Política

Los servicios de espionaje, en evidencia tras el informe del 11-S

Hasta en diez ocasiones las autoridades pudieron haber desbaratado los atentados del 11-S. La descoordinación entre los servicios de información fue la clave.

PRESENTADO AYER
El informe de la comisión que investigó la trama de los atentados del 11 de
septiembre de 2001 se hizo público finalmente ayer, aunque buena parte de sus
conclusiones ya se habían filtrado antes a la prensa. El documento consta de 600
páginas y está basado en declaraciones de más de 1.000 testigos y una cantidad
similar de documentos clasificados.

El principal argumento defendido por
los comisionados en el texto se basa en que los servicios secretos no
entendieron la gravedad de la amenaza terrorista, por lo cual piden su
reestructuración. El documento critica la falta de coordinación, pero no se
pronuncia específicamente acerca de si hubiera sido posible prevenir los
ataques.

Tampoco culpa explícitamente ni al presidente Bush ni a su
antecesor Bill Clinton por los errores en los servicios de inteligencia en los
años y meses anteriores a los atentados.

La comisión describe la
paciencia y la determinación mostrada por los terroristas, ya que supieron
estudiar las debilidades en los sistemas de seguridad de las líneas aéreas,
fueron minuciosos y llegaron incluso a realizar vuelos de prueba para estudiar
el tiempo que tardan en abrirse las puertas que dan acceso a las cabinas de los
pilotos.

Una nueva política de inteligencia


Las conclusiones sugieren la necesidad de arbitrar un cambio
radical en la política de inteligencia estadounidense, lo que incluiría el
nombramiento de un nuevo jefe del área para hacer un riguroso seguimiento de los
15 organismos que se encargan en la actualidad de realizar labores de espionaje.


Esto ha provocado inmediatas reacciones en la Agencia Central de
Inteligencia (CIA), que ha defendido su liderazgo en la defensa de Estados
Unidos ante la eventualidad de futuros ataques, mientras aumenta la presión
política para que se produzca una reorganización del sistema de Inteligencia.


Altos responsables de la CIA rechazaron las acusaciones que señalan que
ésta no transmitió informaciones a las otras agencias de inteligencia y que no
llevó a cabo una estrategia global contra el terrorismo antes de los atentados
de 2001. “Nuestro error fundamental no es habernos reservado las informaciones,
es no haber reconocido la importancia de la información que poseíamos y no haber
accionado en consecuencia”, han dicho.

La oportunidad del informe, en
medio de una reñida campaña presidencial entre Bush y Kerry, también ha sido
profusamente debatida en los medios norteamericanos.

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