Economía y Sociedad

Y de las piedras brotó… petróleo

La abundancia de petróleo gracias al “fracking” provoca protestas ecologistas y trastorna los presupuestos de exportadores como Rusia y Venezuela.



Gran consumidor de hidrocarburos, años atrás EE.UU. se asomó con vértigo a la disminución de sus propias fuentes tradicionales de crudo (mayormente ubicadas en el Golfo de México), y ha experimentado la vulnerabilidad que supone estar a merced de los suministros procedentes de regiones conflictivas del globo, como el Oriente Medio, o de países cercanos con los que sostiene relaciones bastante mejorables, como Venezuela. La solución estaba más cerca que lo que hubiera creído: a un kilómetro o dos bajo su propio suelo, en rocas bituminosas o de esquisto, de las que se extrae el crudo y el gas por fractura hidráulica o fracking.

Foto: Tim Evanson

 El riesgo de que el “fracking” contamine los acuíferos o provoque terremotos es bajo 

Ya son 85.659 los pozos registrados en EE.UU. para explotarlos por este método, según la web www.fracfocus.org. El combustible así obtenido es, al tiempo que motivo de denuncia por parte de ecologistas, un modulador de cambios en la geopolítica mundial.

En los pozos convencionales, los hidrocarburos se extraen tras perforar las cavidades (reservorios) en que se encuentran a presión. En el proceso de fracking (ver video), la perforación se adentra un kilómetro o más en dirección vertical, hasta llegar hasta el petróleo y el gas alojado en las grietas de las rocas de esquisto. Para extraerlos se inyecta a alta presión una mezcla de agua (98%), arena y aditivos químicos que ensancha las grietas y, al retornar arriba, arrastra consigo a los hidrocarburos. 

El procedimiento suscita recelos porque el agua mezclada con sustancias químicas podría supuestamente contaminar los acuíferos, y la rotura de las rocas, desestabilizar el subsuelo y provocar terremotos. Además, el fracking aumenta la disponibilidad de petróleo cuando se debería intensificar los esfuerzos para sustituirlo por fuentes de energía limpia.

Peligros remotos

Según los partidarios del fracking, pero también en opinión de expertos más neutrales, las posibilidades de contaminación de los acuíferos son bastante escasas, toda vez que las profundidades a las que se realiza la perforación sobrepasan con mucho la distancia a la que se encuentran las aguas subterráneas. La exdirectora de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU., Lisa Jackson, ha sido enfática al recordar que no se ha comunicado ningún caso de contaminación de agua potable como consecuencia de prácticas de fracking.

Sin embargo, un peligro mayor está en las aguas empleadas en el proceso, que pueden acabar en los cursos de agua dulce. En Colorado, donde existen unos 20.000 pozos, las inundaciones de noviembre de 2013 habrían destruido buena parte de los colectores, por lo que no se descarta que los líquidos químicos residuales se hayan mezclado con el agua para consumo humano y animal. “La lección clara es que nunca debe construirse infraestructura para fracking en lugares inundables”, dijo a BBC Mundo Anthony Ingraffea, profesor de ingeniería de la Universidad de Cornell (Nueva York).

Otro temor, el de los terremotos, ha sido conjurado por autoridades como la Royal Society —la academia de ciencias del Reino Unido—, al apuntar que otras actividades de extracción, como la minería del carbón, también producen microsismos. El geólogo y responsable de exploración en la Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi, Juan García Portero, segura la “alta improbabilidad” de que ocurran terremotos de gran magnitud en la superficie inducidos por el fracking. “La rotura del reservorio de pizarra produce microsismos —reconoce en entrevista con Europa Press—, pero después de millares de operaciones a 3.000 o 5.000 metros (2.000 por debajo de los acuíferos más cercanos a la superficie), no se sentirán nunca”.

¿A por Caracas, Teherán y Moscú?

La nueva abundancia de petróleo tiene consecuencias geopolíticas, especialmente en Rusia y Venezuela. El buen nivel de producción y autoabastecimiento logrado por EE.UU. mediante el fracking, más la renuencia de Arabia Saudí a reducir la producción de crudo para empujar los precios al alza (lo que todavía no ocurre) y la sobriedad de la demanda por parte de una Europa que todavía no despega con fuerza de la crisis económica, hacen tropezar a Moscú con unos ingresos por exportación más bajos que lo esperado, y la abocan a una recesión en el primer trimestre de 2015.

Otro gran productor, Irán, ya golpeado por las sanciones económicas de Occidente hasta que delimite las condiciones y el alcance de su programa nuclear, se está viendo obligado a almacenar cada día 100.000 barriles de crudo que no puede vender, lo que repercute negativamente en su presupuesto. El país persa, que en 2011 superaba los tres millones de barriles diarios hoy no pasa de un millón, y la tendencia es a la baja. Una mala noticia que no lo es tanto para Israel, al que no le entristece que el principal valedor del grupo chiita libanés Hizbolá se vea forzado a destinar menos recursos al sostén de la “bestia negra” de Tel Aviv en su frontera norte. 

El “fracking” deja de ser rentable si el barril baja a 50 dólares, y Arabia Saudita se resiste a forzar una subida del precio recortando la producción, para así desplazar a sus nuevos competidores 

Al otro lado del Atlántico, en Venezuela, las cuestiones técnicas del mercado ceden lugar a la retórica. El presidente Nicolás Maduro concluye que la mayor disponibilidad de petróleo de esquisto y el lógico decrecimiento de la importación por parte de EE.UU., busca “estratégicamente destruir” a las economías de Moscú y Caracas.

Obligado por un barril en mínimos históricos (el 29 de diciembre se cotizaba a 48 dólares), el gobierno de Maduro tendrá que adoptar medidas de las que no gustan a una población acostumbrada a que la gasolina fluya casi tan gratuitamente como la leche y la miel bíblicas, y en lo exterior deberá aplicar las tijeras a esquemas de colaboración energética como Petrocaribe. No es de esperar, no obstante, que un aliado ideológico como La Habana sufra los recortes principales —a fin de cuentas, sus médicos y otros especialistas sostienen los programas sociales venezolanos—, pero la Isla, ayer tan dependiente del suministro soviético y hoy del venezolano, estará tomando nota y planificando nuevas medidas de ahorro.

La mano de los jeques

En el reparto de culpas, Maduro olvida incluir a Arabia Saudita, que se niega a disminuir la producción y levantar los precios para todos. Y no es que los jeques quieran “destruir” a la Venezuela bolivariana, pero se la llevan de refilón cuando, con su política de precios bajos, pretenden hacer caer la rentabilidad del fracking estadounidense, más caro que la extracción convencional.

Los saudíes saben que la variante norteamericana tiene un límite de costos (una fuente calcula que podría soportarse una bajada hasta los 50-55 dólares el barril, no más), de modo que en las próximas semanas se verá hasta qué punto Riad puede tensar la cuerda, y si los productores norteamericanos son capaces de sostener el pulso.

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