Trump no conseguirá que todos los estados acepten esta decisión. California ha dicho que seguirá con sus planes que concuerdan con los acuerdos de París.
Donald Trump ha roto el consenso internacional para intentar disminuir el efecto invernadero en el planeta. En una comparecencia solemne en los jardines de la Casa Blanca anunció que Estados Unidos se retira del acuerdo del cambio climático firmado en París en 2015 por prácticamente todos los países del mundo, incluidas China y la India.
Es una promesa electoral que tiene mucho más que ver con la ideología que con la ciencia. Al margen de las razones que Trump invocó para irse de la comunidad internacional, la decisión tiene un fuerte carácter político. Los Estados Unidos de Trump quieren aislarse para ser más fuertes, recuperar puestos de trabajo, competitividad y no dejarse influir por el internacionalismo.
Trump quiere hacer una América más fuerte y lo que hace es renunciar a la hegemonía política y cultural que ha ejercido en las últimas generaciones. Propiciar el carbón en el país que ha inventado Internet y cuyas principales empresas giran entorno a Silicon Valley me parece una equivocación.
Es sintomático que el primer ministro chino, Li Kepiang, se encontrara de visita en Berlín y declarara después de reunirse con Merkel que “China cumplirá sus compromisos en el marco del acuerdo de protección climática de París”.
Europa ha reaccionado la misma noche de la declaración de Trump. Francia, Alemania e Italia hicieron un comunicado conjunto. Sorprende que Rajoy estuviera ausente de esta declaración. Falta de reflejos o miedo reverencial a un Trump que no respeta los acuerdos internacionales. Incomprensible. Incluso Theresa May, en la última semana de campaña electoral, ha manifestado su desconcierto por la decisión de Trump.
Trump no conseguirá que todos los estados acepten esta decisión. California ha dicho que seguirá con sus planes que concuerdan con los acuerdos de París. La comunidad científica, la academia, incluso las grandes multinacionales no están de acuerdo con una medida que ha sido propuesta por el ala más ideológica de su administración.
Es la primera vez que un presidente norteamericano se queda solo en un tema de esta envergadura. Con la gravedad, además, de que los acuerdos de París son voluntarios y nadie está obligado a ponerlos en práctica. Es una decisión populista que no mira al futuro sino al pasado. Los hechos siguen demostrando que la temperatura global sube de forma gradual, muchas ciudades costeras corren el peligro de ser inundadas en los próximos años. El cambio climático seguirá su curso. Pero negar que es un problema no es propio de la primera democracia mundial.
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