El pueblo libanés y los pueblos libres de occidente, deberán tomar serias precauciones al escuchar estas diatribas, impresas y grabadas en las venas y cerebros de los pueblos de la región durante décadas.
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Viernes, 16 de enero 2026

El pueblo libanés y los pueblos libres de occidente, deberán tomar serias precauciones al escuchar estas diatribas, impresas y grabadas en las venas y cerebros de los pueblos de la región durante décadas.
George Chaya
“Continuaremos siendo ´un estado de resistencia´ y firmeza hasta que recuperemos todos nuestros derechos en la región”, Emile Lahoud, Presidente del Líbano
El presidente Lahud, aseguraba en su discurso, que el Líbano continuaría siendo “el país de la resistencia”, y que vencería los proyectos destinados a “debilitarlo y dividirlo”. Criticó también a algunos “dirigentes y partidos” por haber hecho fracasar los “frutos de la victoria” (¿?) que a su juicio, se alcanzó el verano pasado, obvia alusión al Primer Ministro, Fouad Saniora, y a las Fuerzas del 14 de Marzo (coalición anti-siria).Acusó a la mayoría parlamentaria, aglutinada en torno al 14 de Marzo y la Revolución de los Cedros, de monopolizar el poder y violar la coexistencia entre musulmanes y cristianos.
Dijo que estas organizaciones políticas que se oponen a él y a la oposición, liderada por Hezbolá y el General Michel Aoun, piensan que “el apoyo internacional les da legitimidad, pero enfatizo que se equivocan”. Y aseguró que el Líbano nunca hubiese obtenido “una victoria” contra Israel, entre julio y agosto del año pasado, sin el apoyo del pueblo a la resistencia que es la que sigue “sacrificándose por la patria”…
¿Cómo desentrañar y cotejar tamaña psicótica diatriba mal llamada discurso del Presidente Lahoud para conmemorar el primer año de la guerra entre Hezbolá e Israel?
Por un lado, es menester recordar que el fruto de la “divina victoria” a la que alude Lahoud y sus aliados Nasralah, Nabih Berri y Michel Aoun se saldó con unas cifras de más de 1.100 libaneses muertos, 35.000 heridos, 420.000 desplazados y, desde luego, la infraestructura del país fue pulverizada. Habría que recordarle que lo que él llama victoria, ha sido en realidad una gran “catástrofe para el pueblo libanés en su mayoría, un desastre que retrotrajo al país 30 años en su historia, su económica y calidad de vida”.
Estos discursos, como los de Lahoud, son las frases de siempre, añejas, falaces y obsoletas, que continúan siendo utilizadas por los que desean estimular la cultura de la muerte y la destrucción que ellos mismos importaron y pusieron en práctica en el Líbano durante 30 años de horrores y barbaries; tarea a la que el presidente continúa entregado con suma perfección como uno de los mejores asalariados de las potencias extranjeras en suelo libanés.
Lo cierto es, que amparado en las banderas de “la causa, la cultura, la resistencia y las políticas árabes e islamistas”, hoy sigue sosteniendo que hay que protegerse contra los “invasores”. Nada nuevo ni desconocido para los libaneses, hartos de escucharlo, puesto que bajo el lema de “apoyar a la resistencia” y “promover la cultura de la resistencia” solo se busca mantener cercenados y asfixiados los derechos de los ciudadanos y congelar sus mentes y pensamientos sobre libertad y democracia reales. Ello ocurre a manos de personajes como Lahoud, de reconocida tendencia pro-siria, y también con la arrogancia de muchos pseudo-intelectuales que le apoyan desde hace varios años en Occidente y el mundo árabe.
Todos conocemos cómo se refiere el Líbano al presidente Lahoud, y está más que claro que quienes le apoyan son los mismos vulgares e irrespetuosos cpn las libertades democráticas, autoritarios y fascistas, cuyo destino a corto plazo serán los jueces y la Justicia.
El pueblo libanés y los pueblos libres de occidente, deberán tomar serias precauciones al escuchar estas diatribas, impresas y grabadas en las venas y cerebros de los pueblos de la región durante décadas. Es recomendable escuchar muy cuidadosamente estos discursos y evaluar cada palabra que se expresa en ellos; escuchar no solamente los lemas pegadizos y repetidos que pretenden dar categoría de héroes románticos a los ´resistentes´, reaccionarios e intolerantes islamofascistas. Pero, mientras estos falsos defensores de la resistencia y la dignidad mueven a los pueblos – sin ideas nuevas y con discursos suficientemente conocidos y padecidos – en la vida real las personas reales siguen siendo asesinadas, los países siguen siendo destruidos, la gente inocente es herida y sus vidas, sustento, derechos políticos, civiles y humanos son destrozados. En la vida real, las sociedades y los ciudadanos que las conforman, los supuestamente ” protegidos por la resistencia y contra los invasores”, son privados de su vida normal, bienestar económico, educación para sus hijos, y lo más importante, de sus genuinos derechos políticos, arrebatados por los mismos que dicen protegerlos. En otras palabras, mientras se apoya el discurso hipócrita y victimista de la resistencia islamofascista, se vive en una vida precaria.
Por tanto, es menester analizar muy seriamente las declaraciones del presidente Lahoud y alejarse de esta concepción de degradación intelectual para dar a los pueblos una elección real. Los esfuerzos de estos sujetos por controlar sus vidas económicamente, por elegir por ellos a nivel político, por proveerles su propia justicia, son: absolutamente falsos e hipócritamente populistas En realidad, si hay una cosa de la cual el Líbano y los pueblos árabes necesitan liberarse y resistir, es de estas mentes malignas, de sus discursos de odio y de esa vetusta definición que siempre usan los perversos a través del prisma de “ser la víctima”.
No obstante, mientras esto sucede y el presidente desgrana sus diatribas contra el Gobierno democráticamente electo; contra la Revolución de los Cedros; Estados Unidos, Israel y Occidente, es obligación de los que nos sentimos libres la construcción de una pacifica y verdadera resistencia mediante una búsqueda proactiva dentro de cada uno de nosotros, para alcanzar y proponer caminos que catalicen y mejoren los cambios hacia un mundo moderno y en paz.
Entonces, nosotros, los libaneses comunes, los árabes y los demás pueblos de la región, lograremos un cambio en nuestros pueblos y en nuestras vidas. Con ello no estaremos disculpando a nada ni a nadie por nuestras costumbres, cultura o formas de vida.
Con ello estaremos dando el primer paso hacia desechar el yugo de la opresión tribal, el atraso social e intelectual, la destrucción del ser humano por creencias anticuadas o la sensación abrumadora de que el mundo árabe, a pesar de su abundancia en petróleo, sigue viviendo lo más retrógradamente posible con respecto al conjunto de sociedades modernas del mundo de hoy.
George Chaya es politólogo y conferenciante de la International Consulting in Politics Affaires on Middle Eastern and Hispanic América. Sirve de portavoz en América Latina del Consejo Mundial de la Revolución de los Cedros.
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