menos que tengan objeciones los poderosos grupos de presión que representan a los americanos [y] que hacen competitivos los productos. Así es como funciona Washington.
He aquí la ironía de la historia: la mayoría de la gente piensa que Yushchenko [lo] estaba solicitando en representación de su pueblo. En realidad, lo supiera o no, no estaba pidiendo un favor en absoluto. Estaba proponiendo una relación mutuamente beneficiosa entre ucranianos y americanos.
¿Cómo podría alguien decir no?.
Los temas de simple comercio son enormemente malentendidos. La mayoría de la gente cree que cuando un país abre su mercado a los productores extranjeros, es un favor para ellos, una concesión otorgada a cambio de la apertura del mercado exterior.
Ciertamente, a los vendedores les gusta ver abiertos los mercados, pero el análisis convencional falla. Deberíamos abrir nuestro mercado para nuestro beneficio. Esto debería hacerse unilateral e incondicionalmente con esta consigna: ¡Véndenos!.
Lo admito, he puesto patas arriba el pensamiento convencional sobre el comercio. Como he notado, los temas de comercio son simples. Producimos, así que podemos consumir. Todo el mundo lo sabe. De igual manera, vendemos, así que podemos vender. Las fronteras nacionales no cambian esa verdad. En consecuencia, exportamos, así que podemos exportar. Y eso significa que un mercado americano abierto es, en primer lugar, un beneficio para los consumidores americanos. Por supuesto, los vendedores extranjeros también se benefician. Pero ésa es la naturaleza del comercio. Dos partes esperan beneficiarse de un intercambio, o no comercian.
¿Cómo se alteró la verdad?. Existen un par de explicaciones. Los influyentes grupos de productores trabajan duro para persuadir a la gente y a los políticos de que la competición externa no hace sino herir a sus miembros. No existe ningún lobby de consumidores para explicar que la libre competición, la variedad de productos y los precios reducidos son buenos. En segundo lugar, los ajustes a corto plazo que la competición externa hace necesarios son visibles, pero los beneficios a largo plazo lo son menos. Es fácil que las noticias de los canales de televisión entrevisten a un empleado americano despedido, o [muestren] una fábrica cerrada que solía competir con productos extranjeros.
Es difícil señalar que los nuevos productos y oportunidades de trabajo han surgido porque a los consumidores les quedaba dinero en sus bolsillos tras adquirir bienes extranjeros más baratos. Esta disparidad en la visibilidad de los efectos del libre comercio da ventaja a los proteccionistas egoístas.
Los consumidores no son los únicos beneficiarios del libre comercio, no obstante. Cuando entra acero barato de países extranjeros, puede costar negocios a los fabricantes de acero norteamericanos, pero ayuda a los compradores americanos de acero, como los fabricantes de coches, a ser más competitivos. A la inversa, una barrera comercial que reduzca las ventas extranjeras reduce la cifra de dólares que los extranjeros tienen, y con los que compran productos americanos. Esto ilustra un principio general: ninguna barrera comercial puede revertir en interés de todos los americanos. Es siempre un caso de ayudar a un grupo bien relacionado a expensas de los demás.
¿Pero qué hay del déficit comercial?. Pagarlo no importa. El déficit en bienes y servicios es reflejado precisamente en un exceso de capital (inversión exterior). Cuando todo se contabiliza, el libro de cuentas cuadra.
Concedamos al Presidente Yushchenko su deseo a todas luces. Dejémosle creer que es un favor a su pueblo. Sabemos que en realidad es un favor a nosotros mismos.
Sheldon Richman es asociado de la The Future of Freedom Foundation, autor de Tethered Citizens: Time to Repeal the Welfare State, y editor de The Freeman Magazine.
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