Khadafi acaba de designar al ex Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua y ex Presidente de la 63° Asamblea General de las Naciones Unidas, el marxista y ex sacerdote Miguel D´Escoto como representante de Libia ante las Naciones Unidas
El temprano y abierto apoyo de Hugo Chávez a Muamar Khadafi, el líder libio acusado de atentar -de modo absolutamente aberrante- contra la vida de los ciudadanos civiles inocentes de su propio país, fue seguido por una intensa campaña regional puesta en marcha desde Caracas y La Habana para lograr que en toda América Latina se escucharan voces oficiales de apoyo al dictador libio.
El esfuerzo del caribeño tuvo eco (aunque ya no unánime) y los “bolivarianos” y sus “compañeros de ruta” (como la Argentina) se pronunciaron en contra del accionar militar internacional en Libia generado por el deber de proteger a los civiles inocentes y puesto en marcha desde las Naciones Unidas, sin el cual -a estar a los dichos incendiarios del propio Khadafi- hubiera presumiblemente habido una verdadera masacre de civiles inocentes en la ciudad libia de Benghazi, a cuyas puertas estaban los mercenarios y soldados de Khadafi.
Así son las cosas en nuestra región, para estupor de muchos. Ocurre que los autoritarios se defienden entre sí, lo que no debiera sorprender a nadie. Llegando hasta a calificar -increíblemente- a las medidas militares tomadas en función de lo resuelto por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de conformidad con el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, como meros condenables “bombazos”, que nada resuelven. Hubieran, entonces, preferido la masacre. De no creer.
Pero también en política existe ciertamente aquello de que “Dios los cría y ellos se juntan”. Por esto Nicaragua, manipulada por Chávez, ofreció a Khadafi de inicio (en rigor, tan pronto explotaran las protestas populares en Libia) refugio y asilo en su territorio. Y también por esto acaba de participar, con uno de sus más encumbrados hombres, en una reciente e insólita anomalía diplomática.
Créase o no, Khadafi acaba de designar al ex Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua y ex Presidente de la 63° Asamblea General de las Naciones Unidas, el marxista y ex sacerdote Miguel D’Escoto como representante de Libia ante las Naciones Unidas. Porque seguramente confía más en él que en sus conciudadanos, según parece.
D’Escoto, recordemos, es un sacerdote católico nacido en Los Ángeles y enrolado en la teología de la liberación. Con los hermanos Cardenal, fue suspendido en sus funciones sacerdotales por el propio Juan Pablo II, en los 80. Lleno de visibles resentimientos, las actitudes de D’Escoto nos recuerdan aquello de Lenin cuando anunciara en su momento que algunos sacerdotes católicos “flotarán en el interior de la Iglesia para traicionarla desde adentro”. En 1985 D’Escoto fue premiado con el Premio Lenin de la Paz.
La extraña designación de D’Escoto como representante permanente de Libia ante la ONU se conoció al mismo tiempo que su influyente Canciller, Musa Kusa, se escapaba de su país y, con ayuda británica, se refugiaba en Londres, procedente de Túnez, creyendo así poder evitar lo que obviamente sospecha sucederá: el final de un régimen autoritario, inhumano y despótico del que formara parte.
Antes de escapar, Kusa firmó la designación de D’Escoto. Fue casi su último acto oficial. Enseguida de cocinado este raro pastel, se fugó.
Abdulrahrman Shalgam, el ex Representante Permanente de Libia ante las Naciones Unidas, hoy renunciado, al enterarse de la designación del intolerante D’Escoto, comentó que Khadafi “usa mercenarios como soldados en su país y también como diplomáticos en las Naciones Unidas”. Y parecería ser efectivamente así.
No obstante, lo más probable es que D’Escoto no pueda asumir su nuevo cargo, en representación de otro gobierno autoritario, por un problema bien sencillo: difícilmente obtenga la visa que lo habilite al efecto. Este es un tema menor, pero podría transformarse en un obstáculo mayor.
Para los “bolivarianos” y “sandinistas” -eufemismos ambos que son utilizados ad nauseam para evitar auto-catalogarse de lo que realmente son, esto es: como “marxistas”- aquello de “Dime con quien andas” resulta obvio. Pero no todos lo ven. Por esto es necesario ponerlo en evidencia.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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