África, Economía y Sociedad
© UNICEF/Mohammed Jamal Las familias que huyeron de El Fasher, en Darfur del Norte, buscan refugio en un campamento para personas desplazadas.

© UNICEF/Mohammed Jamal Las familias que huyeron de El Fasher, en Darfur del Norte, buscan refugio en un campamento para personas desplazadas.

La caída de El Fasher agrava la crisis humanitaria en Sudán

La reciente toma de la ciudad de El Fasher, Darfur del Norte, por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), ha vuelto a situar a Sudán en el centro de la preocupación internacional. Naciones Unidas, así como otras organizaciones humanitarias, han denunciado la comisión de graves violaciones del Derecho Internacional Humanitario, entre ellas ejecuciones sumarias, violencia sexual sistemática, secuestros y ataques indiscriminados contra la población civil. La gravedad de la situación ha llevado a la Misión Internacional Independiente de determinación de los hechos sobre Sudán a afirmar que existen indicios de genocidio en El Fasher debido a estos ataques.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha advertido que la situación en El Fasher es especialmente alarmante debido a la ausencia de corredores humanitarios seguros que permitan la evacuación de la población. Según sus representantes, los ataques afectan especialmente a la comunidad zaghawa, un grupo étnico africano de ascendencia tubu que históricamente ha sido objeto de persecución por parte de milicias árabes en Darfur. Esta dimensión étnica recuerda a la violencia que marcó el genocidio cometido en la región a comienzos del siglo XXI.

Las actuales Fuerzas de Apoyo Rápido tienen precisamente su origen en aquel conflicto. Proceden de las milicias Yanyauid, grupos armados árabes respaldados por el entonces presidente Omar Hasán Ahmad al Bashir para combatir a los movimientos rebeldes de Darfur entre 2003 y 2005. Durante aquella campaña, las milicias llevaron a cabo asesinatos masivos, desplazamientos forzados y violaciones sistemáticas contra comunidades negras, hechos que motivaron la apertura de procedimientos por parte del Tribunal Penal Internacional contra varios de sus dirigentes, incluido Al Bashir.

Al frente de las RSF se encuentra Mohamed Hamdan Dagalo, una de las figuras más influyentes y controvertidas de la política sudanesa. Su ascenso comenzó durante la guerra de Darfur, donde destacó por su capacidad militar y por la brutalidad de sus operaciones. Con el paso de los años consolidó un enorme poder económico gracias al control de importantes minas de oro, lo que le permitió fortalecer una estructura militar prácticamente independiente del Estado.

Tras la caída del régimen de Al Bashir en 2019, Mohamed compartió el poder con el general Abdelfatah Al Burhan, jefe de las Fuerzas Armadas de Sudán. Sin embargo, las tensiones entre ambos líderes desembocaron en un enfrentamiento abierto en abril de 2023. Desde entonces, Sudán vive una guerra civil caracterizada por la fragmentación territorial y el colapso de las instituciones estatales.

Las consecuencias humanitarias del conflicto son devastadoras. Millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, mientras decenas de millones dependen de ayuda humanitaria para sobrevivir. Las cifras de víctimas mortales varían según las fuentes, aunque todas coinciden en que el conflicto constituye actualmente una de las emergencias humanitarias más graves del mundo.

La guerra también refleja la creciente internacionalización de los conflictos africanos. Diversas potencias regionales e internacionales respaldan a uno u otro bando en función de sus intereses estratégicos. El ejército sudanés mantiene el apoyo de países como Egipto y Arabia Saudí y ha reforzado recientemente sus vínculos con Rusia, interesada tanto en los recursos minerales del país como en el acceso al mar Rojo mediante una futura base naval en Puerto Sudán. Por su parte, las Fuerzas de Apoyo Rápido cuentan con el respaldo de Emiratos Árabes Unidos, país señalado por diversas investigaciones como uno de los principales suministradores de armamento a través de redes logísticas establecidas en Chad y Libia, aunque las autoridades emiratíes rechazan estas acusaciones. Asimismo, las relaciones entre las RSF y el mariscal libio Jalifa Hafter han reforzado la capacidad operativa del grupo armado en las zonas fronterizas.

La conquista de El Fasher supone un importante avance estratégico para las RSF, ya que les permite controlar prácticamente toda la región de Darfur y concentrar ahora sus esfuerzos militares hacia Kordofán y el centro del país. Mientras tanto, las Fuerzas Armadas mantienen el control de Puerto Sudán, principal enclave gubernamental sobre el mar Rojo, así como de parte del sureste del territorio y de la capital, Jartum, donde lograron recuperar el control de los últimos bastiones rebeldes durante 2025.

Aunque Mohamed Hamdan Dagalo ha negado que su objetivo sea dividir Sudán, la realidad sobre el terreno muestra un país fragmentado entre dos autoridades enfrentadas y sin perspectivas inmediatas de una solución negociada. La intensificación de la violencia en Darfur y las denuncias de nuevos crímenes contra la población civil evidencian que el conflicto continúa agravándose mientras la comunidad internacional sigue siendo incapaz de detener una guerra que amenaza con prolongarse indefinidamente.

 

Rocío Sánchez Fuentes,

es graduada en Antropología Social y Cultural y estudiante del Máster en Protección Internacional de los Derechos Humanos en la Universidad de Alcalá de Henares.

 


© UNICEF/Mohammed Jamal Las familias que huyeron de El Fasher, en Darfur del Norte, buscan refugio en un campamento para personas desplazadas.

 

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