El “impuesto no legislado” que la corrupción resulta, genera 2 grandes efectos económicos negativos a una sociedad
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Domingo, 25 de octubre 2026
El “impuesto no legislado” que la corrupción resulta, genera 2 grandes efectos económicos negativos a una sociedad
Muy preocupantemente, nuestra sociedad muestra una generalizada y creciente tolerancia a la corrupción en el sector público, asumiéndola como un ineludible costo más del desenvolvimiento de nuestras vidas, en la necesaria relación con el Estado. Ello, puede resultar
de la comprobada evidencia empírica e histórica que su existencia en nuestro país, atraviesa tanto las distintas cronologías como todas las ideologías.
Incluso, tanto desde algunos ámbitos académicos como desde diversos sectores del mundo de los negocios privados, se tiende a minimizar los efectos nocivos de la corrupción sobre la marcha de la economía real del país. Suponemos que, al menos sin desconocer su gravedad,
en términos éticos y morales, para con la necesaria integración social de Argentina como una Nación organizada.
El argumento más habitual es el de la terrenal existencia de la corrupción en todo el mundo desde tiempos ancestrales, formando parte intrínseca de nuestra propia y falible naturaleza humana. Si bien reconociendo que, se trata de una “transferencia oculta” de fondos públicos
desde, sin eufemismos, personas mayoritariamente “pobres” (que se vuelven más pobres aún) ya sea hacia otras personas pobres, que así inician su sendero a “ricos” o hacia personas ya ricas (que se vuelven mas ricas todavía).
Pero, también aducen que, finalmente, se trata solo de transferencias económicas internas, que no modifican la envergadura global de la economía de un país. Obviando el desincentivo a la producción de bienes y servicios que este mecanismo de progreso produce, pues los
relativamente muy pocos pobres que así evolucionan a ricos, no han atravesado ninguna selección de “merito social”, como los que, paradójicamente, los mercados competitivos proveen para premiar a los mejores, sino que solo han resultado ser los “elegidos” por el
poder.
Los muy pocos pobres que eventualmente progresan en los sistemas económicos dominados por la corrupción, son solo los funcionarios públicos venales y los proveedores del Estado que, al ser favorecidos por el poder, detentaban esa condición económica. Pero, siempre resultaran infinitamente menores a las inmensas mayorías de los ciudadanos contribuyentes que se
empobrecen aun más, proporcionando un resultado global neto negativo.
El “impuesto no legislado” que la corrupción resulta, genera 2 grandes efectos económicos negativos a una sociedad. En primer término, la vuelve necesariamente menos eficiente porque este gravamen general sobre todas las actividades, deriva siempre en una menor
producción con mayores precios que la que resultaría de su menor cuantía o de su ausencia.
En segundo lugar, por el mecanismo expuesto, la redistribución de los ingresos siempre resultara negativa. Repárese que la conclusión de la necesidad de reglas para el control de la corrupción, para crecer mas y mejor, no ha precisado de argumentos éticos y morales (que
los dispone y muchos) sino que resulta de consideraciones también “terrenales”. Quizás encontremos en la siempre minimizada corrupción una de las principales causas de nuestra histórica escasez de desarrollo de largo plazo y pésima distribución del ingreso nacional.
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