Política

Welcome Lenin

Resistir y perseverar es la única forma de actuar frente al espejismo revolucionario. La libertad es frágil y hay que merecerla todos los días acumulando méritos mediante la crítica constante al modelo socialista que históricamente hemos auspiciado en casi medio siglo de democracia y que ha devenido, como era de esperarse, en el despotismo bolivariano actual.

Luis E. De San Martín
La democracia revolucionaria, que es el mote que Hugo Chávez utiliza para referirse a la dictadura cubana, ha sido el proyecto ganador el pasado 3 de diciembre en Venezuela. Casi dos de cada tres venezolanos han decidido continuar avalando el secuestro de las instituciones, el culto a la personalidad, la estatización de la economía, la persecución de la disidencia, el despilfarro y saqueo de los recursos públicos, la preeminencia de los militares, las amenazas a la libertad de expresión, en fin, ese populismo autocrático que definen como socialismo del siglo XXI. Nadie podrá alegar ahora engaño u ocultación alguna de las convicciones liberticidas del caudillo bolivariano cuando la zanahoria petrolera deje paso al garrote.

Los venezolanos seremos responsables de las barbaridades que en nuestro nombre continuará haciendo el régimen tanto dentro como fuera del país. Una combinación de petrodólares, carisma y frivolidad suicida ha logrado resucitar en Venezuela a la momia de Lenin.

La buena nueva recorre el mundo. La izquierda marxista se sacude las telarañas y corre a ver el prodigio, mientras que la otra izquierda desata su onanismo escondida en el baño. La euforia de la victoria logrará solapar por un tiempo el drama cotidiano de empleos precarios, inflación e inseguridad personal, porque al fin y al cabo el ser humano es un animal de costumbres que termina por adaptarse a su entorno sin importar lo hostil que este sea.

“La sarna con gusto no pica”, reza el dicho popular. En términos políticos el mandato parece claro: adelante con la propuesta del trueque, la consolidación del partido único, la reelección indefinida y las matizaciones del derecho a la propiedad privada en el texto constitucional. No obstante, ese 37 % de ciudadanos que decididamente se resisten al embrujo caudillista deben superar la depresión lo más rápido posible porque de eso depende el mantenimiento de las disminuidas libertades públicas que aún existen; aceptando el hecho de que sólo a partir de ellas es posible mantener en movimiento un proyecto alternativo capaz de aguantar el vendaval revolucionario.

Resistir y perseverar es la única forma de actuar frente al espejismo revolucionario. La libertad es frágil y hay que merecerla todos los días acumulando méritos mediante la crítica constante al modelo socialista que históricamente hemos auspiciado en casi medio siglo de democracia y que ha devenido, como era de esperarse, en el despotismo bolivariano actual.

Debemos aprovechar las evidencias que la experiencia histórica nos da para reivindicar un proyecto contrario que proteja a la esencia de la democracia liberal; a la parte más débil y vulnerable de la sociedad: al individuo. La estatolatría de un sector mayoritario de la oposición debe también someterse a debate para poder plantear soluciones viables y duraderas al problema que le es consustancial: la corrupción. Hay que reconocer que la responsabilidad individual cede cuando se encuentra con unas estructuras hechas para privilegiar la figura del gestor, el intermediario burocrático o el camarada del partido, porque cuando el poder político interfiere, generalmente con “buenas” intenciones, en las relaciones económicas libres y voluntarias de las personas la sombra de la corrupción aparece en el horizonte como solución expedita. Es entonces cuando la artimaña como método de supervivencia y la simulación de honestidad como actitud vital se instalan en la sociedad pervirtiéndola de arriba a abajo. La pobreza e ignorancia que esta cultura cleptocrática ocasiona, favorece la aparición de engendros antidemocráticos que hacen del resentimiento y la envidia una bandera política.

Sí, ganaron dentro de los parámetros de una elección concebida para la trampa, que aceptamos como quien accede a entregar sus bienes a un atracador violento y armado. El dilema era participar o morir dignamente. Ya los mártires en esta lucha son demasiados como para seguir lanzando gente a las hogueras de la revolución: miles de despedidos de PDVSA, presos políticos, personajes exiliados, ciudadanos discriminados, asesinados en protestas antigubernamentales, etc. La magnitud de la derrota no nos debe hacer callar ante un sistema electoral abusivo, opaco y parcializado, evidentemente diseñado como punta de lanza de una enorme maquinaria estatal que no duda en utilizar la extorsión y el chantaje para asegurar lealtades, tal y como lo demostró en persona el presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, unas semanas antes de la elección. Si esto lo padecía la junta directiva de la principal empresa del país, se imaginan lo que ocurrió en todos los estamentos del paquidérmico Estado bolivariano con los beneficiarios de misiones, contratistas y funcionarios. La democracia es bastante más que votar. Los que la limitan al poder ilimitado de las mayorías cometen un fraude conceptual alevoso que pretende encubrir las desaforadas ansias de poder que distinguen a los peores enemigos de la libertad.

Manuel Rosales hizo lo que pudo, que no fue poco, para rescatar el juego político que hace posible la democracia con unas dosis de coraje personal y responsabilidad que deberían ser reconocidas en el heterogéneo panorama opositor. Sin embargo, esta oposición de tipo homeopática o de largo aliento genera demasiadas sospechas de complicidad o genuflexión ante el régimen en sectores comprometidos con la causa de libertad y la justicia sin cuya participación será imposible vencer a Hugo Chávez en el futuro, por lo que la agenda opositora debe establecerse tomando en cuenta las distintas sensibilidades involucradas. La experiencia de concertación de partidos que gobierna en Chile desde el fin de la dictadura pinochetista es un buen modelo a seguir, esperemos que la nuestra no tarde más de los 14 años que tenemos ya asegurados.

Finalmente, si este nuevo desgarro del alma desata otra ola de apatía inmovilista le habremos regalado la mejor victoria posible a Hugo Chávez de cara a las próximas embestidas autoritarias que prepara el oficialismo a la vuelta de la esquina. La anti política no es una opción racional ni hoy ni mañana. La política adquiere su condición más noble cuando la asumimos como parte importante de la vida en sociedad, ya que de eso depende la integridad de nuestra intimidad; ese espacio en el que desarrollamos plenamente la libertad.

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