Para cuando ayer se inauguró el encuentro, la seguridad de que se iba a aprobar la resolución auguraba un camino libre de obstáculos para abordar otros asuntos.
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Viernes, 23 de octubre 2026
Para cuando ayer se inauguró el encuentro, la seguridad de que se iba a aprobar la resolución auguraba un camino libre de obstáculos para abordar otros asuntos.
EN GEORGIA (EEUU)
Terrorismo, reformas en Oriente Medio, desarrollo de África y la economía
mundial son los temas que centran el encuentro, máxime después de que se haya
despejado el horizonte tras la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de
la ONU de la resolución sobre Iraq.
El G8 lo componen Alemania, Canadá,
EEUU, Francia, Italia, Japón, el Reino Unido y Rusia, y a la reunión asistirán
como observadores el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, y el
primer ministro irlandés, Bertie Ahern, como presidente de turno de la Unión
Europea.
Precisamente Bush quiere aprovechar el buen ambiente que impera
en las relaciones entre EEUU y Europa tras la conmemoración del Día D y
trasladar ese espíritu a la cumbre de Sea Island. De momento, tanto él como
Chirac se han esforzado por conseguir la máxima sintonía entre ambos países en
los días previos al encuentro.
Bush tratará de aprovechar este ambiente
de entendimiento y buenas relaciones, para conseguir apoyo en el G8 a su plan de
reformas para Medio Oriente, pese a que la iniciativa con contenidos difusos ha
sido recibida con cierta frialdad.
Hoy mismo presentará la “Iniciativa
por un Gran Medio Oriente y África del Norte” ante sus homólogos de Japón, Gran
Bretaña, Francia, Italia, Canadá y Rusia. Este plan de reformas democráticas y
económicas, dirigido a una zona que va desde Mauritania a Pakistán, ha provocado
de momento reservas entre los aliados occidentales de Estados Unidos y
desconfianza en el mundo árabe.
Aunque el presidente estadounidense ha
conseguido traerse a Sea Island a los líderes de varios países musulmanes
(Afganistán, Argelia, Bahrein, Irak, Jordania, Turquía y Yemen), el rechazo de
Egipto y Arabia Saudí es especialmente significativo y deja entrever las
dificultades futuras de la iniciativa.
En Sea Island habrá “una muy
fuerte afirmación de la necesidad de reformas y cambios en Medio Oriente”,
aseguró, sin embargo, el lunes a la prensa Condoleezza Rice, consejera del
presidente para la Seguridad Nacional.
“Nadie cree realmente que el
desarrollo democrático puede ser impuesto desde el exterior”, se defendió, en
respuesta a aquellos que acusan a Washington de querer imponer autoritariamente
su voluntad en esa zona.
Uno de los principales puntos de diferencia
entre los Estados Unidos, por un lado, y Francia y Rusia, por el otro, es la
resolución al problema de la deuda externa de Iraq, evaluada en 120.000 millones
de dólares, de la que ambos países son los principales acreedores.
Tanto
París como Moscú eran los principales acreedores del depuesto régimen de Sadam
Husein, con miles de millones de dólares de deuda, y por lo tanto están
interesados en que el nuevo gobierno asuma el pago de esos compromisos.
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