Las sociedades no existen gracias a un Estado con “poder” policíaco capaz de “contener la maldad humana”, sino porque naturalmente el hombre tiene vocación social y es, básicamente, moral: si todos salieran a robar, no habría guardias para detenerlos
Kate Middleton escribió su cuento de hadas y consiguió su príncipe azul. Pero además, impuso modas, enriqueció a muchos que venden todo tipo de sourvenirs. El traje transparente con el que conquistó al Príncipe, que lució en un desfile de modas benéfico, costaba € 35 pero se subastó por € 12.000. Danielle Helayel se hizo archi
famosa por ser la diseñadora del vestido azul que la ahora Duquesa de Cambridge usó durante su compromiso, que se agotó en las tiendas. La cantidad de telespectadores de la boda se estimó en 2.000 millones. Esto sí que es influencia y capacidad de lograr objetivos, mucho más que la de cualquier político.
Cuando, en 1981, Antonio Tejero asaltó el Parlamento español, fue el Rey, y no el presidente, el que detuvo el golpe. “Nuestra monarquía es garante del cumplimiento de la Constitución y democracia”, asegura un intelectual español. ¿Cómo? ¿Un poder sin mando militar ni policial garantizando la supervivencia de otro que sí lo tiene? El monarca “no gobierna, reina”. “¿Por qué todavía existen (las monarquías), huérfanas de poder real?” se pregunta Joaquín Roy. “La explicación reside en… el ‘poder blando’… etiqueta debida al politólogo de Harvard Joseph Nye,… (que es la) base de la influencia de… organizaciones desprovistas del impresionante poder
ejecutivo de orden militar… Ese ‘poder blando’… (es) respetado por el ‘poder duro’”, asegura Roy.
La Iglesia Católica, y su Estado Vaticano prácticamente sin armas, es la institución más antigua de Occidente, sobreviviendo a todos los imperios incluidos los
nucleares y, sin dudas, tiene mucho más autoridad real que cualquier fuerza armada, en términos de influencia histórica. En contraposición con las empresas estatales y
su proverbial ineficiencia y corrupción, Internet ha sido construido sin nadie a cargo, guiado solamente por el liderazgo moral de personajes que hicieron aportes efectivos para su desarrollo.
Es hora de decirlo, el futuro de la humanidad no pasa por la tediosa, trillada, discusión acerca de si se privatiza o se estatiza, sino por cambiar el primitivo y liberticida paradigma de autoridad actual, según el cual, ésta debe tener poder coactivo (el monopolio de la violencia) para ser tal. Mientras que éste tipo de “gobierno” destruye, toda evidencia reafirma los argumentos científicos: la autoridad real, que logra objetivos del modo más eficiente, es moral, ergo, opuesta a la violencia, incluso en la defensa. Cualquier sicólogo serio sabe que las personas obedecen más a quién tiene autoridad moral que a quién empuña un arma.
Las sociedades no existen gracias a un Estado con “poder” policíaco capaz de “contener la maldad humana”, sino porque naturalmente el hombre tiene vocación social y es, básicamente, moral: si todos salieran a robar, no habría guardias para detenerlos. El principio científico es sencillo (por el contrario, es incoherente afirmar
que la violencia puede traer paz). Dicen M. Artigas y J. J. Sanguinetti, en su “Filosofía de la naturaleza”, que los fenómenos naturales son espontáneos, porque son intrínsecos, surgen de suyo del interior de la persona. Por el contrario, la coacción al ser extrínseca, destruye a la naturaleza, humana, social y en general; y por eso se tiende a violar las leyes de los gobiernos: porque son antinaturales, destructivas. Por caso, para evitar
impuestos, durante un año los ejecutivos de Yahoo, Apple y Google ganaron un dólar como salario, ¡pero millones en opciones y bonos!
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