El hecho, por ejemplo, de que los distintos países del mundo hayan tenido que definir unos niveles máximos de aranceles y de volúmenes de importación, al tiempo que se hayan visto obligados a cumplir con unas normas comunes de comportamiento y de control, por sí solo tiene un enorme significado.
Libre Comercio
Las mayores dificultades para lograr avances y resultados efectivos en las distintas rondas de negociaciones comerciales a nivel mundial se han centrado en el tema agrícola. Si los avances en industria han sido memorables, los de agricultura siempre han sido tildados de rotundos fracasos.
Sin embargo, si se miran en perspectiva los resultados obtenidos se encuentra que, no obstante las dificultades y frustraciones, se han alcanzado logros que es necesario reconocer y que resultan esperanzadores, especialmente para aquellos países en desarrollo que tienen fincadas sus posibilidades de crecimiento en el comercio internacional de bienes agrícolas.
Hasta hace poco parecía imposible pensar que los países desarrollados como Estados Unidos y la Unión Europea, en asocio con Japón, se sentaran a discutir en igualdad de condiciones con los países en desarrollo, la posibilidad de que los primeros se comprometieran con el desmonte de los programas de apoyo a sus agriculturas. Como se sabe, de estos programas se derivan las mayores distorsiones en los mercados de bienes agrícolas. Dichas distorsiones asumen la forma de exportaciones de bienes subsidiados, de producciones locales sustentadas en altos subsidios y de barreras de diverso orden que bloquean la entrada de bienes provenientes de otros países.
Sin embargo, los progresos que se han logrado en distintos campos del comercio mundial han forzado a que las cosas cambien. En particular, la creación de la Organización Mundial del Comercio, OMC, ha constituido un hito histórico de gran importancia para la regularización y el impulso del comercio entre países. El hecho, por ejemplo, de que los distintos países del mundo hayan tenido que definir unos niveles máximos de aranceles y de volúmenes de importación, al tiempo que se hayan visto obligados a cumplir con unas normas comunes de comportamiento y de control, por sí solo tiene un enorme significado. Y ello, a la luz de los antecedentes antes reseñados, adquiere aún mayor significado en el caso del sector agrícola.
Asimismo, que un país tenga que salir a justificar o defender frente al resto de países del mundo la puesta en marcha de políticas comerciales que afectan el comercio mundial y que, además, ello sea así en temas agrícolas, merece un reconocimiento. Igual acontece con la posibilidad que tiene cualquier país de demandar las políticas agrícolas de otros países que afectan el comercio mundial de bienes y servicios, sin importar de qué país se trate.
Un ejemplo del favorable y prometedor cambio de reglas de juego a nivel mundial, y de las consecuencias y las perspectivas que se abren, es el referente a las decisiones recientemente adoptadas en el caso del algodón, en el que los intereses de Estados Unidos se vieron afectados adversamente. Este hecho es significativo porque, según la historia reciente, pareciera que la principal potencia económica del mundo no podría ser afectada por los intereses de los países en desarrollo y que esto era menos factible en aquellos productos que han sido emblemáticos para sus políticas agrícolas.
Evidentemente, se sabe que aún hay un largo trecho por recorrer y que todavía hay mucho por hacer en materia de comercio internacional para conseguir unas agriculturas más abiertas al comercio mundial, pero respecto a este asunto se debe ser mucho más optimista hoy que hace dos o tres décadas atrás.
De otra parte, paralelamente a estas favorables tendencias alrededor del mundo se vienen concretando y poniendo en práctica un sinnúmero de acuerdos bilaterales o multilaterales de comercio, con los que se han ido creando condiciones de mayor apertura al comercio exterior. Esto hace que, en la práctica, dichos acuerdos actúen como aceleradores de los logros arriba señalados.
En consecuencia, y ante la cada vez mayor concreción de hechos que conducen a un comercio mundial de bienes y servicios más libre, al momento de diseñar e implementar sus políticas agrícolas, los distintos países del mundo deben tener muy en cuenta el cambio de reglas de juego que estas tendencias significan, pues ignorarlas o menospreciarlas puede representarles grandes costos políticos, tanto internos como externos.
Fuente: El Colombiano
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