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Washington y sus relaciones políticas con Asia

“Si la ronda de Doha hace aguas, no habrá nada que pueda evitar que estos líderes constituyan, en forma embriónica al principio, una comunidad económica asiática que excluya a Estados Unidos y que compita en última instancia tanto con la Unión Europea como con el Acuerdo de Libre Comercio Norteamericano. Ya están desarrollando una compleja red de acuerdos de libre comercio”.

Relaciones Internacionales

 


Ciertamente, el equipo de la segunda administración George W es conocedor de Asia, pero la región está cambiando a un ritmo que el Washington distraído con Oriente Medio encuentra difícil mantener, y exige demandas para las que la administración encuentra difícil tener tiempo.


 


En términos económicos, mucho depende ahora de si la ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio puede ser rescatada. Si la apertura agrícola prometida por Bush en vísperas de la reciente cumbre del G8 en Escocia, a condición de que Europa la secunde, no se traduce en acciones, entonces la ronda está probablemente sentenciada.


 


El éxito de Bush al someter positivamente el Acuerdo de Libre Comercio con América Central a votación en el Congreso da algunos motivos de esperanza — pero el margen, de sólo dos votos en la Cámara, también indica lo difícil que sería lograr apoyo para medidas mayores de alcance global.


 


Al mismo tiempo, mientras los ministros de comercio del mundo se reunirán en Hong Kong para considerar el destino de la ronda de Doha — desde el 13 al 18 de diciembre — los presidentes y primeros ministros de los 16 países principales de Asia se encontrarán en Kuala Lumpur, Malasia, para la primera Cumbre del Este de Asia, el 14 de diciembre.


 


Si la ronda de Doha hace aguas, no habrá nada que pueda evitar que estos líderes constituyan, en forma embriónica al principio, una comunidad económica asiática que excluya a Estados Unidos y que compita en última instancia tanto con la Unión Europea como con el Acuerdo de Libre Comercio Norteamericano. Ya están desarrollando una compleja red de acuerdos de libre comercio. Muchos se encuentran por debajo de los estándares de la WTO, con servicios e inversiones excluidos comúnmente, y en ocasiones también la agricultura. Pero China es ahora, si se incluye Hong Kong, el mayor socio comercial de Japón y Corea del Sur, y la India también se está poniendo cada vez más a la altura de sus vecinos del este económicamente. No va más.


 


Hace una década o dos, tal Cumbre del Este de Asia apenas habría arrancado unos cuantos segundos al final del informativo de la CNN, un simple apostillamiento a las acciones internacionales significativas del tipo de las observadas de Washington o Londres. Pero hoy, estos países — los diez miembros de la Asociación de Naciones del Sureste de Asia, mas China, Japón, Corea del Sur, la India, Australia y Nueva Zelanda — abarcan más de la mitad de la población mundial, y poseen más de los dos tercios de las reservas de cambio del mundo, incluyendo la mayor parte de la enorme deuda de Estados Unidos. Llevan a cabo la mayor parte de su comercio entre sí. Y la mayoría — siendo China la excepción que confirma la regla — son democracias vibrantes.


 


Las conexiones de Washington con la región continúan siendo enormes y a todos los niveles. Es un miembro clave del Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico, cuyos líderes se reunirán en el dinámico centro industrial surcoreano de Busán (antes Pusán) el 18-19 de noviembre. Para muchos países del APEC, la oportunidad de que sus líderes se reúnan una vez al año con el Presidente norteamericano es la mayor atracción del foro con diferencia. Pero es necesario que el APEC tenga algo más de contenido si va a mantener su papel regional, dado que la Cumbre del Este de Asia emerge como rival.


