La ayuda para aliviar la deuda externa de los países pobres está en marcha, pero el proceso sigue lento y quizás no empiece a tomar forma antes de fin del año. Esa fue una de las conclusiones más destacadas de las reuniones que terminaron esta semana en Washington, en las que participaron ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales de los 184 miembros del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.
Desarrollo
Los países industrializados reunidos en el G-7 insistieron en que estaban
realizando progresos. Pero grupos internacionales de activistas, decepcionados
por la falta de acuerdo en estas reuniones, acusaron a las naciones ricas de
demorar intencionalmente el proceso. El G-7, conformado por Estados Unidos,
Japón, Alemania, Italia, Francia, Gran Bretaña y Canadá, se reunió el sábado
para tratar los avances, pero no pudo seguir adelante debido a las divergencias
entre las propuestas estadounidense y británica.
Según la posición de
Estados Unidos, los países pobres no tendrían que repagar los empréstitos al
Banco Mundial, el FMI y el Banco Africano de Desarrollo. Washington también
propone que la ayuda futura sea de donaciones y no préstamos. “Nuestra propuesta
no sólo elimina la deuda del pasado sino que evita que la deuda se vuelva otra
vez una carga para los países en el futuro”, declaró ayer el secretario del
Tesoro, John Snow.
Los críticos sostienen que ese plan priva a las
instituciones crediticias de fondos adicionales para compensar los repagos de
préstamos ya no requeridos. Gran Bretaña, por su parte, ha propuesto una
facilidad financiera internacional para incrementar la ayuda para el desarrollo
en $50,000 millones al año hasta el 2015 mediante el uso de instrumentos
financieros diversos. El secretario mexicano de Hacienda, Francisco Gil Díaz,
dijo en una rueda de prensa que esa facilidad ha sido solicitada por los países
africanos y consistiría en que el FMI asuma la tarea de certificar que el
programa económico de un país es “consecuente con la estabilidad y buenos
principios, aunque no necesariamente exista un apoyo de parte del
Fondo”.
Algunos grupos humanitarios han pedido al FMI la venta de sus
reservas de oro de 103.4 millones de onzas o 3,217 toneladas métricas para
empezar a aliviar de inmediato las necesidades de los más pobres. Rodrigo Rato,
director gerente del FMI, dijo que si esas reservas se vendieran al precio
actual en el mercado abierto generarían solamente $45,000 millones. Esa cifra,
afirmó, no cubriría siquiera el 20 por ciento del paquete de la deuda de los
países pobres.
El ministro británico de Hacienda, Gordon Brown, dijo que
pese a los temas todavía sin resolver, “creo que estamos haciendo progresos
considerables”. “Me parece que por primera vez como resultado de estas reuniones
habrá más disponibilidad de dinero”, comentó. Los ministros se marcharon de
Washington convencidos de la posibilidad de llegar a un acuerdo entre julio y
septiembre. En julio se reunirán otra vez los países del G-7 y en septiembre
habrá una nueva asamblea del FMI y el Banco Mundial.
Fuente:
El Nuevo Herald – Miami
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