Política

Musulmanes americanos: las noticias son buenas y malas

Al igual que todos los cánceres, lo maligno del islam radical empieza pequeño. Felizmente, la entidad política musulmana americana dispone de la fuerza y los recursos para derrotarlo. La pregunta es, ¿tendrá la voluntad?

Jeff Jacoby
La detallada encuesta sobre los musulmanes americanos difundida la semana pasada por el Pew Research Center atrajo considerable atención, la naturaleza polarizada de la cual quedaba plasmada en los titulares de dos diarios de Washington el 23 de mayo. “Encuesta: musulmanes americanos asimilados, contrarios al extremismo”, proclamaba alegremente el Washington Post. En contraste, el Washington Times anunciaba siniestramente: “La juventud musulmana americana respalda los atentados suicida”.

Como sugieren esos titulares, los resultados de Pew ingresaron en el circuito político en el momento en que se hicieron públicos. Los progresistas tendieron a centrarse en el optimista descubrimiento de que la mayor parte de los 2,3 millones de musulmanes de la nación se están integrando en el ámbito americano. Los conservadores fueron más dados a tirar al monte en materia de la problemática evidencia de que una minoría de musulmanes americanos, especialmente entre aquellos por debajo de los 30 años, defiende el terrorismo y apoya al islam radical.

Pero las noticias de que los musulmanes en Estados Unidos, dos tercios de los cuales nacieron fuera, se están asimilando en el crisol de culturas americano y están contentos con sus vidas aquí debería ser celebrada por los americanos a izquierda y derecha.

Según la encuesta de Pew, el 72% de los musulmanes americanos evalúan su comunidad como un lugar “excelente” o “bueno” para vivir, y el 71% cree en la ética laboral americana – puedes salir adelante en América si está dispuesto a trabajar duro. Más de 6 de cada 10 no ve conflicto entre ser un musulmán devoto y vivir en una sociedad moderna, y el 62% afirma que es aceptable que los musulmanes se casen al margen de su fe. (Bajo la ley islámica, las mujeres musulmanas no deben casarse con no-musulmanes).

Hay más buenas noticias. “Con la excepción de inmigrantes muy recientes” observa Pew, la mayor parte de los musulmanes “cuenta que una gran proporción de sus amigos más cercanos son no musulmanes”. Un surtido (el 43%) cree que “los musulmanes que vienen a Estados Unidos deberían intentar y adoptar las costumbres americanas en lugar de intentar permanecer aparte de la sociedad en conjunto”. Un surtido aún más nutrido (el 43%) afirma que las mezquitas “deberían mantenerse al margen de temas políticos” y no “expresar sus opiniones sobre cuestiones sociales y políticas punteras”.

Todo lo cual es prueba tranquilizadora de que las tradiciones asimilatorias y las instituciones de la vida americana aún están haciendo su trabajo. Es bueno ver de el antiguo paradigma americano de E Pluribus Unum también orienta a los musulmanes. Aún mejor es que lo esté haciendo a pesar de la política de identidad colectiva y el desprecio a la asimilación tan en boga entre los políticamente correctos.

Desafortunadamente las buenas noticias de esta encuesta no cancelan a las malas. Y las malas noticias son que una minoría reducida pero alarmante de los musulmanes americanos expresa apoyo al terror jihadista y sus autores materiales.

Preguntados si puede estar justificado o no el terrorismo suicida u otras formas de terrorismo que ponga sus miras en civiles “para defender al islam sus enemigos”, el 78% respondía “nunca”. Pero el 1% afirma que tales masacres pueden “estar justificadas con frecuencia”, el 7% dice que “en ocasiones”, y el 5% decía que “puntualmente”. Otro 9% rehusaba contestar. Entre los musulmanes más jóvenes, las cifras son aún peores. Solamente el 69% condena sin paliativos todo el terror islamista. Más de uno de cada cuatro — el 26% — aprueba el crimen jihadista bajo alguna circunstancia al menos.

Igualmente inquietante: el 5% de los musulmanes americanos tiene una opinión favorable de Al-Qaeda, al tiempo que el 27% rehusa dar una opinión. El apoyo a la letal red de Osama bin Laden es en realidad superior entre los musulmanes nacidos en Estados Unidos que entre los inmigrantes — y el más elevado de todos se da entre los musulmanes americanos negros.

¿Quién fue responsable del 11 de Septiembre? Solamente el 40% de los musulmanes americanos reconocerá que terroristas árabes cometieron el peor atentado de la historia de los Estados Unidos. Un sorprendente 60% o bien niega que hubiera implicados árabes, o rehúsa responder a la pregunta.

Ha sido interminablemente reiterado que la mayoría de los musulmanes son pacíficos, moderados, y no suponen ninguna amenaza para nadie. Esto es seguramente cierto. También es cierto que una minoría de musulmanes desposa creencias peligrosas y radicales, y que algunos de ellos están dispuestos a traducir esas creencias en violencia.

Unos cuantos varones musulmanes, en su mayor parte saudíes, fue todo lo que se necesitó para asesinar a 3000 americanos y reducir a escombros miles de millones de dólares en daños materiales el 11 de Septiembre. Un puñado de musulmanes, motivados por enseñanzas jihadistas, satisficieron la inquietud perpetrando la mayor parte de las atrocidades islamistas de los últimos 30 años. Una minoría puede cometer un gran mal — especialmente cuando vive en medio de una mayoría no desafía a su ideología de odio y no confrontar a aquellos que la promueven.

En la encuesta de Pew, solamente el 8% de los musulmanes americanos dice que el terrorismo en nombre del islam está con frecuencia o en ocasiones justificado. Pero el 8% de 2,3 millones de musulmanes son 184.000 personas que apoyan los atentados suicida y las decapitaciones en algunas circunstancias al menos. Ésa no es una amenaza trivial. Y no puede eliminarse eficazmente a menos que los musulmanes moderados repudien activamente y condenen al ostracismo las ideas islamistas.

Al igual que todos los cánceres, lo maligno del islam radical empieza pequeño. Felizmente, la entidad política musulmana americana dispone de la fuerza y los recursos para derrotarlo. La pregunta es, ¿tendrá la voluntad?

Jeff Jacoby es columnista de The Boston Globe.

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