El análisis de siete factores diferenciados permite matizar los diagnósticos más pesimistas sobre el futuro de la democracia estadounidense.
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Lunes, 02 de noviembre 2026

Andrea Piacquadio / Pexels
El análisis de siete factores diferenciados permite matizar los diagnósticos más pesimistas sobre el futuro de la democracia estadounidense.
Durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2021), y de forma más acusada durante el segundo, iniciado en enero de 2025, la democracia estadounidense experimentó un deterioro significativo. Según Freedom House, Estados Unidos (EEUU) pasó de obtener 86 puntos sobre 100 en 2017 a 81 en 2025. Por su parte, el índice de democracia liberal del Instituto V-Dem registró un descenso significativo, pasando del 0,75 en 2024 al 0,57 en 2025, acompañado de una caída del puesto 20 al 51 en la clasificación internacional. Asimismo, el Economist Intelligence Unit, que considera a EEUU una “democracia defectuosa”, le otorgó 7,65 puntos sobre 10 en 2025, frente a los 8,22 registrados en 2006. A pesar de sus diferencias metodológicas, estos indicadores coinciden en señalar problemas relacionados con la expansión del poder presidencial, el debilitamiento de los controles institucionales y las crecientes presiones sobre el Estado de derecho y las libertades públicas.
Sin embargo, el deterioro democrático no implica necesariamente una deriva autoritaria irreversible. EEUU conserva una amplia variedad de contrapesos institucionales, territoriales, económicos y sociales que limitan la concentración del poder presidencial. La celebración regular de elecciones competitivas, la autonomía de la administración civil y militar, la independencia judicial, el federalismo, el protagonismo político de las grandes ciudades, la diversidad del tejido empresarial y la fortaleza de la sociedad civil constituyen siete motivos para un optimismo moderado sobre el futuro de su democracia.
La principal fuente de resiliencia del sistema estadounidense reside, paradójicamente, en una de las características que con frecuencia dificultan su gobernabilidad: la extraordinaria dispersión del poder. Esta fragmentación puede generar bloqueos y conflictos, pero también dificulta que un presidente consiga subordinar a su voluntad de forma simultánea a los principales centros de decisión política, económica y social. Aunque algunos de estos contrapesos han sufrido un desgaste considerable, su persistencia permite matizar los diagnósticos más pesimistas sobre el futuro de la democracia estadounidense.
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Publicado el 28 Oct 2026 en Real Instituto Elcano
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