Política

Para el Kirchnereismo: más importante que hacer es decir

“Kirchner al gobierno, la impunidad al poder”: es la fórmula que gobierna. Así, al menos es factible entender qué pasa.


“Agradezco a los tucumanos, porque me hicieron sentir como en mi casa”, dijo el Presidente Néstor Kirchner el pasado 9 de Julio mientras “conmemoraba” un nuevo aniversario de la declaración de la Independencia. No ha mentido. Tucumán era un hervidero. Nadie sabía en qué derivaría todo aquello. ¿No es ese el modo como vivimos hoy los argentinos? Pues bien, Kirchner lo dijo.


 


Extraña dicotomía. Por un lado, el jefe de Estado agradece una suerte de anarquía. Por otro, grupos insurrectos ganan espacio y premios…D´Elía, sin ir más lejos se sacó un viaje por liderar un saqueo.


“Kirchner al gobierno, la impunidad al poder”: es la fórmula que gobierna. Así, al menos es factible entender qué pasa. Y esperar un panorama similar en lo sucesivo. Sin duda, el primer mandatario no se equivoca al decir que no es nueva la pobreza en Argentina. Pero, desde su asunción no ha hecho sino subsidiarla. Hoy por hoy, la miseria, la insurrección y la afrenta verbal están institucionalizadas.


 


¿Por qué habría de esperarse cambios? El jefe de Estado ratificó su intención de no intervenir en los conflictos sociales. En otras palabras: le da rienda suelta a la delincuencia. No se “criminalizará”, no habrá “exclusión social”: dos términos que nadie sabe en rigor qué significan pero que no faltan jamás en la prédica oficialista. No avizorar reformas dista de ser una actitud pesimista. Es sí, una radiografía con proyección hacia delante de lo que hay y ha de haber en Argentina.


Y aunque parezca mentira, tiene lógica que así sea: el Gobierno debe mantener el circo para poder elaborar excusas que expliquen qué pasa con las cuentas, qué se hará con la deuda, qué ha de seguir cuando la “buena-venturanza” económica muestre sus innumerables grietas… 


Si acaso Kirchner asumió 14 meses atrás sin saber qué haría, puede afirmarse que hoy, no lo sabe todavía. No sería grave que piense con mentalidad setentista, lo grave es que actúe en base a ella sembrando violencia. A la improvisación suma una suerte de ideología desprolija  que no convoca siquiera a una izquierda unida.


En el debate sobre el “código de convivencia” (contradicción en términos, o quizá directamente una entelequia…), por ejemplo quienes le respaldan son marginales,  vendedores ambulantes, etc. Cada cuál defendiendo su propio kiosco lejos de un proyecto común y más lejos todavía de una convivencia pacífica.


 


No hay en el gobierno un plan concreto ni hay declaraciones políticas, como a simple vista pareciera. Lo que se dice dura lo que el viento. Antes o después, nadie dijo lo que dijera. Esa es una de las estrategias. 


Otra, es la de enfrentar fantasmas o crear enemigos inexistentes. Entendamos que para el Gobierno, su función prioritaria es producir ideología compensadora de los viejos ideales, espuma. El objetivo es mantener calma a la gente que es agitadora por naturaleza, es decir a piqueteros, marginales, detractores y si es necesario, dentro de poco y en este trance, a los gays viudos o a las prostitutas desplazadas por los travestís.


 


¿También deberá Lavagna regular oferta y demanda del mercado callejero? Acorde a ello avala a quienes dicen que lucharon contra la dictadura después de la asunción de Alfonsín por ejemplo, o a quienes se opusieron al franquismo después de la muerte de Franco y sin salir de la Argentina, claro… No desatiende siquiera ni a quienes aseveran que es la derecha, la que sigue matando a Lorca o a Machado…


Si se entiende esta dialéctica es posible comprender qué pasa en el escenario político.


En este aspecto, una oposición actualizada queda disminuida porque se atiene a programas y  no a la fabricación de imposibles. No es menester siquiera tener cualidades especiales para comunicar. Basta con tener una maquinaria de ideología que es lo que Kirchner armara en Balcarce 50 con Bonasso detrás del telón  y los Fernández a la cabeza.


 


¿Por qué Kirchner abre frentes de batalla en forma indiscriminada? Porque es sólo en un marco de guerra donde todo puede justificarse, donde todo vale. La ilegalidad, la trasgresión, la violencia sólo pueden ajustarse a épocas de contiendas o situaciones bélicas. A la luz de la razón, no es entendible el afán por la discordia permanente. Desde una óptica analítica no es difícil captarlo, máxime si podemos responder a la pregunta: ¿A quién, el Gobierno, está en verdad declarándole la guerra?


