Economía y Sociedad, Europa

Morir en el Mediterráneo

Las tragedias de miles de personas que intentan atravesar el Mediterráneo remueven la cómoda conciencia de Occidente.


Pero la realidad trágica de esos hombres y mujeres que buscan un horizonte vital de dignidad, que son empujados por el hambre, perseguidos por sus creencias o por sus etnias, explotados, víctimas de las guerras, huyen sabiendo que pueden encontrar la muerte. Pero buscan una felicidad que no encontrarán.

En 1914 unos 170.000 personas huyendo de la miseria y de los conflictos en Asia y Oriente Medio arriesgaron sus vidas en las travesías con destino a Italia. Miles de ellos acabaron sepultados en el Mediterráneo. Hay que añadir los miles que cruzan hacia Grecia y España. La ola no se detendrá. No es una invasión sino una huída del hambre, la guerra y las persecuciones políticas y religiosas.

Europa ha pasado de regular la inmigración a perseguirla. Al menos políticamente. Los presidentes de Francia y de España mostraron su indignación sobre la magnitud de esta tragedia humana. El Papa volvió a pedir clemencia humana desde la ventana del Vaticano. Italia es la mayor receptora de inmigrantes y no tiene capacidad para acogerlos dignamente. Muchos pasan a Alemania, Austria, Francia y Gran Bretaña. También llegan a millares a los países escandinavos, principalmente Suecia.

La tragedia de la última madrugada se produjo a pocas millas al norte de Trípoli. La información disponible indica que la embarcación con casi un millar de inmigrantes, jóvenes, mayores y niños, de varias etnias y religiones, vieron acercarse un barco portugués que acudía en su ayuda. La mayoría se inclinaron en la dirección del barco luso y la sobrecargada patera se hundió en muy poco tiempo. Hay pocos supervivientes.

Estas invasiones pacíficas y arriesgadas se perfilan como el gran conflicto de nuestro siglo. Huyen por el hambre pero también porque aspiran a una vida más libre y más próspera. No son bien acogidos por las sociedades europeas, a pesar de que muchos políticos y gobiernos les dan acogida y los primeros auxilios.

Pero para sectores significantes de los países europeos, la amenaza son los inmigrantes. Si son musulmanes, todavía más. Porque no son ni europeos ni cristianos. Salen partidos xenófobos, desde Suecia hasta Francia y desde Gran Bretaña a Austria, que ponen a los sobrevenidos en la primera línea de sus programas. Lo grave es que la derecha tradicional, para cortar el paso a la extrema derecha xenófoba, copia total o parcialmente sus programas.

No hay soluciones fáciles ni simples. Tampoco a corto plazo. Pero es urgente evitar que tantos miles de personas mueran a la deriva de los mares, de las mafias, de las persecuciones y de las murallas visibles o invisibles que levantamos en Europa. 

Publicado en Foixblog

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