Política

Jaque a la “concertación plural” de Cristina Kirchner

La presidente continúa sin atender los llamados de su vicepresidente Julio Cobos. Desde el sector cobista reclaman diálogo y la necesidad de continuar trabajando mancomunadamente. El vicepresidente y su sector, insisten en que no van a renunciar a la vicepresidencia de la Nación.

Crisis política en Argentina
Luego de que el pasado 17 de julio el Vicepresidente de la Nación, Julio Cesar Cleto Cobos, votara y desempatara en contra del proyecto de retenciones móviles que el gobierno de Cristina Kirchner trató de imponer en la sociedad, la mandataria ni ninguno de sus Ministros del Ejecutivo ha entablado una conversación con su vice.

Si bien Cobos –cuestionado y tratado por el oficialismo como “traidor”- desapareció durante unas semanas de la escena pública, ahora tras regresar a sus funciones, está intentando entablar una comunicación con la presidente.

Pedido de audiencias, llamados y manifestaciones públicas a favor de un encuentro, han sido insuficientes para que la Jefa de Estado Argentino diera una respuesta positiva. A la fecha, el vicepresidente y un caudal importante de referentes del espacio construido por el ex presidente Néstor Kirchner denominado “concertación plural”, continúan a la espera de una señal del gobierno kirchnerista.

La fragilidad de la “concertación plural” construida tan solo 7 meses a tras a fin de captar votos de la clase media urbana y mostrar una apertura trasversal para las elecciones presidenciales de octubre pasado, mostró sus debilidades desde el primer día.

Cobos, el hombre fuerte de Mendoza que abandonó su tradicional partido –UCR– para acompañar el proyecto oficial, sólo tuvo una participación secundaria y continuamente opacada por la de los kirchner.

Acostumbrados a que el puesto de vicepresidente sea una participación “de reparto”, el Ejecutivo kirchnerista no ha podido asimilar aún el revés que Cobos impartió el pasado 17 de julio cuando teniendo en cuenta sus convicciones incestó el golpe más duro a la continuación de una gestión que se creía homogénea y todopoderosa.

“Mi voto no es positivo” fue una decisión que desestabilizó una gestión que no supo bajarse a tiempo de la crisis más ilógica que conoció Argentina en los últimos años.

Aún hay tiempo para relanzar un gobierno que si bien es la continuación de otro, bien puede despegarse y rever errores, no sólo por su legitimidad de origen –adquirida 7 meses atrás con el 45% de los votos- sino porque la propia sociedad no ha reclamado –a pesar de masivas manifestaciones- que la presidente Kirchner abandone su gestión. Al contrario, se ha reclamado que sea ella y no él la que gobierne.

La presidente debería reestablecer sus relaciones institucionales con el vicepresidente. No sólo porque éste cuenta con el mismo caudal de votos y por ende, de legitimidad, sino porque su votación en el Senado no hice más que evitar un desastre mayor, lo que lógicamente favoreció al oficialismo, aunque hoy no lo puedan ver.

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