 


¿QUIÉN ES EL ENEMIGO? ¿CUÁL ES EL BALNCO?


No es a Eduardo Duhalde, no es a Raúl Alfonsín, no es a Elisa Carrió ni siquiera a la Iglesia. Tampoco es Abel Posee que osó ser la voz de la clase media al declarar al diario La Nación que  “El país está al borde de la anarquía”


No hay duda que es diplomático, de lo contrario me temo que hubiese obviado el borde para caer directamente en la verdad sin anestesia.


Nietzsche decía que, en tiempos de paz, el hombre belicoso se hace la guerra a sí mismo. Algo de eso hay. 


Pero, en definitiva, la ofensiva del titular del Ejecutivo es contra la sociedad argentina. Aquella que le otorgara credibilidad y consenso en los primeros meses. La que está menguando su apoyo pero sobre todo la que Néstor Kirchner necesita inevitablemente escindida para poder manejar a su antojo.


 


¿Si no existieron disputas permanentes capaces de alborotar a la opinión pública, qué queda? Una ausencia total de acción y una desidia absoluta en materia política. Lo dijo Abel Pose con más erudición: “Estamos viviendo un cuadro de terror creado por la permisividad insensata y, sobre todo, por la ausencia del Estado en el mantenimiento del orden público” También aquí, el saliente Embajador demuestra su diplomacia: la ausencia del Estado, en rigor se está haciendo sentir en todas las áreas.


 


Al asumir Kirchner, los sondeos de opinión y las encuestas que tanto lo desvelan mostraban las siguientes prioridades en la demanda de la ciudadanía:


Desocupación (26%); corrupción (17%); educación (14%); delincuencia (11%), hambre (8%), justicia (6%); salud (5%), salarios bajos (5%), droga (2%) Fuente: Nueva Mayoría.


Hoy por hoy, la inseguridad aumentó 20 puntos pasando a ser lo prioritario. Asimismo, ganó espacio una nueva preocupación y es la que atañe al actuar de los grupos piqueteros y la escalada de violencia social.


 


 


Ahora bien, ¿se han encarado medidas o  políticas de estado tendientes a eliminar de cuajo algunas de estas cuestiones? Al parecer, se ha hecho todo lo contrario.


 


Lo fundamental para Néstor Kirchner ha sido afianzar su liderazgo. Y el instrumento que eligió para ello, ha sido la oratoria demagógica. Si se atiende el discurso oficial se verá que son sólo cuatro o cinco las frases que el Gobierno utiliza cualquiera sea el tema.


A saber:


– No vamos a criminalizar la protesta social.


– Quieren que corra sangre y haya muerte. No vamos a reprimir


– Estamos construyendo una nueva Argentina.


– Debe terminarse con la exclusión social.


– Los intereses de siempre quieren que volvamos al fracaso


 


¿Qué más? Contextos que adornan pero nada más.


Mientras tanto, el delincuente de ayer es el héroe de hoy, y todos los males que aquejan devienen de herencias o de quienes quieren volver “a la vieja política“  Slogan que coopera a silenciar cuál es la nueva… 


La confrontación es un recurso que se utiliza para construir un enemigo y convocar a una suerte de épica o epopeya. Lo que en rigor crea es un envase colectivo en donde meter a quienes ya estuvieran cuestionados en otras épocas valiéndose a su vez de la frágil memoria de los argentinos.


 


Desde la semiología puede verse que los discursos de este tipo buscan construir credibilidad, es decir, elaborar un verosímil en el que la gente crea. No se trata de plantear una verdad sino un planteo que sea aceptado y compartido por otros tantos. De ese modo, y por poner un ejemplo, cuando Kirchner aduce “Hay pobreza desde hace años en la Argentina” de manera de desligarse de la culpa intrínseca, crea esa estructura imposible de refutar y frente a la cual tanto la izquierda como la derecha deben callar.  El Gobierno se maneja utilizando un principio básico de ciertas corrientes semiológicas, que se apoya sobre la idea de que “el discurso hace” (o des-hace, tal como estamos experimentando)


 


