La victoria de Jamenei y los supuestos problemas de convivencia que pueda tener con la otra gran figura de la política del país (Ahmadineyad) no evitan que para Occidente el programa nuclear de Teherán se mantenga como su gran preocupación.
De las recientes elecciones legislativas iraníes uno de los datos más significativos fue el número de personas que votó: 31 millones, en un censo electoral de 48 millones. Los seguidores de Jamenei (“fieles de Jamenei”, como les define
El Mundo) se hicieron con el control del 75% de los escaños, mientras que los seguidores de Ahmadineyad solo contaban, en un principio, con 10 escaños.
La política doméstica y los juegos de poder entre Jamenei y Ahmadineyad no han eliminado la tensión que en occidente provoca su programa nuclear. Así, la OIEA señala que no tiene “seguridades creíbles de que el programa nuclear iraní sea pacífico”, afirmación que tuvo lugar pocas horas antes de la reunión entre Obama y Netanyahu. Lo único claro es que Irán ha instalado más de 2400 nuevas centrifugadoras (
ABC).
En el transcurso de dicha reunión, el Presidente norteamericano ha afirmado que en el tema de Irán aún confía en la diplomacia, añadiendo que
“todos sabemos que, desde el punto de vista israelí, es inaceptable tener un país con un arma nuclear que apela a la destrucción de Israel” (
El País).
Obama, para evitar cualquier tipo de duda hacia la política que va a desarrollar, afirmó que
“Estados Unidos siempre guardará las espaldas de Israel”. Netanyahu le respondió en los siguientes términos:
“Israel es un aliado estable, dependiente y fiel de Estados Unidos” (
La Razón).
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