Tras años de violencia y cientos de muertos, las dos grandes pandillas de Honduras acuerdan la paz. Se estima que en Honduras mueren una media de cinco personas al día por culpa de las maras, lo que viene a ser la cuarta parte de los homicidios que se cometen en este país, que tiene la tasa más alta del mundo
Las dos grandes maras o pandillas criminales que operan en Honduras, la MS-13 (Salvatrucha) y la M-18 (Barrio 18), han decidido abandonar la violencia. Para gran sorpresa del pueblo hondureño, lo anunció hace tres días el líder de la M-18, y pocas horas después comunicaron lo mismo los jefes de la otra mara, su principal enemiga. No harán más reclutamientos y, si el proceso de reinserción va bien, cesarán también las extorsiones.
Los responsables de las maras han pedido perdón “a Dios”, “a la sociedad” y “a las autoridades” por los crímenes que han cometido. Con la tregua, añadió uno de los líderes de la MS-13, pretenden también que “la sociedad se dé cuenta de que nosotros queremos tener un cambio y que mire que somos útiles”. Los mareros dicen que han tomado esta decisión por el bien del país y, en especial, de los jóvenes. Piden una oportunidad de reinsertarse en la sociedad y ayudas para aprender oficios y así incorporarse al mercado laboral.
El perdón de la sociedad van a tener que ganárselo. El pueblo hondureño ve en la tregua un rayo de esperanza, pero recela que no sea el fin definitivo de la violencia. Un familiar de un asesinado por las maras se alegra del anuncio, pero advierte “que va a costar mucho perdonarles”. Se estima que en Honduras mueren una media de cinco personas al día por culpa de las maras, lo que viene a ser la cuarta parte de los homicidios que se cometen en este país, que tiene la tasa más alta del mundo según la UNODC (91,6 por 100.000 habitantes en 2011).
Papel clave de un obispo
Una figura clave en esta iniciativa de paz ha sido el obispo auxiliar de la diócesis de San Pedro Sula, Mons. Rómulo Emiliani, que llevaba diez años intermediando entre ambas bandas para lograr un acuerdo. Los mareros agradecen su esfuerzo y dicen que sin él esta tregua no habría sido posible. “Este día es histórico para Honduras –declaró el obispo–. Tenemos que valorar lo que ellos [los mareros] están haciendo. Quieren cambiar, quieren que se detenga la violencia, piden una oportunidad. Es el momento de abrazar la paz”. Además explica que las bandas también están cansadas de marginalidad y de tantas muertes, quieren un futuro mejor para sus familias y el fin de la violencia es un paso necesario para ello. A la vez, recuerda que en 2006 las maras acordaron una tregua que tan solo duró dos meses, y pide al gobierno que colabore para que esta vez sea la definitiva. Pues, advierte Mons. Emiliani, “la paz vendrá lentamente y se necesitan al menos dos generaciones para erradicar la violencia en Honduras”. De todas formas, el paso recién dado “es un gran avance”.
Las maras afirman que hacen las paces con la sociedad, pero eso no supone un entendimiento entre rivales, ya que las posturas respectivas son irreconciliables de momento. “El diálogo es con el gobierno –señala el líder de Barrio 18–. Nosotros vamos a respetar al otro grupo [Salvatrucha] y ellos van a respetarnos a nosotros; vamos a respetar los territorios y van a darse buenos resultados”.
El gobierno celebra la decisión de las bandas y es consciente de que ha de intervenir para que el proceso siga adelante.
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