 


La ASEAN conserva un papel relevante como guardiana que determina qué países tienen opción de asistir a la Cumbre del Este de Asia. Esto significa, por ejemplo, que el gobierno de Australia tuvo que admitir ser humillado por un error garrafal cuando el portavoz de asuntos exteriores de la oposición, Kevin Rudd, tuvo que sobrepasar sus funciones para firmar el Tratado de Amistad y Cooperación de la ASEAN que emergió del Movimiento de los No Alineados en su día — porque la ASEAN convirtió aceptar el tratado en una condición para asistir a la cumbre.


 


Indonesia está reestableciendo su importancia internacional, esta vez como la nación musulmana más poblada del mundo de lejos y como una nueva democracia vibrante. Históricamente, ha tendido a ponerse algo nerviosa ante la influencia de China, y por lo tanto parece natural que se vuelva a las naciones que cree que pueden jugar un papel a la hora de equilibrar la tendencia hegemónica de China. Australia destaca entre esas naciones, lo mismo que Estados Unidos, donde se educó el Presidente Susilo Bambang Yudhoyono, un ex general.


 


Pero la Secretario de Estado Condolizza Rice no participó a finales de junio en la reunión anual de la ASEAN con los ministros de exteriores asociados – a la que su predecesor Colin Powell asistía puntualmente. Los ministros de exteriores de China, Japón y la India también estuvieron ausentes, pero eso importó bastante menos. Siempre están recorriendo la región.


 


Washington ha buscado maximizar su limitada capacidad de centrarse en Asia multilateralizando su implicación en materia de seguridad y otros temas. El embrollo nuclear de Corea del Norte es afrontado mediante conversaciones a seis bandas lideradas por China. Japón es alistado cada vez más como un socio dispuesto a garantizar la seguridad de Taiwán. Las conversaciones anuales de seguridad con Australia, Japón y Corea del Sur han sido actualizadas — aunque Corea del Sur cae cada vez más en la esfera de influencia de rápido crecimiento de China, en la que Burma está ya a punto de ocupar la posición de satélite.


 


Estados Unidos ha formado también una alianza con Australia, China, Japón, Corea del Sur y la India — la Sociedad Asia Pacífico sobre Desarrollo Limpio y el Clima — para proporcionar una ruta alternativa al Protocolo de Kioto a la hora de tratar el calentamiento global, centrándose en el desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías.


 


Tales iniciativas son ampliamente bienvenidas en Asia. Y aunque la Unión Europea también ha trabajado por desarrollar vínculos institucionales con la región, en realidad no han echado raíces. Los recientes titubeos del Proyecto Europa, con los fracasos de los referendos acerca de la nueva constitución europea en Francia y Holanda, la contínua debilidad del crecimiento económico europeo y lo que se percibe como la claudicación de Europa en la guerra contra el terror – incluso aunque esto continúa siendo una lucha marginal a los ojos asiáticos, excepto en regiones del sureste de Asia – minan su atractivo como socio asiático importante. Robert Ronnie, el jefe de estrategia de divisas del banco australiano Westpac, mencionaba que tales temas también afectan a las reservas de euros de los banqueros de Asia central: “Asia no quiere encontrarse con una moneda de sistema político débil como miembro relevante de sus reservas”.


 


La bienvenida excepcionalmente cálida ofrecida recientemente en Washington al Primer Ministro hindú Man Mohan Singh es un recordatorio de que las relaciones bilaterales norteamericanas en Asia continúan siendo fuertes. A pesar de la incipiente guerra comercial y las preocupaciones del Pentágono por las caras inversiones del Ejército Popular de Liberación, las relaciones con China son más amplias y profundas que nunca.


 


Pero a pesar de la fricción contínua inevitable y los malentendidos dentro de Asia, la propia región está comenzando a compactar, y nadie — incluyendo a aliados norteamericanos a ultranza como Japón o Australia — quiere quedarse al margen. En este proceso, Estados Unidos no tiene capacidad de ser una pieza primordial. No carece de amigos dentro, pero es un momento frustrante para Washington.


 

Rowan Callick es el editor de Asia-Pacífico del The Australian Financial Review.

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