En noviembre de 1815 las casas reales europeas, reunidas en Viena, escribieron el acta de defunción de la revolución francesa y construyeron un sistema de convivencia internacional que duró cien años. Ahí, en el Congreso de Viena, entre bailes, cacerías y unos cuantos adulterios, se forjaron las líneas maestras del siglo XIX.
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