En Siria, la familia Al-Assad, de la secta chiita alawi, y con apoyo iraní, gobierna un pueblo mayoritariamente sunita. Antes laicista, acaba de liberar a líderes religiosos fanáticos y ha vuelto a permitir usar de velos en las escuelas. Vuelta al medioevo.
Empieza a perfilarse la sospecha de que las revueltas árabes podrían ser parte de una guerra entre las dos grandes tendencias islámicas, rivales desde el nacimiento de la religión, y cuyas cabezas serían la chita Irán y la sunita Arabia Saudita.
La mayor parte del mundo musulmán es sunita, una secta que se declara heredera directa de la doctrina predicada por Mahoma. Y hay una minoría, que oscila entre el diez y el cuarenta por ciento, según los países, que es chiita.
Los chiitas son seguidores de Alí, primo y yerno del profeta, y heredero por familia de su autoridad religiosa. Los sunitas, rechazaron ese derecho de mejora y eligieron califas a otros seguidores de Mahoma.
La muerte de Husein, hijo de Alí, en la batalla de Karbala entre ambas facciones, en 680, creó las guerras cíclicas y discontinuas que parecen revivirse ahora.
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