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Moscú. Pixabay

Moscú. Pixabay

¿Qué revelan los presupuestos de Rusia 2026-2028?

Los presupuestos rusos 2026-2028 consolidan una economía de guerra prolongada. Moscú asume un escenario de bajo crecimiento y elevada inflación, pero mantiene un gasto militar estructuralmente alto. Aunque el presupuesto prevé una ligera reducción en defensa, el Estado refuerza la financiación de la seguridad interna y preserva el aparato bélico como eje central de su modelo económico, mostrando que no se prepara para el fin de la guerra, sino para sostenerla indefinidamente.

La política fiscal se endurece: más impuestos y presión sobre la sociedad. El Kremlin busca equilibrar las cuentas sin recurrir a un endeudamiento masivo, elevando el IVA del 20% al 22% y reduciendo los umbrales de exención para pequeñas empresas. Estas medidas trasladan el peso del esfuerzo bélico a los hogares y al tejido productivo menor, revelando una estrategia de “represión fiscal” que prioriza la estabilidad macroeconómica sobre el bienestar ciudadano.

El crecimiento económico se frena drásticamente y la inversión se desploma. Las previsiones oficiales reducen el crecimiento del PIB a la mitad (del 2,5% al 1%) en 2025, con un 1,3% para 2026. La inflación sigue alta, los ingresos reales caen y la inversión pasa de crecer a contraerse. El gobierno reconoce así un estancamiento prolongado: bajo crecimiento, consumo débil y dependencia del superávit comercial sustentado en la reducción de importaciones más que en una expansión productiva real.

El gasto social actúa como amortiguador político, no como política redistributiva. El Kremlin mantiene subsidios familiares y programas de vivienda para evitar un deterioro brusco del nivel de vida, pero los financia con impuestos regresivos. Estos programas tienen una función legitimadora: sostener la percepción de estabilidad y evitar que el malestar social erosione el régimen. La fórmula busca mantener “al país en guerra sin tener a la sociedad en guerra”.

El diseño presupuestario refleja lecciones históricas y una estrategia de resistencia. El Kremlin parece aprender de tres precedentes: 1917, Afganistán y el colapso soviético. La Revolución de Octubre de 1917 fue la consecuencia de una inflación incontrolable y la movilización general por la Primera Guerra Mundial; el Kremlin hará todo lo posible para evitar la combinación de ambos factores. Al contener la inflación, modular el esfuerzo militar y ofrecer incentivos económicos a los combatientes (que no fue el caso de la guerra en Afganistán en los años 80) evita el descontento social. El resultado es un modelo de “resistencia económica” basado en la disciplina fiscal, el control estatal y la legitimidad sustentada en la estabilidad, no en el crecimiento: una economía preparada para una guerra larga y para blindar el poder de Vladímir Putin.

Análisis completo en este enlace.

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