Podrá decirse que el pueblo no reacciona. Pero no se trata de avasallar derechos ni de copar instituciones. El patoterismo nacional -antes o después- deja al descubierto una debilidad extrema ya sea el Gobierno quién lo erija o la ciudadanía. Tampoco se trata de cacerolazos ni convocatorias con fines poco claros. ¿Cuántas veces en la historia se ha llenado la Plaza de Mayo? ¿Con qué consecuencias? Y, ¿a dónde hemos llegado? Aquí: adónde estamos. ¿Entonces?
La insistencia de la caída de Néstor Kirchner -al estilo De La Rua- no es una proclama inocente. Véase que no es Eduardo Duhalde quién enfatiza esa idea ni ninguno de los opositores en el espectro de la política. Pensemos si acaso, la sospecha sobre la desestabilización de Kirchner no emana del mismo seno del Gobierno ante la imposibilidad de maniobrar el presente con una doble finalidad:


1)      Generar en la población inestabilidad


2)      Victimizar al Presidente


 


 


 


 


Ante semejante epopeya y tamaña afrenta, el mismísimo Gobierno demostrará qué sale airoso de una situación que no tiene consenso en la ciudadanía. (Por esa razón también se enfatiza tanto los muertos del 21 de diciembre, sin ir más lejos) 


Cuando los medios de comunicación no colaboran a echar luz sobre el escenario, los efectos de neón suelen encandilar: no permiten definir de dónde se nos está enfocando. Si la estrategia del oficialismo es la oratoria, es dable admitir que el confuso manejo de la misma no sea, en realidad, arbitrario.


 


¿Qué ha dicho el jefe de Estado en los últimos meses? Nada. Sólo se ha limitado a responder voces opositoras. En sus últimas alocuciones, Kirchner no prometió terminar con la delincuencia, no mencionó cómo manejaría el tema de la deuda externa ni se ocupó de explicar qué relación mantendrá en lo sucesivo con el Justicialismo.


Todo cuánto haga será, en consecuencia, imprevisto en la acción pero predecible desde la palabra.


 


Al margen, nótese que sólo habla en actos donde hay un público adiestrado para escucharlo como cuando enfatizaba ser un pingüino que vuela. Es decir, un imposible. Eso es Néstor Kirchner. Cuando lo hace frente a la ciudadanía, utiliza a sus ventrílocuos los Fernández. Mismo, cuando ya no podía seguir manteniéndose tras bambalinas un tema grave como es la expatriación de fondos de Santa Cruz quién salió a comentar rasgos del asunto fue Sergio Acevedo. He aquí un tema que – sin que se llegue a nada concreto como sucede con la mayoría de los temas arduos de la política argentina – mantendrá ocupadas las portadas de los medios mientras el Gobierno gana tiempo.


 


La demagogia para un pueblo exitista es atractiva. No nos confundamos. Movernos en un micro clima hace que muchas veces proyectemos lo que se piensa y se escucha alrededor a escenarios más amplios. No conviene engañarse creyendo que ese eco existe o al menos que su alcance es suficientemente fuerte como para despertar un descontento generalizado.


 


LA VOZ DE LILITA CARRIÓ


¿Qué pasa con Elisa Carrió en este contexto? Tiene un discurso que en primera instancia, atrae. Es una voz opositora por antonomasia. No anda con vueltas ni se apega a eufemismos. Sus frases no admiten interpretaciones erróneas:


–         “De Vido cobra coimas en cada licitación que se hace”


–         “Tengo el camisón preparado para ir a la cárcel. Pero antes que yo van a ir unos cuantos”


–         “Kirchner no resuelve ningún problema, pero nos quiere hacer creer que está gobernando. Lo único que hace es pelearse con quien piensa y opina distinto, pero ahí es cuando muestra la desesperación de no saber qué hacer”


Contundente. Salvaguardando las diferencias y circunstancias que rodean al caso, Carrió tiene un discurso que es en gran medida afín al decir de la gente. El pueblo no utiliza argucias de semiología sino palabras que no destiñan. Lo mismo ocurrió con Juan Carlos Blumberg. Su prédica contra la violencia no tuvo oposición alguna. Sin embargo, el planteo puede tener el consenso de todos pero lo que debiera importar es si acaso al mismo, le sigue un discurso coherente y razonable acerca de cómo


 


 


solucionar lo que se afirmara con tanta vehemencia. Ahí comienza el fracaso por lo general de los políticos.


 


Cuando daba mis primeros pasos en este oficio, fue Bernardo Neustadtquién me enseñó la necesidad de contar con respuestas y no quedarse en las preguntas por más erudición que trasmitan. “Si no tienen la solución son parte del problema” 


Esto sucedió y sucede de alguna manera con Elisa Carrió. Hoy deslumbra con los interrogantes pero se frena y es obstáculo a la hora de ir tras las respuestas…


 


LA VOZ DE LA EXPERIENCIA…


También es la oratoria el arma elegida por Eduardo Duhalde, aunque con mayor experiencia y un oportuno manejo de los silencios. No será al ex mandatario a quién se escuche decir que Kirchner no está capacitado para terminar el mandato, por ejemplo.


