El Debate de la Nación mostró la ruptura del consenso antiterrorista y el abismo existente entre Gobierno y oposición.
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Lunes, 18 de mayo 2026

El Debate de la Nación mostró la ruptura del consenso antiterrorista y el abismo existente entre Gobierno y oposición.
EDITORIAL
Había expectación en el Congreso de los Diputados para ver el encuentro entre los dos nuevos líderes del PSOE y del PP tras un año de gobierno socialista y en pleno debate sobre las grandes reformas que pretende Zapatero de la Constitución, de los Estatutos de Autonomía y de la situación en el País Vasco, incluido el fin de la violencia de ETA. La expectación resultó ser justificada porque se ha presenciado uno de los debates más calientes de la era democrática española.
El presidente del Ejecutivo español, José Luis Rodríguez Zapatero, tenía que ofrecer un balance de gobierno y un programa de cara al futuro pero sus esfuerzos fueron vanos, ya que no hizo ni una cosa ni la otra. Lo que pretendía ser un resumen anual de su mandato se presentó como un tedioso monólogo donde el presidente no se cansó de exagerar sus logros con mucha retórica efectista y pocas nueces.
El tema que abrió más brecha entre los dos partidos mayoritarios de España fue la política contra ETA y el futuro del Pacto Antiterrorista. Suele ser habitual que el presidente de Gobierno esquive con sonrisas y ambigüedades los temas espinosos aunque esta vez Mariano Rajoy, líder del Partido Popular, fue implacable y se lo hizo saber en más de una oportunidad durante todo el debate.
La falta de convicción y de respuestas de Zapatero aumentó las sospechas de que el Gobierno socialista dinamitó el Pacto Antiterrorista suscrito hace cuatro años –uno de los mayores logros de la era democrática española- al no promover la ilegalización del PCTV –partido pro etarra- y al aceptar tácitamente que se hallaba en conversaciones con ETA, a espaldas de todos los demás partidos. Fue una frase de Zapatero la que más duda al respecto sembró: “La política puede contribuir al fin de la violencia”.
Esta creencia que tiene el PSOE sobre que todo en este mundo es negociable a través de la política fue de donde se sostuvo Rajoy para recriminar implacablemente a Zapatero que no aportase nada sustancioso a la discusión sobre el tema de la soberanía, la territorialidad y la reforma de los Estatutos de Autonomía. Cuando se lo interpela al presidente español sobre el concepto de Nación, Zapatero, dada sus alianzas con los nacionalismos, no se define y por ese flanco débil en la postura presidencial entró Rajoy para llevarse el debate a sus vitrinas.
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