Por el contrario, el discurso del bonaerense es aún más agudo y conflictivo pero encuadrado en sutilezas que lo dejan al margen de la “condena”.


Las últimas dos frases de Duhalde tienen quizá más peligrosidad que una premonición sobre la salida de Kirchner de la presidencia, veamos: 


–         “Kirchner es un tractor, un hombre de mucha fuerza, pero que está siendo absorbido por las cuestiones internas”.


–         “Al Presidente no le gusta mucho salir del país, prefiere dedicar el día entero a los problemas domésticos. Las cuestiones internacionales no ocupan un espacio importante en la agenda de Kirchner”


 


En primer lugar, al mencionar las “cuestiones internas” que están absorbiendo al jefe de Estado, se está adjudicando el triunfo en la interna de Kirchner con el justicialismo. A su vez, se muestra al tanto de la agenda presidencial y advierte sin mencionarlo siquiera, al FMI y a los acreedores externos sobre los intereses que movilizan al mandatario argentino. Si quedaban dudas, ya están disipadas a través de una oratoria en absoluto improvisada.


Y es que Duhalde sabe que no puede tirarse enfáticamente sobre el Presidente. Aún hay un alto porcentaje de la sociedad que tiene puestas sus fichas en Néstor Kirchner. Ahora bien, ¿qué puede hacer entonces la parte de la sociedad que no se siente satisfecha con el “estilo K”?


 


Admitiendo que pronosticar su caída hoy equivaldría a darle el triunfo, o bien alimentar una consagración de lo repetido: es decir, Eduardo Duhalde manejando los hilos (quienquiera sea la marioneta),  lo más sensato  es mantener la calma a la espera de nuevos comicios. Esto no equivale a guardar silencio o a acallar las voces críticas (de eso se ocupa ya el mismísimo Gobierno…)


Desde luego que el asistencialismo y el clientelismo político han desvirtuado el sufragio para convertirlo en una trampa. Por ello, en vez de gobernar lo que se hace en Balcarce 50 es buscar el modo de asirse de una buena caja que permita garantizar la permanencia.


De allí que, lo que  puede esperarse en el corto-mediano plazo será:


–         Una puja entre sectores de poder político. Léase: duhaldismo, kirchnerismo, “transversales”, etc. por mantener cajas que les faculten maniobrar la renovación del Parlamento.


–         Y la continuidad de falsas dialécticas. Es decir, nuevos frentes de batalla. Ya sea entre piqueteros duros y blandos, entre la justicia y los insurrectos, entre el


 


Gobierno y sus detractores, entre el periodismo y los voceros del Ejecutivo, etc. Siempre matizado con treguas efímeras que distiendan.


 


En el escenario nacional hoy por hoy, lo que hay es una mera mecánica discursiva.  En caso de que la palabra emitida no resulte efectiva, quedará perdida sin demasiada trascendencia como sucediera con la sentencia que llegó de China: “No voy a reprimir con esta policía de “gatillo fácil” Jamás se dio explicación alguna. Total, ¿quién se acuerda?


Allí, posiblemente haya un espacio interesante para que la oposición comience a afianzarse. No es necesario armar discursos que enfrenten a un presidente que aún está respaldado. Basta con recalcar sin descanso los agujeros que va dejando.


El resto de la temática abarcará cuestiones conocidas: tarifas, FMI y compleja aceptación de lo que se ha hecho (des-hecho), planes e internas…


 


Néstor Kirchner no necesita que lo empujen del escenario, se cae por sí mismo. Basta que el pingüino, de tanto repetir que vuela, un día se convenza a sí mismo y se lance al vacío…


 


También es factible ver la política nacional como un evento futbolístico. Quién gana no es lo que cuenta. Lo que importa en verdad, es verificar las maniobras del arbitro y contemplar si acaso, los mismos jugadores no serán quienes se agoten en el campo de juego antes de que el referí marque los 90 minutos que impone el reglamento.


No debe olvidarse que, sí es la tribuna la que interrumpe el partido quienes terminarán como víctimas no serán sino los equipos. Cuidado con eso…


 


 


 


GABRIELA POUSA


 


(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Estudios en Sociología del Poder (Oxford) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.


 


 

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú